Después de una exitosa participación como contrafigura de Mariano Martínez en Esperanza mía, se puso al frente del comentado Hola y adiós, donde revela historias de vida en el aeropuerto. En esta producción, uno de los solteros más codiciados de la pantalla chica se pone el traje de galán para ilustrar una entrevista acerca de su gran presente.

 El elenco de personajes que interpretó a lo largo de su carrera transitó algunas de las ficciones más exitosas de la televisión argentina: Costumbres argentinas, Amas de casa desesperadas, Sos mi vida, Los vecinos en guerra, Aliados y unas cuantas más. Sin embargo, y a pesar de ser el hijo del actor Jean Pierre Noher, cultivó un perfil bajísimo y su nombre recién empezó a sonar el año pasado, gracias al protagónico en uno de los tanques del emporio mediático brasileño TV Globo, Sete vidas (antes había pasado por O Rebu y por la hiperexitosa Avenida Brasil). Enamorado del estilo de vida carioca, Michel se instaló en Barra da Tijuca, y, mientras tanto, en los diarios y en algunas revistas de la Argentina empezaron a aparecer las notas de color que presentaban “al hijo actor de Jean Pierre Noher que triunfa como galán en Brasil”. Muy poco tiempo después llegó la oportunidad acá: encarnó el papel de villano en la tira que ocupó durante todo el año pasado el horario central y constituyó el gran éxito de ficción de 2015. Muy entusiasmado, echó mano a todos sus recursos para ponerse la sotana y disputarle el amor de Lali Espósito al personaje de Mariano Martínez. Entonces sí, la fama.

–¿Cómo terminaste este 2015 tan intenso en lo laboral?

–Cansado pero contento, muy contento. La verdad es que fueron muchas cosas. Hacer primero la novela en Brasil, Sete vidas, y después una miniserie, también para HBO, El negocio, y al mismo tiempo empezar a laburar en Esperanza mía, que fue un trabajo superintenso. Los últimos tres o cuatro meses del año fueron de no parar.

–Tenés mucha experiencia trabajando afuera, ¿qué diferencias encontrás con respecto a las producciones locales?

–Generalizar es raro porque en cada país se labura de manera distinta. La experiencia que traigo más próxima ahora, la de Brasil, tiene que ver con el tamaño de la producción y de la inversión porque se relaciona justamente con el volumen de público, en Brasil son 250 millones de habitantes mientras que acá somos 40. Eso se ve reflejado en todo. Es una industria que no para de producir.

Está produciendo tres o cuatro novelas todo el tiempo.

–¿Cómo surgieron esos proyectos en el exterior?

–Hay cosas que se han ido dando de distintas maneras; por ejemplo la película que hice para los Estados Unidos, And Soon the Darkness, fue una causalidad total porque la iban a filmar en la Argentina y por las características del guión necesitaban a un actor de acá, entonces abrieron un casting y bueno, lo hice.

–No estabas buscando irte a trabajar a otro país.

–No, no, para nada. La única búsqueda que hubo, así más concreta y de deseo propio, fue la de trabajar en Brasil por que me gusta mucho, particularmente la ciudad de Río de Janeiro. La primera vez que fui me quedé enamorado, fue un amor a primera vista, y cuando volví a Buenos Aires me puse a estudiar portugués con el deseo de poder trabajar allá.

–Y se dio.

–Como actor a veces es difícil proyectar una línea de trabajo o de carrera, decir “bueno, quiero ir para este lado… quiero ir para este otro lado…”, la verdad es que es poca la gente que puede pensarlo de ese modo. Hay una cosa de deseo, de hacer, y en el camino van pasando cosas que te van llevando a distintos lugares. Pero sí, es cierto que a mí en particular se me dio de laburar mucho para afuera, hice películas para Ecuador, para los Estados Unidos, para Italia… hice una peli para España también, que nunca se estrenó. Con Brasil fueron muchos años de búsqueda y de inversión, en el sentido de ir para allá, dejar material, conocer a la gente, insistir, mandar e-mails y todo eso, y se dieron tres trabajos que estuvieron alucinantes.

“La tele tiene una cosa de mucha exposición pero muy inmediata, porque después uno termina de hacer el trabajo, pasan tres meses y volvés a andar tranquilo por la calle.”

