El argentino que construyó media centena de torres en el sur de la Florida, Fort Myers y Las Vegas se convirtió en el único latino que integra el ranking de los estadounidenses más ricos, así como también en el mecenas del museo de arte de Miami que hoy lleva su apellido.

 jorge-perezmEsta tarde, Jorge Pérez volvió a su Buenos Aires natal para participar de una convención de real estate que reúne a los desarrolladores más destacados. Hijo de padres cubanos, nació en la Argentina, se mudó a Colombia y desembarcó para siempre en Miami. La potencia desarrolladora de su empresa de real estate, The Related Group, le dio el apodo de “el rey de los condominios”, con una fortuna estimada en 1.550 millones de dólares, lo que lo convierte en el único latino en el ranking de los estadounidenses más ricos. Pérez construyó más de 50 torres de condominios en el sur de la Florida, Fort Myers y Las Vegas y en los últimos meses donó más de 40 millones de dólares al museo de arte de Miami que lleva su apellido.

–Llegó a Miami en 1976. ¿Qué potencial vio en la ciudad en aquel entonces?

–Arribé allí para trabajar como planificador urbano. Era una ciudad de suburbios; la gente viajaba grandes distancias para trabajar en el downtown, y apenas terminaba regresaba a las afueras. Cuando planeé mi primer proyecto grande, un edificio High Rise, creían que estaba loco. Tuve que ir a Nueva York para encontrar a una persona que creyera en un desarrollo de 300 unidades, que funcionó increíblemente bien.

–Cuando comenzó, ¿creyó que iba a funcionar esa transformación para Miami?

–Sólo en los sueños más optimistas. Llegamos a convencer a mucha gente de que el futuro de Miami no estaba en los suburbios sino en el centro, sobre todo a los jóvenes que habían viajado y querían otra forma de vida, un lugar que tuviera servicios, restaurantes, museos.

Su fortuna se estima en 1.550 millones de dólares, lo que lo convierte en el único multimillonario latino que integra el ranking de los estadounidenses más ricos.

–Hoy ya no tiene que convencer a nadie para que se instale allí.

–No, hoy el problema es encontrar sitio para construir, porque Miami no es 360º y desafortunadamente el precio de la tierra nos está convirtiendo en una ciudad para gente muy rica. Pero en comparación con Nueva York, donde un condominio vale de 2.000 a 3.000 dólares el pie cuadrado, en Miami vale 600. Entonces, aunque sea la sexta ciudad más popular para la gente de poder económico, somos la número 20 en precios. Todavía es relativamente una ganga, pero eso se va a terminar porque no habrá más sitio: lo que ofrecemos hoy no podremos hacerlo nunca más.

–Hoy trabajan en un nuevo emprendimiento en asociación con el Grupo Armani que contará con la arquitectura de César Pelli. ¿Los nuevos proyectos apuntan a la especialización, a ser diferentes?

–Tenemos una compañía integrada, hacemos centros comerciales, oficinas y residencias. El proyecto Residences by Armani es el más lujoso: será una torre-escultura de cristal con unos interiores increíbles, lo empezamos a comercializar hace seis meses y tenemos más del 60 por ciento vendido. Es muy exclusivo, para quienes buscan una second home y pueden gastar cinco millones de dólares en una casa de verano. En el mundo hay muchos de ellos, afortunadamente.

–Pasó de ser coleccionista privado de arte a realizar una donación importante para el museo que lleva su nombre. ¿Por qué decidió compartir su acervo?

–En lo personal, ahora que tengo bastante me siento mucho mejor dando que recibiendo. Por otro lado, no existe una gran ciudad en el mundo sin un gran museo.

Cuando se acabó el dinero me pidieron que, además de arte, aportara dinero a cambio de llamarlo Pérez Art Museum Miami. Yo siempre creí que mi colección debía estar para que el público pudiera verla. Por último, los latinos que viven en los Estados Unidos tienen una reputación de no devolverle a la comunidad, y es una cosa que debería terminarse. Para ser parte de esa sociedad estadounidense en donde somos ciudadanos, quienes hemos tenido la suerte de ganar tanto dinero como la he tenido yo, debemos también devolver para convertirnos en parte integral.