Vuelve al cine en su rol de actor, mientras sigue al frente de las ficciones más importantes del país y dirige canal 13. El hombre que cambió la manera de hacer televisión habla de su amor por Griselda Siciliani, de lo embobado que está con su hija Margarita y de los cambios en la manera de producir contenidos.

“Este país no da para divismos”, sentencia Adrián Suar al otro lado de su imponente escritorio en las oficinas de Pol-ka. Son las dos de la tarde y su almuerzo –una ensalada de frutas y un agua sin gas– transcurre durante esta entrevista que sucede en medio de miles y miles de reuniones en las que el productor más importante de la televisión argentina se dedica a tomar decisiones. Qué actor protagonizará la tira de 2017, qué proyecto es el más in dicado para su guionista estrella Carolina Aguirre, cuánto costará montar una escenografía de época, qué formatos de su productora son exportables, qué ingredientes agregarle a la tira que está al aire para que siga liderando su franja y, como si esto fuera poco, todo lo relacionado con la programación de Canal 13.

En este contexto, cualquiera se imaginaría a un hombre estresado, apurado, malhumorado. Sería lo esperable en un monstruo de la tele que es famoso de toda la vida, que produjo todos los éxitos imaginables, que cambió para siempre la manera de hacer ficción. Pero su manera de comportarse al momento de hacer las fotos para esta entrevista desmiente cualquier tipo de divismo, al punto de sorprender a todos los presentes en el estudio con su humildad extrema. Entonces le pregunto: “Adrián, ¿cómo es que sos tan amoroso?”. Y me dice, riendo, un poco sonrojado: “Trabajé muchos años para controlar el ego, pero reconozco que lo que traigo de mi casa y de mi propia naturaleza me hizo ser siempre una persona que mantiene los pies sobre la tierra (aunque la frase suene un poco conchuda). Es algo que trabajé, porque siempre supe que debía estar con la mirada puesta en lo que quería hacer y no en lo que te lleva a hacer el medio, el ambiente, el éxito, la fama. Todos estos términos dichos con unas comillas enormes”.

–¿Nunca te la creíste?

–Nunca me la creí, siempre me resultó mejor negocio ir abajo del radar, no es una pose, es algo que me nace. Yo soy así, me río, suelo ser emprendedor y alegre.

 –Volviendo al tema del divismo, no deja de sorprenderme que vos, siendo un número uno, te muestres tan accesible y buena onda con todo el equipo, cuando hay actrices que recién empiezan y vienen con más exigencias que Madonna.

–Pasa que este país no da para tener escenas de divismo. Pueden aparecer algunas que recién empiezan con escenas de diva, pero siempre termina resultando patético porque los que están laburando a su alrededor piensan “mirá, qué vergüenza ajena me da esta mina, por favor”. O “mirá este tonto que se hace la estrella y es un tontín”. Como te digo, este país no da para ser un divo. Salvo Darín (se ríe). Es un mercado chico. Hermoso, divino, de grandes actores, pero tranquilo. Yo cruzo la General Paz y no me conoce nadie, entonces digo: vayan tranquilos.

–¿Por qué seguís actuando?

–La parte de actor es un segmento del trabajo creativo, así como también la de productor. Esa parte lúdica del actor me divierte, me hace bien, y por eso en los últimos diez años me lo tomé mucho más en serio que cuando era más pendejo. En un momento estaba más enfocado a la producción, hasta que me di cuenta de que había un problema a resolver o mejorar, un potencial que yo creo que tengo, y me empeñé en superarme en la actuación año tras año. El motivo de la vuelta a la actuación de Adrián Suar es la película Me casé con un boludo (se estrena el 17 de marzo), donde vuelve a hacer dupla con la genial Valeria Bertuccelli en una comedia que garantiza momentos emotivos entrelazados con situaciones románticas y grandes efectos de comicidad probados en Un novio para mi mujer. Ahora, Bertuccelli interpreta a una actriz novata que se enamora de su pareja en la ficción (Suar), una gran estrella con todos los vicios que esto implica, pero con el correr del tiempo se da cuenta de que el actor, fuera de la ficción, es un “boludo” que sólo dice o hace cosas interesantes cuando está bajo la tutela de sus guionistas.

