El singular estilo de este icono de la moda de 94 años fue registrado en un documental que se convirtió en el fenómeno mas comentado entre los fashionistas de todo el mundo. 

Cuando la famosa tienda Loehmann’s era un negocio familiar, la mismísima Sra. Loehmann se sentaba en una silla altísima, como si fuera un árbitro de tenis, y vigilaba cada sector del negocio. Desde esa especie de panóptico fashionista veía pasar señoras acaudaladas, amas de casa aspiracionales, vendedoras atribuladas y vidrieristas hacendosas. Cierto día llamó a una de sus empleadas y le dijo: “Te estuve observando. No sos linda y nunca lo serás, pero tenés algo mucho más importante, tenés estilo”. La chica sonrió orgullosa con sus dientes separados, mucho antes de que Jane Birkin lograra convertir una risa asimétrica en bella. La joven en cuestión era Iris Apfel, quien sesenta años más tarde se convertiría, gracias a Rara Avis, su exitosa muestra del MET, en octogenaria insignia de la moda. Una extraña “starlet geriátrica”, como le gusta definirse.

La película Iris, dirigida por el prócer de los documentales Albert Maysles, retrata el fenómeno de esta mujer que jamás temió nadar contra la corriente. Dueña de la más increíble colección de accesorios, recolectados en sus viajes alrededor del mundo, amante consagrada a raras prendas de autor, portadora de inconfundibles gafotas robadas a Mr. Magoo y maestra en el arte tanto de la réplica como del humor corrosivo, Iris tira su propio arsenal de frases con la contundencia de un bombardeo nuclear.

Más afilada que un Tramontina, esta adorable señora de 94 años afirma que no tiene reglas porque le daría mucho trabajo romperlas todo el tiempo. Incita a jóvenes diseñadores para que aprendan el oficio y activen la creatividad en vez de sólo vivir para la mediatización eventera y le dice a quien quiera escucharla que el Bronx, un lugar donde el arte de combinar colores es innato, tiene mucho más estilo que Manhattan, “un sitio en el que todos van vestidos de negro. Y el negro por sí mismo no es elegante, sino un uniforme”. Por estos pagos donde el color negro es palabra santa, la afirmación de Iris pondría los pelos de punta a más de una editora. La dulce anciana ama molestar y sabe cómo lograrlo.

Iris es dueña de la mas increíble colección de accesorios, amante consagrada a raras prendas de autor, portadora de inconfundibles gafotas y maestra en el arte del humor corrosivo.

Pero Iris no es sólo un filme liviano y delicioso sino también un conmovedor relato sobre el amor y el paso del tiempo. La relación entre Iris y su marido, Carl, no conoce límites: hicieron lo que quisieron. Juntos y hasta el final. Se enamoraron a primera vista, él vio que ella resplandecía como ninguna. Ella pensó que él era cool y además cocinaba comida china, así que nunca iba a conseguir algo mejor. Juntos fundaron su tienda de decoración, Old World Weavers, realizaron interminables viajes, redecoraron la Casa Blanca para nueve presidentes y construyeron un departamento en Park Avenue donde conviven cientos de juguetes con exquisitas antigüedades, una Rana René gigante y cierto trencito navideño que funciona todo el año.

Como dice el fotógrafo Bruce Weber: “Un lugar perfecto para dos niños como ellos”. Además del humor y la complicidad, aparecen en su historia el miedo a la pérdida. Carl, a quien su mujer llama “gatito”, festeja su centenario presintiendo que el tiempo se le escurre. Murió en 2015, a los 101 años.

Sin tomar partido, la película acompaña todos los momentos de una vida y deja entrever la mirada que nuestra sociedad tiene hacia esos viejos que en muchas ocasiones son tratados cual niños bobos o mascotas.

Como en su documental Muhammad vs. Larry, donde testimonia la intimidad del combate entre Ali y Holmes, el director Albert Maysles muestra sin subrayados el precio de ser distinto y la agudeza necesaria para no tirar la toalla. Gran espectador, tanto en el caso de Muhammad Ali como en el de Iris Apfel, se deja llevar por el torrente de sus palabras.

“Vuelo como una mariposa, pico como una abeja.” La frase de Ali se aplica a Iris, esa mujer tan leve y punzante que jamás se atreve a juzgar un atuendo porque “es más importante ser feliz que vestir bien”. La tiene clara, ser una efímera it girl es fácil, pero convertirse en auténtica it veteran es todo un arte.