Historias del mundo gay en un barrio de Puerto Rico y el comienzo de una relación secreta entre dos amigos del secundario. Relatos que recuerdan que el deseo nunca pasa de moda.

Felipe y Leonardo son compañeros de escuela, juegan juntos al fútbol, salen con chicas, pero un día se animan a confesarse que están enamorados el uno del otro.

Un beso de Dick, del colombiano Fernando Molano Vargas, es una novela de iniciación sentimental en la que aparece el ambiente del colegio secundario y el temor a la homofobia y a la discriminación, pero sobre todo es una historia romántica: la de dos chicos felices de estar por primera vez de novios. La novela está contada en primera persona por Felipe (que también se habla a sí mismo en un monólogo interior muy logrado) y entabla con el lector una complicidad instantánea. Porque, de agarrarse a trompadas en el recreo a instancias de sus compañeros, ahora ambos pasaron a buscarse pero para besarse a escondidas; y de festejar los goles tirados uno sobre el otro pasan a… bueno, ¡festejar los goles tirados uno sobre el otro!, pero con esa alegría recién estrenada de saberse juntos (aunque nadie desde afuera note la diferencia). Narrada en un español repleto de modismos que para el oído argentino resultan muy graciosos y vuelven aún más atractiva la lectura (por ejemplo, todos los personajes se tratan de “usted”, incluso siendo adolescentes), Un beso de Dick sorprende por su frescura, pero también por su sentido del humor tierno, sencillo y a la vez sumamente honesto. Molano Vargas la publicó en 1992 y falleció seis años después, cuando tenía sólo 36 años, lo cual también colaboró para que se convirtiera en una novela de culto, aunque hasta el momento no había sido publicada en la Argentina. Una historia de amor ideal para llevar al cine en plan comedia romántica de “chico-conoce-chico” (un género para nada desarrollado en la pantalla grande) que provoca una empatía inmediata: la de ser testigos de un primer amor correspondido.

ORGULLO Y PREJUICIO

El mundo gay de uno de los barrios más populares de San Juan, en Puerto Rico, es el hilo conductor de los cuentos reunidos en Mundo cruel, de Luis Negrón, ganador en 2014 del Premio Literario Lambda. Son relatos que dan cuenta de las dificultades de salir del clóset en una sociedad machista como la puertorriqueña, y también del día a día de una comunidad que intenta vivir sin temor y vencer los prejuicios.

Allí aparecen los lugares comunes de la socialización de género y los problemas que enfrentan los chicos que desde temprano se rebelan a los mandatos arbitrarios de qué es “lo que corresponde” a varones y mujeres. En el cuento que abre el libro, un chico descubre en la biblioteca de su barrio un modo de escapar de un hogar pobre y violento, hasta que decide llevarse un libro a su casa (nada menos que Mujercitas), su padre lo ve, y se desencadena lo peor. También en el relato “El elegido”, un adolescente cuenta que su papá lo forzaba a pelearse con sus hermanos para “convertirlo en macho” mientras él se refugió en la Iglesia y se convirtió en niño predicador, para (revelaciones al margen) terminar siendo el amante de buena parte de los varones de la congregación. Y otro cuento para destacar es “Junito”, el monólogo de un hombre que le confiesa a su amigo gay que está pensando en irse a los Estados Unidos porque intuye que su hijo también es gay y no quiere que crezca en un entorno homofóbico. Un personaje sumamente querible, que ama a su hijo y que contrasta con el modelo de masculinidad berreta de la mayoría de los padres de estas historias. Con la cadencia del español de Puerto Rico, Negrón captura a la perfección el tono coloquial de las conversaciones informales, de los chismes, de las noticias sabidas a medias y dichas a las apuradas. En Mundo cruel se mezclan distintas voces atravesadas por el deseo, que saben de primera mano aquello de transformar en emblema el estigma y que, con mucho humor, se burlan de las castidades de la corrección política.