–¿Con qué características del papel de boludo que interpretás en la película te sentís identificado?

–Bueno, no es una película autorreferencial (se ríe), pero en algún punto uno se da cuenta de que si repasa su vida en muchas situaciones se comportó como un boludo. Supongo que me habrá pasado de comportarme como un boludo con algunas parejas, pero a todos nos pasa.

–¿Nunca te lo dijeron? ¿Griselda no te lo dijo?

–Sí, claro, incluso para hacerme un favor si me estoy comportando como un boludo.

–El ego de un actor famoso, como le pasa al personaje, te puede transformar algunas veces en un tipo muy boludo. ¿Reflexionaste sobre esto a partir de la película?

–No tanto, esto está más llevado a la comedia con un trazo grueso. La película habla del “boludo” como alguien más desconectado, que se mira a sí mismo, que no tiene tanto registro del otro. El personaje termina dándose cuenta de esto y empieza a actuar conductas de su vida para no perder a su pareja. Entonces, el disparador es: ¿cuánto actuamos frente a nuestras parejas para complacerlas?

–¿Cuánto actuás vos frente a Griselda?

–Bueno, se pueden actuar cosas chiquitas para que todo sea más suave, lo que no significa que seas un hipócrita. La verdad absoluta en la pareja es interesante, y estoy a favor, pero a veces toda la verdad, decirse todo, es difícil si se quiere sostener una pareja a lo largo del tiempo. Entonces, a veces tu pareja puede decir algo y vos pensás: “Dios santo, que se calle un segundo”, pero obviamente no se lo vas a decir. Bueno, esa es una manera de actuar para proteger el vínculo, y yo estoy de acuerdo con eso. Caretearla todo el tiempo, ser un cínico y un hipócrita, ya es otra cosa muy distinta.

¿Qué trajo Margarita (N. de la R.: la hija de tres años que tiene con la actriz Griselda Siciliani) a tu vida?

–Un profundo estado de babeo constante. Estaba desesperado por tener una nena, es una sensación completamente diferente. Soy afortunado porque cuando tuve mi primer hijo quería que fuera varón, y vino Toto. Después pasaron muchos años, me separé, no sabía si iba a poder tener otro hijo, pero en el fondo estaba desesperado por tener una nena.

–Y llegó.

–Primero vino Griselda, y con ella el amor de Margarita. Hay algo de la hija mujer para el padre que no se puede explicar. Margarita nos ilumina todos los días, estamos enloquecidos con ella. Griselda estuvo todo el primer año pegada a ella, literal, los 365 días del año.

–¿Es cierto que sigue durmiendo con ustedes?

–Sí, eso es por la madre (risas). Vamos a ver si este año empieza a dormir sola.

–¿Cómo altera esto el funcionamiento de la pareja?

–Bueno, hay que rebuscársela, es un trabajo, como todo. Pero el hecho de estar los tres juntos es de tanta unión que me vuelve loco.

–¿Es cierto que desde el principio sabías que ibas a tener un hijo con Griselda?

–Sí. Con Gri, cuando no teníamos tanta confianza, ya sabíamos que íbamos a tener un hijo. Lo sugerimos, no lo llegamos a hablar, pero después nos confesamos que los dos lo pensamos desde el principio. Pasaron seis años hasta que tuvimos a Margarita, pero desde el principio lo teníamos claro, la conocí y dije: “Con esta piba puedo tener un hijo”. Fue como una intuición.

 –¿Qué te enamora de tu mujer?

–De Gri me enamoró todo. Es una persona extremadamente inteligente, y que sea una artista tan grande también me enamora mucho; ella hace todo bien, incluso las cosas nuevas que se propone. A mí me calienta que ella brille, me gusta, no me opaca en absoluto. Fundamentalmente porque la amo y quiero que le vaya bien, no hay nada racional más allá de eso.

