Singular por donde se la mire, acaba de desembarcar en el mundo del cine con tres películas que darán que hablar. Se declara enemiga de las etiquetas y confiesa, polémica: “Estoy convencida de que todos nos podemos enamorar de todos, sin importar el género”.

 

Su propia historia tiene mucho de obstinación y deseo. Poco después de parir a su primogénito, su madre Marcela recibió la noticia de que no iba a poder tener más hijos. Pero ella estaba más que decidida a no ceder: durante más de diez años encaró todo tipo de consultas, pruebas y tratamientos con el fin de evadir ese designio.

 

Y lo logró. María Belén Chavanne nació el 27 de julio de 1989, doce años después que su hermano mayor Martín. “Más que la mimada de la casa, siempre fui la sobreprotegida”, cuenta Belén y agrega, como si nada, que la consecuencia fue casi lógica: sus irrefrenables ansias de independencia.

 

“A los 8 ya fantaseaba con vivir sola”. La oportunidad le llegó a los 17, cuando debutó como chica MTV en el ciclo Los 10 más pedidos. Su vida escolar tampoco fue de las más tradicionales. En total, pasó por nueve colegios, en los que fue, según quien la mirase, la cheta, la rara, la rebelde, la rockera… “La linda o popular, nunca”, recuerda con su enorme sonrisa, recién llegada de México tras un período de descanso que se transformó también en trabajo. “Fue un viaje de mucho descubrimiento laboral. Y también personal”, define.

 

 

 –¿Incluyó experiencias chamánicas?

 –No todavía. Tengo ganas de hacer un temazcal con peyote pero quiero hacerlo bien, no con la cabeza en cualquier lado. Quizás me anime cuando vuelva a México, a modo de despedida, ya que 2016 me encontrará sí o sí instalada acá. Hay varios proyectos en danza y además se estrenarán algunas de las películas que filmé en este último tiempo (N. de la R.: Mala vida, de Fernando Díaz y Mad Crampi, Ciudadano ilustre, de Mariano Cohn y Gastón Duprat, y Resentimental, de Leo Damario).

  

–¿Hoy te sentís más actriz que otra cosa?

 –Oscar Wilde decía “to define is to limit”, y pienso lo mismo: una vez que te definís por algo, dejás afuera todo lo demás. Por eso rehúyo de las etiquetas. Odio cuando en las notas ponen “actriz, DJ, artista plástica”… Me encanta pintar, pero eso no me convierte en artista plástica. Lo mismo con el skate, o con las bandejas de DJ. Hago todo lo que puedo disfrutar. 

 

 –Recién dijiste que prácticamente no te quedaron amigos o amigas de la secundaria. ¿No lo viviste nunca como una falencia eso?

 –No, para nada. En general a esta edad terminás viéndote muy de vez en cuando con tus amigos del secundario. En aquel entonces tampoco vivía como una frustración no tener grandes amistades. A los 15, además, me puse de novia con un chico de 29, con lo cual mi mundo se amplió mucho.

  

 

–¿Tu familia no se opuso a ese novio?

 –Sí, me prohibieron verlo. Mi hermano, que es lo más pacífico del mundo, lo quería matar. Imaginate, ¡era hasta más grande que él! A mi mamá no le hablé por dos semanas completas y terminó accediendo a que lo vea. Entendió que era un pibe bueno, no un roto. Y el tiempo nos dio la razón, la relación duró cinco años, su familia casi me adopta.

  

–¿Estás de novia ahora?

 –Sí, con un chico que se llama Pablo. Hace siete meses que salimos. 

  

–¿No sos entonces “la nueva novia de Gael García Bernal”, como repiten las miles de páginas web que aparecen cuando ponés tu nombre en Google?

 –No, Gael no es mi novio. Estuve a punto de compartir un proyecto con él pero finalmente no se realizó.

  

–Apa, creí que ibas a decir que estuviste a punto de ser su novia…

 –No, la única vez que hablé del tema me inventaron un textual, un “lo dejo librado a tu imaginación”, que yo jamás dije. 

 

–Volviendo a tu trabajo, trascendió que tu papel en Resentimental es el de una chica lesbiana, ¿es así?

 –En realidad toda la película habla sobre el amor pero, de nuevo, sin rótulos. Solemos hacernos los reabiertos y avanzados a nivel sexualidad pero todavía tenemos instala dos ciertos chips mentales como el de que si una chica está con otra chica es lesbiana. Yo estoy convencida de que todos nos podemos enamorar de todos, sin importar el género.

 

–¿Alguna vez estuviste con una chica?

–Sí, una vez. Igual no fue amor, fue una experiencia puntual, y sólo fue un beso. Beso real, no piquito. Fue en Los Ángeles y había bastante alcohol de por medio pero recuerdo perfectamente que la vi y me encantó. Flasheé con ella. ¿Viste la película La vida de Adèle? Bueno, algo así. En general creemos que tenemos todas las respuestas a la hora de hablar del amor y los vínculos y lo cierto es que todavía nos estamos conociendo como especie. Recién ahora nos empezamos a sacar de encima el peso de que las relaciones deben ser sí o sí para toda la vida.

 

–¿Sentís que la fidelidad es otro de esos mandatos sociales?

–Mirá, para mí la fidelidad está íntimamente relacionada con la confianza y la franqueza. Siempre hablo de este tema con mi novio y le digo: “Si vos venís un día y me decís que en un viaje laboral te pasó tal cosa con alguien, yo creo que va a estar todo bien”. Ojo, distinto es si tenés una vida paralela con otra mujer, pero creo que ese jamás sería el caso. Tuve la suerte de encontrar un flaco muy inteligente, que entiende que la infidelidad no implica tanto mentir al otro sino mentirte a vos mismo. Y eso es tremendo.

 

–Tenés apenas 26 años y da la sensación de que trabajaste mucho estos temas… 

–Yo creo que todo parte de la curiosidad y de las ganas de realmente conocerme a mí misma. Vivo haciendo eso, luchando contra la corriente y repreguntando todo. Y lo recomiendo siempre, ya sea con mandatos como la fidelidad o cualquier otro. ¿Quién dijo que no podés ser amiga de tus ex? ¿Lo probaste? ¿Pensaste realmente qué significaría eso en tu vida o simplemente repetís un dicho? Lo mejor que podés hacer es poner en tela de juicio todo. Siempre.