La Kabalah es una manera para llegar a la iluminación. No es una escuela espiritual sino un modo de enfrentar la existencia. Con la idea correcta, la vida cambia y mejora de inmediato. 

 

 La Kabalah no es una religión, una filosofía ni un camino espiritual pautado. 

 

La Kabalah es el nivel más alto de entendimiento del Antiguo Testamento, la Torah. Muchos piensan que la Biblia es un libro de historias que intentan transmitir un sentido de moral y de amor al prójimo. Detrás de las historias de la Biblia existe un código que permite el acceso a una realidad oculta al ojo humano. Es el código de acceso a los intelectos creadores. Ese lugar de donde te llega la idea de crear un Google, el iPhone o la Quinta sinfonía de Beethoven.

 

Kabalah quiere decir “recibir”. ¿Recibir qué? Intelectos divinos que agreguen valor a la humanidad y a tu vida. 

 

Ideas que te permitan cambiar tu vida en un instante. Crecer espiritualmente no es reprimir las reacciones del cuerpo, se trata de cambiar la percepción de la realidad. Cuando esta cambia, la emoción acompaña a esa percepción y el cuerpo reacciona de otra manera automáticamente, sin represión. Con la idea correcta, tu vida cambia inmediatamente. Toda emoción reprimida sale a la luz tarde o temprano, en forma de una reacción sobredimensionada o a través de una enfermedad. Reprimir nuestras reacciones sistemáticamente es una máquina de enfermar al cuerpo. 

 

Sólo se debe trabajar el intelecto, la percepción, y todo lo demás cambia solo. 

 

“Como maestro de Kabalah, soy una decepción visual para al menos la mitad de mis alumnos –señala, provocador, Javier Wolcoff, maestro de Kabalah Aplicada–. Antes de conocerme, si es que sólo han escuchado mis audios, imaginan que tengo una barba larguí- sima y que me visto de negro, como un rabino ortodoxo, o con túnica. Soy una persona normal, no uso vestimentas raras ni nada de lo que se asocia con ‘los maestros espirituales’. Hay gente que para sentirse espiritual necesita verse diferente a los demás, o volverse vegetariano, o comer kosher. Necesitan que se note la diferencia para reasegurar su convicción, tal vez incluso peleen con un familiar o amigo que no come lo mismo que ellos o no entienda lo que ellos hacen. La espiritualidad no es un fin, y quien sólo desea sentirse espiritual olvida que el verdadero fin es iluminarse.

Yo no necesito que alguien certifique mi crecimiento espiritual: el gran error de las religiones es pregonar la unidad de la gente a través de la igualdad o uniformidad; la verdadera unidad es la aceptación del otro tal como es. La iluminación se percibe en la capacidad del otro de recibir las ideas justas en el momento justo, y eso todos lo quieren. A nadie tenés que convencer de que es bueno saber decidir.” 

 

–¿Qué diferencia a la Kabalah de otras escuelas esotéricas? 

–La mayoría de ellas busca el crecimiento espiritual, la Kabalah, en cambio, busca la iluminación. El crecimiento espiritual es el recipiente que contiene esa iluminación. La Kabalah que enseñamos en Kabalah Aplicada es la de Rav Ashlag, primera persona en la historia en traducir el Zohar a otro idioma (está escrito en arameo), es decir, la primera persona en hacer accesible el conocimiento escrito de esta cuarta y más elevada interpretación de la Torah. Ahora bien, estos niveles de iluminación no son teóricamente transferibles a los alumnos, su incorporación es experiencial. El trabajo es de cada quien y nadie puede decirte o juzgarte si lo estás haciendo bien o mal. Sólo por los frutos sabrás si estás plantando las semillas correctas.

 

–¿Hablamos de creencias? 

–Creer es la clave de dominación sobre la que se han asentado las religiones. Creer es muy cómodo. “Creer en Dios es idolatría”, dice la Kabalah. Uno tiene que conocer a Dios, no creer en Él. Creer en Dios es una excusa para no saber, actuar, probar, ponerlo en práctica. Por eso nuestra propuesta consiste en una Kabbalah Aplicada. La vida es como un juego y si querés ganar hay que jugarlo, no observarlo.  

 

–¿Qué es un kabalista?

–Alguien que lo quiere todo y sabe que tiene que estar dispuesto a hacerlo todo. Pero su fortaleza está en el manejo de las imágenes que permite que aniden en su mente. El kabalista sabe que todo lo que no haga con su mente terminará teniendo que hacerlo con las manos. Si la idea es clara y grandiosa, siempre habrá alguien que preste sus manos, y si no lo hay, no importa, porque él está dispuesto a hacerlo todo. La vida es un gran juego mental y es muy fácil de jugar si no tenés miedo a perder, y si no tenés miedo seguro vas a ganar.