La bebida de los caballeros se democratiza y ofrece una amplia gama de variantes que invita a todos a sumarse a una tendencia premium que se impone en el mundo. 

Un sillón cómodo, un hogar a leña prendido durante el invierno y un vaso de whisky en la mano. Quizás esa sea la imagen que primero aparece en la mente cuando se piensa en cómo tomar esta bebida espirituosa, pero tiene muchos otros costados para explorar y disfrutar: puede ser la base de un cóctel clásico o de un trago de autor, se puede maridar con chocolates, beber con o sin hielo o agua y encontrar los que más agradan al paladar, entre un single malt, un blend, escocés, americano o de orígenes más exóticos. Lo importante es animarse a romper el prejuicio de que es una bebida sofisticada que sólo pueden beber los conocedores: el whisky, como el ron, el gin o el vodka, puede disfrutarse a gusto de quien lo beba.

“Se empieza a consumir cada vez más whisky en la Argentina, y el consumo se hace más premium. La gente exige calidad. Pero, por otro lado, no necesitás ser un entendido para disfrutarlo”, explica Adriano Marcellino, Brand Ambassador de Spirits de DIAGEO, empresa que produce Johnnie Walker, premiado por la publicación Drinks International por ser el whisky escocés más vendido y que marca tendencia.

“La coctelería jugó un rol muy importante en la difusión de esta bebida, con los clásicos ligados al whisky. A partir de esos cócteles, mucha gente prueba el whisky, se interioriza, elige estilos”, cuenta Marcellino. El Manhattan, el Old Fashioned y el Sazerac (de los infaltables entre los cócteles clásicos) tienen al whisky como su bebida base. Con el boom de la coctelería que se dio en la última década, los bartenders como protagonistas, la revalorización de los clásicos y el mayor interés por conocer cómo se prepara lo que se bebe, el whisky atrajo a nuevos interesados que llegaron a él a través de un trago.

“El consumo creció muchísimo. La gente se anima a probar bebidas nuevas, se suman consumidores jóvenes, hombres y mujeres, con más conocimientos o que quieren preguntar, aprender, experimentar cosas nuevas. Por otro lado, al tener variedad para elegir, el que suele tomar un whisky americano te pide probar un irlandés o uno de Japón. Ven una etiqueta nueva en la barra y preguntan para saber más”, cuenta Leonardo Mignolo, uno de los responsables de Wherever Bar, que tiene alrededor de 200 botellas de esta bebida y donde organizan catas, maridajes con chocolate, tours (sentados en la barra) para conocer las bebidas del mundo y tienen una carta con 15 Manhattan a la manera de los bares y hoteles más emblemáticos del planeta.

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En Pichón, una flamante apertura en la Bahía Grande de Nordelta, también el whisky es uno de los protagonistas de la barra. “Quisimos tener variedad de single malts y completar con algunos blends interesantes y otras botellas raras, como uno hecho con granos de café, o etiquetas japonesas, que están marcando tendencia”, explica Pablo Graff, bartender ejecutivo. En la carta de cócteles, que es estacional y cambia a la par de los platos de Alejandro Goñi, se puede probar, por ejemplo, el Honey Julep (Jack Daniels Honey, syrup de canela, menta, Cynar) y también las reversiones que hacen de los tragos de siempre: el Manhattan se prepara con un bourbon Maker’s Mark y un bitter de guindas con paso por roble americano donde se guardó bourbon.

En el bar Portezuelo también tienen una atractiva colección de botellas, con más de 250 etiquetas. “Hay líneas completas de Glenfiddich, Glenmorangie y Macallan, con ediciones difíciles de encontrar todas en el mismo lugar, y botellas de lujo. “Es una barra completa que puede satisfacer todos los gustos y ayudar a descubrirlos”, cuenta Rafael Pinheiro Martins, bartender de Portezuelo.

‘Tomarse un whisky es tomarse tiempo’ es una frase que me gusta para representar el gran momento de disfrute que significa esta bebida.

No es para ser consumida a las apuradas, pero puede ser para un momento divertido entre amigos”, asegura Marcellino. “En la Argentina somos todavía un mercado pequeñito y joven, en el que la gente que consume whisky es apasionada e interesada.

Hay muchísimo por crecer respecto a la bebida y vemos que hay muchos que quieren aprender y explorar sabores nuevos”, concluye.

“TOMARSE UN WHISKY ES TOMARSE TIEMPO.”