–Las historias de amor mueven tus guiones. ¿Cómo se traslada esto a tu vida?

–Uno, en la vida, más de cuatro historias de amor grandes no tiene.

–¿Vos cuántas tuviste?
–Y, habré tenido tres.

–Me da mucha intriga saber quién es la tercera.

–Bueno, fue de chico. Yo arranqué a noviar a los catorce.

–Volvamos al trabajo. ¿Cómo hacés para tener tres programas al aire, varios proyectos en carpeta, estar en todos los detalles y no morir de estrés?

–Siendo organizado. Yo estoy muy en la cocina y me dedico a eso, a la historia, a lo artesanal, al diálogo con los autores, con el equipo, todo.

–¿Sos medio workaholic?

–No, lo que pasa es que esto es como mi hobby y mi oficio, es algo que me gusta siempre, entonces siempre quiero jugar otro partido. El día que deje de ser mi amor y sea sólo mi oficio, será diferente. Cuando encontrás la vocación se te ordena la vida, y yo, afortunadamente, la encontré a una edad muy temprana.

–¿Haber empezado tan chico nunca te llevó a situaciones de excesos? –¿Con drogas? –Por ejemplo.

–No. Yo tuve mucha suerte porque nunca me drogué ni tuve amigos que lo hicieran. Tuve suerte porque la droga te puede llegar fácil, pero yo nunca estuve en ámbitos de amigos que curtieran esa onda. No porque lo busqué, simplemente se dio así.

–¿Cómo te plantás frente al nuevo panorama mediático y tecnológico? ¿Te da miedo que todo se transforme tan rápido?

–No, me encanta, me divierte todo lo nuevo, ¿cómo me va a dar miedo? Yo creo que lo que viene es diez veces mejor, porque lo que necesita el mundo ahora es contenido, más allá de las plataformas. Va a haber varios Netflix, el día de mañana uno va a poder armar su propia cadena tal como lo hizo Netflix. El contenido es lo que más se necesita, porque crecen las plataformas, los teléfonos, las pantallas, ¿y sabés cómo se llena eso? Con contenido.

–Entonces, no te cuestan los cambios.

–No, para nada. Todo vira a la multiplataforma y a lo temático, es sólo cuestión de acompañar ese proceso. La pregunta es cómo financiar todo eso en el mientras tanto, pero cada uno irá encontrando la manera.

–Pasemos a tus hábitos de consumo. ¿Es cierto que te gusta ir al supermercado?

–Me tirás en el supermercado y me vuelvo loco, se me sale la cadena. Los fines de semana voy solo o con Gri.

–¿No me digas que vas con Griselda al súper un fin de semana y la gente no se les tira encima?

–No, voy al de Nordelta y no pasa nada más que un “hola”, y yo sigo eligiendo mis cosas.

–¿Cuáles son tus placeres sibaritas?

–Un buen vino, Chardonnay o Malbec.

–¿Qué te gusta comprar?

–Zapatillas, borcegos, camperas de cuero, remeras. Me gusta comprar ropa.

–¿Alguna excentricidad? Autos de lujo, por ejemplo…

–No, eso me da igual, no es un tema que me apasione. Ahora me está copando el tema de la decoración, y creo que mejoré el gusto.

 –¿Cómo que mejoraste el gusto?

–Y sí, el buen gusto es algo que se va aprendiendo.

–O no.

–O no (risas), pero si te ocupás y le ponés onda es algo que podés ir aprendiendo. Antes yo era un desastre en ese tema, y ahora aprendí muchísimo. Y eso es algo que me saca de lo mío, me distrae, me hace bien.


Producción: Florencia Otero y Gimena Bugallo Raponi
Agradecimientos Key Biscayne, Terán, relojes Omega y TAG Heuer, Iconos y Marina Allende