La actriz argentina que conquistó la meca del cine y está radicada en Los Ángeles desde hace 16 años pasó por Buenos Aires invitada por Damien Rice para cumplir su verdadero sueño: presentar su primer disco en Bebop Club. Vocación, vida y amores de una mujer que es dueña de sí misma.

  

En sus primeros recuerdos, la pequeña Mía cantaba frente al espejo y creaba sus propias melodías. Ser hija de una profesora de matemática y un agente de Bolsa no le impidió tener una infancia muy relacionada a lo artístico; sus padres sabían disfrutar del cine y el teatro y así marcaron el camino que ella siguió por años y que la catapultó a la fama, con filmes como Tango, Diarios de motocicleta y la saga Crepúsculo. Incluso protagonizó en televisión The Strain, de Guillermo del Toro, e hizo una participación en Scandal, una de las series del momento.

  

A sus 40 años, esa fantasía de la niña con el micrófono imaginario se convirtió en realidad y lanzó su disco solista, Si agua, que ya presentó en los Estados Unidos y que la trajo de promoción a su Buenos Aires natal, donde fue telonera del irlandés Damien Rice en La Trastienda. “Es la primera vez que canto acá de una manera profesional. Había hecho un show muy chiquito alguna vez, pero esto es diferente”, confiesa.

  

 

–Si bien te conocimos como actriz, hace muchos años que comentás tu interés por la música, como si fuera previo a la actuación.

 –Lo que pasa es que empecé a componer las canciones hace varios años y yo toco mucho en vivo en Los Ángeles y en Nueva York. Entonces, allá el tema musical está más presente pero acá no tanto. Tengo mi discográfica basada en Canadá y en Ciudad de México también. Pero acá fue más sorpresivo. Mi vocación siempre fue la música. La actuación vino de sorpresa y después continué con eso y fui dejando la música y el canto de lado. Luego de varios años extrañaba mucho cantar, sentía que había una parte de mí que no la había desarrollado, y me dieron muchas ganas de componer, y así fue.

  

–¿No sentís que esto te expone a otro nivel? Hollywood puede mostrar tu vida privada, pero con la música estás exponiendo tu alma. ¿No te da más miedo eso?

 –No, la verdad es que no. Me da mucha alegría, me genera mucha paz cantar, me siento muy cómoda cantando y escribiendo. No lo veo de esa manera. Sí hay un nivel de exposición mucho más grande, pero lo veo como algo que te impulsa, no como algo negativo. Busco esa exposición y es interesante mostrar otra parte de uno, una parte más interna, más personal, más conectada. Contar las historias de uno. 

 

–¿Esto de darle el espacio a la cantante, después de tanto tiempo de desearlo, llega en este momento por algo en especial?

 –Sí, por ahí llega un momento de tener un proyecto propio y de trabajar conmigo misma y con la necesidad de expresar con una canción. Cuando uno escribe un tema o un guión, un libro, un poema, hay una necesidad de expresar algo. Creo que nace de eso; de expresar a través de la palabra, de una manera nueva, y de conectar con la audiencia a través de la música, que es algo muy personal para mí. El canto me conecta inmediatamente, no hay pasos en el medio, es algo inmediato y conectás con la gente a la que le estás cantando. 

 

 –¿Tenés casa propia en Buenos Aires o te quedás con tus padres cuando venís?

 –No, no tengo casa acá. Depende del viaje si me quedo con ellos o no. Ahora me estoy quedando con mis viejos porque estoy trabajando mucho, entonces está bueno verlos a la mañana y a la noche. Voy cambiando.

  

–¿No te genera una sensación extraña no tener casa en tu ciudad?

 –La verdad es que no. Creo que cuando uno es más chico es cuando tiene esa ilusión de tener casas en todos lados. Y cuando uno empieza a cumplir esas ilusiones se da cuenta de la responsabilidad que es tener diferentes hogares en diferentes partes. Tampoco me gusta tener lugares y tenerlos vacíos, entonces creo que voy a tener mi casa en Buenos Aires cuando tome la decisión de estar más tiempo acá, que yo creo que va a ser dentro de poco. Estoy barajando proyectos como para pasar cuatro o cinco meses. Extraño mucho y tengo ganas de estar con mi familia. Hace muchos años que vivo afuera, y si bien los veo mucho a mis padres, a mi hermana y a mis sobrinos, extraño el día a día, lo cotidiano. 

