En una experiencia única, el español Horacio Llorens contempló desde cerca el fenómeno que ofrece el cielo de Noruega.

Trømso (Noruega).- “Hace miles de años la gente miraba hacia arriba, veía las luces de la Aurora Boreal y pensaban que eran mágicas. Parecen unas nubes que están delante de ti, a 500 o 1000 metros, aunque en realidad se encuentran a 15.000 metros por encima de tu cabeza”, cuenta Horacio Llorens, campeón mundial de paracaidismo acrobático en 2013 y en paracaidismo aeróbico en 2011, y compañero del argentino Hernán Pitocco en vuelos sincronizados.

Sí, realmente es mágico. Ver la Aurora Boreal es una experiencia única para cualquiera que tenga la suerte de experimentarlo. Llorens, además, puede decir que ha tenido una vivencia todavía más extraña: verla haciendo parapente.

Si creen que todo el proyecto ha sido como una misión especial, tienen toda la razón. Volar por la noche con bajas temperaturas ya es todo un reto, pero hacerlo con la Aurora Boreal es todavía más complicado.

Con permiso del gobierno noruego y empleando su paramotor Thor200 con un chasis Kangook y un motor Polini de moto se fue a perseguir el cielo. “Quería asegurarme de que tenía un paramotor con mucha fuerza. El propulsor de 200cc me permitía subir cada vez que quería”, explica Llorens.

¿Y el traje de neoprene? La mayor parte del vuelo se hizo sobre agua, y si algo hubiese fallado habría terminado en el líquido elemento. El traje de neoprene le habría mantenido vivo durante unos 20 minutos, mientras esperaba a que lo rescatasen. Sin él, habrían sido sólo dos o tres minutos.

Los guantes calefaccionados mantuvieron los dedos calientes para poder utilizar con precisión el mando que gobierna el acelerador. El toque final de todo este equipo fueron unas luces alimentadas por batería que lo iluminaban en medio de la noche.

¿El resultado? Una de las mayores experiencias de Llorens, que siempre ha llevado una vida llena de aventura. Una nueva cámara, ultrasensible, ha permitido captar el vuelo en tiempo real, sin ningún retardo.

A pesar de que el vuelo de Horacio parece tranquilo y sereno, la realidad fue bien distinta. El viento de cara de más de 60 km/h., junto con la climatología fría y las turbulencias no facilitó nada esta aventura. Los vuelos se realizaron desde última hora de la tarde hasta las cuatro de la mañana.

¿Qué ha sido lo peor? La espera. Predecir cuándo la Aurora Boreal haría su aparición no es una ciencia exacta “Es tímida. Le he pedido muchas veces que bailara, pero tardó su tiempo en aparecer. Ahora bien, ¡cuando salió era toda una belleza!”, asegura Horacio.