 

–¿Cómo es tu participación en la serie de producción brasileña El negocio?

–El negocio lo terminamos ahora y en marzo o en abril del año que viene se estrena la tercera temporada. Mi personaje va a tener un romance con una de las chicas.

–La serie tiene que ver con la prostitución, ¿qué mirada tenés al respecto?

–La verdad es que no tengo mucha mirada de la prostitución porque es un tema en el que nunca me metí. De hecho, nunca intimé con una prostituta, por lo menos a sabiendas.

–Bueno eso ya es una mirada. Mencionaste lo difícil que es proyectar ciertas cuestiones, vos sos hijo de un actor, conocés este mundo, ¿cuánta angustia genera la inestabilidad? 

–Genera angustia, pero también excitación. En algún punto uno elige esta profesión por eso, porque no se imagina poniéndose todos los días la misma ropa para ir a la oficina. Hay algo ahí que uno está eligiendo, que tiene que ver con esta aventura. Y las aventuras tienen sus momentos, hay momentos en los que nos toca subir montañas más altas y más peligrosas, y hay otros momentos en los que andamos por baches llenos de agua y pajaritos. Obviamente, siempre en los momentos en los que estás colgado de esa pared, de esa montaña más complicada, también estás diciendo “uy, por qué elegí esto”.

–¿Existieron esos momentos?

–Obvio, sí. Hay momentos en los que estás trabajando y decís “uy, en la que me metí, ¿por qué estoy haciendo esto?”. Pero es un desafío constante y ese es el estímulo. Y también gran parte del deseo de ser actor. Yo hago un chiste, es un poco un chiste y un poco en serio: de chico quería ser médico, bombero, veterinario, locutor, conductor, no sé, tantas cosas… y fue en la actuación donde encontré la posibilidad de ser todas. Tiene que ver con eso, con exponerte a muchas vidas, no sólo a través del arte, en el momento en el que estás actuando y obviamente estás tratando de crear otra persona, sino también en los diferentes cambios que eso va generando en tu vida y los buenos momentos que vas pasando. Y como decís vos, hay un momento en el que estás muy a full y con mucha exposición, pero la tele tiene eso, mucha exposición pero muy inmediata porque después uno termina de hacer el trabajo, pasan tres meses y volvés a andar tranquilo por la calle. Quizás te saluda alguien, pero nadie te va a incomodar.

 

–¿Y qué te pasó el año pasado con ese boom mediático y todo lo que generó la tira? ¿La pasaste bien?

–Cuando entré en la tira ya le estaba yendo muy bien, era un superéxito y para mí fue un honor ser invitado a participar de ese barco que ya estaba andando muy bien, sólo fue subirme ahí. Por suerte hicieron una parada y me dejaron subir, así que estuvo lindo.

–¿Contás tu estado civil actual?

–Sí, soltero.

–¿No te están acosando muchísimo?

–No, no. No me sentí acosado. Lo único gracioso es que como mi personaje era malo, por las redes sociales me puteaban y uno entiende que es parte del chiste, obviamente.

–¿Qué pasa con los personajes cuando se termina un proyecto?

–Siempre te quedás con algo. Siempre hay algo que vas aprendiendo a través del personaje. Tengo la creencia de que cada personaje llega por algo, quizás hay algo ahí que tenés que trabajar o aprender en ese camino. Ya sea por imitación o por contradicción, uno puede haber aprendido cosas que no quiere también.

–¿Se los extraña?

–No me pasa de extrañar a un personaje. Me pasa de extrañar un contexto, un equipo de trabajo, un texto que por ahí a uno le gusta mucho decir y actuar.

–¿Qué cosas te dan placer fuera del trabajo?

–Los amigos, mi casa, disfrutar de la familia, encontrarme a comer, tomar un buen vino, hacer caminatas, subir a la montaña. Siempre que puedo me voy a Bariloche, a Laguna Negra o algún otro refugio allá, lo disfruto mucho.

 


Producción: Ash Mateu

Asistente de producción: Sofía Busacca

Locación: Hotel Mio Buenos Aires, Quintana 465, Recoleta

Agradecimientos: Mancini, A.Y. Not Dead, Levi’s, Herencia Argentina y Terán