  

–¿Pudiste ver teatro o televisión local?

 –Fui a ver la obra de [Mariano] Pensotti al Cultural San Martín (N. de la R.: Cuando vuelva a casa voy a ser otro), pero por ahora mucho más no he podido por el trabajo. Tele no he visto nada. No veo tele. No tengo tele.

  

–¿Por qué?

 –No tengo tiempo de ver tele. Prefiero leer un libro o el diario para enterarme de las noticias. Si quiero ver alguna serie no necesito tener tele, sobre todo en los Estados Unidos. No veo televisión en general y cuando vengo tampoco veo televisión argentina. Me cuesta la idiosincrasia (piensa). Hay muchos programas de debate que son larguísimos, que duran horas y no entiendo el formato. No entiendo eso de hablar de la vida personal de alguien por horas ni lo del programa sobre el programa cuando hay tantas otras cosas interesantes.

  

–¿Pero en Los Ángeles no te pasa que se hable de tu vida privada o que te persiga un fotógrafo?

 –De vez en cuando sí, pero no mucho. También uno puede decidir a qué lugares va. Yo salgo mucho cuando estoy allá pero también es verdad que son unas diez personas las que tienen un nivel de exposición que genera ese acoso. Yo no tengo una carrera que dé para eso, tengo una vida muy tranquila.

  

–¿Entonces sólo en nuestro país se te vinculó con Gael García Bernal?

 –(Risas) Es divertido cuando te vinculan con amigos de toda la vida. “Fueron al cine”, titulan. Y sí, somos amigos desde hace 15 años! (risas). Vamos al cine, vamos a cenar, sobre todo si estamos en la misma ciudad. Es una ridiculez. Pero bueno, es periodismo barato.

 

–¿Sabés convivir con eso o te molesta?

–No leo revistas ni nada, así que generalmente no me entero mucho de lo que se está diciendo. Pongo la energía en otras cosas.

 

–El hombre argentino estará interesado en tu estado civil, imagino. ¿Le damos esperanzas, entonces?

–(Risas) Sí, estoy soltera y feliz. Amo estar soltera, viajo mucho, hago muchas cosas sola. En el trabajo estoy rodeada de mucha, mucha gente, entonces disfruto de los momentos de mucha soledad. Me encanta viajar, por ejemplo. Está bueno respetar ese momento con uno mismo. Hará un año que estoy sola, es un lindo tiempo. 

 

–¿Cómo manejás la presión de Hollywood sobre la estética? ¿O no es tal tampoco?

–No. De hecho me parece mucho más exigente acá en la Argentina. La gente está mucho más pendiente. Yo vivo en California y allá tienen una cultura diferente, la gente es muy descontracturada, sobre todo en Los Ángeles. Yo nunca he sentido la presión de productores ni de nadie. Igual, el hecho de que yo no haya sentido esa presión no significa que no exista. Sé de gente que la ha sentido, pero por suerte yo no. En las revistas argentinas, el culto al cuerpo y a la exhibición es mucho más grande que en las revistas de los Estados Unidos. Cada vez que vengo tengo una especie de shock con las fotografías que se publican. Me sorprenden un montón.

 

–Viniste al país en plena época de elecciones.

–Sí, pude votar el 25 de octubre pero no para el balotaje. Habiendo nacido en el 75 y habiendo vivido las primeras elecciones de los 80 en mi niñez, para mí siempre es muy emocionante ver a la Argentina votar. Uno no se olvida de esa circunstancia en donde eso no era lo común. Entonces, ver a la gente eligiendo a sus candidatos en una votación que fue muy legal, como tenía que ser, es muy lindo. Es ver una democracia sana. 

 


 

 

Producción: Ash Mateu

Maquilló: Victoria Stafforini para Estudio Novillo

Peinó: Yamila Zarlenga para Shoot Management

Asistente de Producción: Sofía Busacca

Agradecimientos: Carolina Müller, Evangelina Bomparola, Allô Martínez, Roma Renom, Mila Kartei, Tatschke, Isabel Englebert, Pereza Sanz, Kallalith y Mishka.