Quien haya viajado a los Estados Unidos sabe de su capacidad para simular la noche en pleno día.

  

A cualquier hora que entres a un bar, de la puerta para adentro el clima será de medianoche: oscuridad y luces bajas, neones, ruido de botellas y ese típico ambiente vaporoso que difumina lo que pasa. Hasta ahí, lo conocido. 

 

De un tiempo a esta parte, en todas las grandes capitales estadounidenses se esparce un movimiento de características similares, pero espíritu radicalmente opuesto: son fiestas en boliches a las 6 am, pero nada que ver con un after. Son el ritual de los daybreakers, una comunidad que se propone arrancar el día bien arriba, como si fuera el último, pero en la clave saludable de la época: nada de reviente sino clases de yoga, ronda de masajes, jugos detox con avena (excelente alimento para la mañana) y un buen rato de quemar calorías bailando, lo que equivale al entrenamiento matutino en el gimnasio.

 

 

“Acá, en vez de sentirme exhausta como cuando salgo de noche, termino energizada y despierta”, declama en las páginas del Washington Post una asistente de 26 años. 

 

De fondo puede sonar una versión remixada de aquel gran éxito de INXS, “Suicide Blonde”, en salones decorados con mucha lisergia, en ocasiones con piezas dignas del Burning Man: enormes moluscos fosforescentes colgando del techo, mappings sobre las paredes y bolas de espejos. 

 

 

CREADORES

Con base en Nueva York, las fiestas Daybreaker se fueron replicando con similares características en cada punto del mapa estadounidense, pero “su vibra específica normalmente la determina el matiz de la ciudad”, explica Radha Agrawal, de 36 años, cofundadora del movimiento, entrepreneur creadora de una empresa de buena nutrición para niños y catalogada por MTV como una de las ocho mujeres que podría cambiar el mundo y una de las veinte personas de la Generación Y que andan en algo importante (“una misión”), según la revista Forbes.

 

 

El segundo en cuestión en esta historia es su amigo Matthew Brimer, de 28 años. Un buen día, él y Radha comían falafels por las calles de Williamsburg, en Brooklyn, mientras charlaban de lo aburrida que suele ser la mañana, de las odiosas rutinas de la gente, y a la vez de la oscuridad de la noche neoyorkina, de su individualismo y demás puntos en contra de la nocturnidad en general. “Quisimos dar vuelta por completo ese concepto, crear un lugar donde se pueda disfrutar de bailar sin alcohol, drogas y demás”. La ecuación final en cualquier parte es siempre gente ultrapositiva y buena onda. Para muchos de ellos, una fiesta Daybreaker es mucho mejor que un café.

 

En Nueva York, los habitués suelen ser trabajadores que, acto seguido, se duchan y se meten en sus oficinas. En Los Ángeles, la movida atrae a bailarines profesionales y yoguis. En San Francisco a la gente le gusta ir disfrazada. En Washington DC, donde a pesar de su fama de ciudad seria e intelectual, la capacidad del primer evento se agotó en menos de dos días, la convocatoria reúne a los más salidores. “Al cabo de unas horas, la sobriedad sin pestañeos del miércoles por la mañana comenzó a sentirse como la bruma de un viernes por la noche”, escribió la cronista Lavanya Ramanathan sobre la primera edición en el DC.

 

FIN DE FIESTA

La voz triunfante del DJ arengando la danza por los altavoces, las últimas luces proyectadas y las chicas bailando el hula-hula con aros resplandecientes vienen a indicar que dieron las 9 am y es hora de encarar hacia el trabajo. Cuando la fiesta llega a su clímax, todos están listos para enfrentar la vorágine del día.

 

La propuesta Daybreaker ya llegó a Europa (Londres, Estocolmo, Berlín, Ámsterdam, Copenhague y París tienen sus propias versiones), Asia (Mumbai, Tel Aviv, Hong Kong y Tokio), Cape Town en Sudáfrica y San Pablo en Sudamérica. El precio de la entrada suele oscilar entre los 20 y los 40 dólares, dependiendo si incluye o no clase de yoga u otras actividades especiales. Para sumarse hay que aplicar como productor en la web dybrkr.com, donde hay que perjurar ser una persona increíble y con experiencia en organización de eventos, hacer una lista de DJ favoritos y presentar una abultada agenda de contactos.