La exitosa y sensual actriz australiana de 46 años, reconocida por su valentía para innovar y asumir nuevos desafíos, va por la conquista de su tercer Oscar. La nominaron por su protagónico en el aclamado filme Carol. En esta entrevista habla de la fama, de la crianza de los hijos y de sus deseos de dirigir una película.

A los 46 años, Cate Blanchett –madre de cuatro hijos y casada desde hace 18 años con el guionista y dramaturgo Andrew Upton– es seguramente la actriz del momento. Ha cosechado dos premios Oscar y va por el tercero, ya que acaba de ser nominada por su interpretación en la película Carol. En la historia, que transcurre en la Nueva York de los años 50, encarna a una señora bien, casada y aburrida, que inicia una relación lésbica con una joven empleada (Rooney Mara).

Durante la entrevista, Blanchett no se muestra como una persona muy emotiva. Sin embargo, al responder ciertas preguntas estruja nerviosamente sus manos. La actriz no tuvo una infancia fácil. El encuentro de sus padres fue de película. Ella era una maestra australiana, y él, un suboficial texano de la Marina de los Estados Unidos que un día atracó en Melbourne, se casó con ella y se convirtió en un ejecutivo de publicidad. Pero murió cuando Cate tenía diez años, y su madre debió trabajar en el mercado inmobiliario para poder mantener a sus hijos.

Blanchett tiene una relación de amor-odio con la fama y asegura no entender el interés sobre su persona. “¿Quién va a leer un artículo de diez páginas sobre mí?” Hay algo que la distingue: es una actriz sin miedos. “Cuando un director te pide hacer algo que no hiciste antes, asumís un riesgo. A mí no me importa hacer un papel de tres líneas o de 30 páginas, simplemente lo hago. Hay guiones terribles que dan buenas películas y grandes guiones que no funcionan.”

En 2007 se atrevió a encarnar a un joven Bob Dylan en I`m Not There, del director Todd Haynes, con quien ha repetido en Carol. Cate nunco supo qué le había parecido su actuación a Dylan: “Nunca me encontré con él”. También participó en la trilogía de El Señor de los Anillos, como la elfa Galadriel, e interpretó a Katharine Hepburn en El aviador, papel con el que obtuvo un Oscar a la Mejor Actriz de Reparto, en 2004. En 2013 ganó otro Oscar por su actuación en Blue Jasmine. Carol se estrenó tras más de una década de intentos por adaptar la novela de 1952 de Patricia Highsmith, la misma autora de El talento de Mr. Ripley y Extraños en un tren. El libro, publicado originalmente bajo un seudónimo, es un clásico de la literatura gay.

–¿Fue difícil tomar la decisión de interpretar a Carol?

–Esta película es universal. Al principio del proyecto estaba preocupada de que sólo pudiese atraer a un público femenino, pero Todd Haynes supo crear una historia que simplemente está basada en el amor.

–¿Se preparó de alguna manera para la escena romántica con Rooney Mara?

–Fue algo esencial para la historia y espero que la secuencia sea un alivio para la audiencia. Cuando ese momento ocurre ya conocés a los personajes y querés lo mejor para ellos. Rooney tiene un lado místico, una sensualidad brillante. Fue muy emocionante poder ser parte de este proyecto junto a ella.

–¿Había leído el libro en que se basa el guión?

–Sí, la película se inspira en el libro The Price of Salt, de Patricia Highsmith. Es un poco como Romeo y Julieta, una historia de amor con una cualidad universal que hace que deje de ser una película para una comunidad específica. Se trata del sentimiento de estar enamorada por primera vez. Y sí, no es irrelevante que haya dos mujeres en el medio de todo esto.

–La química entre usted y Mara es impactante. ¿Qué hizo para conseguirlo?

–La química no se puede crear, la tenés o no la tenés. Creo que ambas somos bastante prácticas y pragmáticas respecto al trabajo. No nos escandalizamos por nada. Nos decíamos entre nosotras: “No te preocupes, no sientas vergüenza”.

–¿Por qué Carol tardó tanto en llegar al cine?

–Es absurdo convertir estas historias en piezas de museo. Hay que tomarse la vida con mucha más naturalidad. Personalmente, creo que Todd es capaz de tener un pie en esa época y, al mismo tiempo, estar tan adelantado que lo que sentimos es contemporáneo.

–Antes de ser actriz quería ser pintora, ¿la sigue fascinando la pintura?

–Ahora me gusta coleccionar obras de arte. Disfruto mucho con las artes visuales, la pintura, la arquitectura. Un día me gustaría dirigir una película. Creo que si no fuera actriz, me hubiera dedicado a pintar o a escribir.

–¿Se considera un ícono del cine?

–En estos tiempos seculares que estamos viviendo, cualquiera que tenga una existencia en la pantalla puede provocar intimidad con el público. Pero no me siento un ícono del cine ni pienso en ello. A mí lo que más me gusta de mi trabajo es ese sentimiento intenso y fascinante que me ayuda a crear un personaje.

–¿Es una de las actrices menos vanidosas de Hollywood?

–No, no. Todo el mundo es vanidoso de alguna manera. Yo también tengo mis días, pero creo que es importante vivir con los pies sobre la tierra. Creo que hay gente que puede utilizar la belleza en beneficio propio. Si podés representar a un personaje glamoroso y además añadir el físico, el resultado es maravilloso.

–¿Caería en la tentación de hacerse una cirugía plástica?

–No, jamás me sometería a una operación de cirugía porque las arrugas de la cara y del cuerpo evocan tu experiencia en la vida. Yo no tengo tiempo ni de hacer ejercicio. El otro día le decía a una amiga que no hice ejercicio en tres años. Como actriz necesito estar flexible, pero entre ir a pilates y estar con mis hijos, prefiero estar con mis hijos.

–Está en el mejor momento de su carrera. ¿Un Oscar es como una medalla olímpica?

–No lo sé. Como actriz y como deportista no podés agradar a todo el mundo, pero tampoco debemos intentar agradar a todos sino a nosotros mismos. La gran diferencia entre el arte y el deporte es que en el deporte siempre hay un claro ganador, y en el cine, al ser un arte subjetivo, es difícil cuantificar el éxito. Reconozco que es maravilloso que alaben tu trabajo, pero lo más importante es que no se te suban los cumplidos a la cabeza. Hay tantos momentos de crítica en la vida de un actor que es importante sacar el mayor partido posible a esos instantes en que deciden celebrarte, sería estúpido no hacerlo.

–¿Cuáles son las lecciones que la maternidad le ha enseñado?

–He aprendido a estar en silencio (se ríe). Cuando tenés hijos pequeños aprendés a tranquilizarte, a escuchar, a entender que sos la roca que ellos necesitan como refugio. Mi marido siempre me dice: “No necesitás hablar si no es necesario”. Con la sensación de miedo que existe en el mundo, es imposible mantener la calma. Pero como madre hay que tener el valor de decirles a tus hijos que se arriesguen, de manera de estar segura de que no van a vivir toda su vida con miedo.