Es la celebridad con más seguidores en Twitter en el mundo entero. Sus 75 millones de followers son fans incondicionales que consumen de manera frenética cada disco, concierto o producto que venda. En la cresta de su carrera, la artista mejor paga de la actualidad presentó en la Argentina un show sin precedentes. 

 

 Luego de llevar el Prismatic World Tour a Europa, Oceanía y los Estados Unidos, en donde se convirtió en la tercera serie de recitales más taquillera de ese país en 2014, Katy Perry volvió a Buenos Aires el 3 de octubre con la gira de su nuevo álbum de estudio, Prism (2013). A diferencia de California Dreams Tour, espectáculo con el que promocionó su laureado disco Teenage Dream y que la trajo por primera vez a la capital argentina en 2011 (a manera de acto estelar del Pepsi Music), la diva del pop ofreció en esta oportunidad, en el Hipódromo de Palermo, un show menos caricaturesco, aunque igualmente dinámico. Al punto de que la crítica internacional, aparte de hacer hincapié en la extravagancia de los vestuarios de la performance, cuya escenografía fue ideada por la propia artista, destacó la cercanía de la cantante estadounidense con la audiencia. El repertorio estuvo conformado, principalmente, por las canciones de su cuarto álbum de estudio, trabajo que aborda tópicos como la ruptura, el amor propio, el apoderamiento y la introspección.

 

Además de su actividad filantrópica en África, a partir de que Unicef la nombrara “Embajadora de Buena Voluntad” en 2013, y de un video corto del escritor canadiense Eckhart Tolle sobre la pérdida espiritual (sustentado en su libro The Power of Now), Prism está inspirado en la separación de Perry de Russell Brand, en 2011. La exponente nativa de Santa Bárbara (California) confesó, después de que el comediante hiciera pública la demanda de divorcio, tras 14 meses de matrimonio, que su relación fracasó a causa de su apretada agenda laboral. Lo que la abatió de tal manera que incluso consideró la posibilidad de suicidarse, por lo que debió apelar a terapia para superar su frustración y tristeza. No obstante, al poco tiempo de su ruptura con el presentador inglés, del que no volvió a saber nada una vez que este le anunciara por mensaje de texto su decisión de dar por finalizado su vínculo, la artista, que alcanzó los 31 años de edad luego de su paso por la Argentina, inició una intermitente relación sentimental con el cantautor John Mayer.

 

 

Pero, a contramano de las circunstancias que influyeron en su concepción, Prism es un trabajo radiante. De esto pueden dar fe las canciones del álbum, grabadas en su mayoría durante la primavera debido a que Perry quiso aprovechar la luz de esa estación (de ahí el título de este trabajo) para reflejarla de manera positiva en su flamante repertorio. Y eso se nota no sólo en las letras, sino en la música de esta producción, en la que nuevamente contó con el respaldo de sus habituales colaboradores, Dr. Luke y Max Martin, y donde la impronta del pop sueco es la novedad. Si bien podría haber reincidido en la efectiva fórmula veraniega de Teenage Dream (2010), la cantante se atrevió a demostrar que detrás de su apariencia de estrella divertida existe una artista multifacética.

 

Así que, en medio de su efervescencia pop, a veces hiphopera y en otras ocasiones más orientada a la pista de baile, la exponente californiana incorporó en su identidad musical el estilo oscuro e íntimo de divas nórdicas de la categoría de Lykke Li y Robyn.

 

Antes de su reencuentro con sus “katycats” (denominación con la que se identifican sus fans argentinos), Perry, quien en China fue apodada “Shui Guo Jie” (Hermana Fruta) por su tendencia a involucrar frutas en sus puestas en escena, se presentó en el entretiempo de la pasada edición del Super Bowl en los Estados Unidos. La performance, que tuvo como invitados a Lenny Kravitz en “I Kissed a Girl” (tema con el que saltó a la fama) y a Missy Elliott en “Get Ur Freak On”, fue vista por 119 millones de espectadores y se convirtió en el show con mayor audiencia en la historia del evento, por el que también pasaron Michael Jackson, los Rolling Stones, Beyoncé y Madonna. El furor que provocó esa aparición fue tan potente que el disfraz de tiburón que usó uno de sus bailarines se convirtió en un fenómeno en las redes sociales, al punto de que no faltaron oportunistas que aprovecharan la idea para tornarla en negocio. Aunque la artista no dilató en sacar a la calle a su artillería de abogados para frenar el usufructo.

 

De manera que Katy Perry no sólo disfruta en este instante de su madurez artística, sino del cenit de su popularidad. Lo que le permitirá despojarse de la chapa de fenómeno adolescente que recibió a partir del éxito de Teenage Dream (gracias a ese álbum se convirtió en la primera artista femenina, y el segundo en la historia, igualando el récord de Michael Jackson, en ubicar cinco número uno de un mismo trabajo en el Hot 100 y en el Pop Chart de Billboard). Aunque por el momento aún integra la elite de ídolos juveniles de esta época, al lado de Lady Gaga, Justin Bieber, One Direction y Miley Cyrus. 

 

Pero por sobre el resto de sus colegas, la enemiga íntima de Taylor Swift, , que ya es Disco de Platino en la Argentina con Prism (ocho millones de copias se han vendido de este trabajo alrededor del planeta) es, según la revista Forbes, la artista mejor paga del mundo en la actualidad, y la tercera celebridad con más ingresos en el último año, por detrás de los boxeadores Floyd Mayweather y Manny Pacquiao.

 

Curioso desenlace para una cantante cuyos padres, ambos pastores pentecostales convertidos a la religión a causa de una juventud salvaje (su madre tuvo un affaire con Jimi Hendrix, mientras que su progenitor era vendedor de drogas), consideran una muerte espiritual el paso que dio su hija hacia la música secular. Ellos aguardan su regreso a los caminos del Señor, aunque difícilmente suceda a corto plazo, pues su primer álbum (lanzado en 2001), dedicado a la música cristiana, que firmó como Katy Hudson, fue un fracaso en ventas. Perry, además, compone temas para colegas como Selena Gomez y Kelly Clarkson, publicita sus productos (siete perfumes, una línea de esmaltes para uñas, una colección de accesorios y hasta una Barbie) y participa en “Bitch, I’m Madonna”, el nuevo video de la reina del pop. Por lo que esta vez no se puede hablar de suerte: Perry es hoy la gran bestia pop. 

 

Entonces, a brillar, mi amor.

  

SU MATRIMONIO FRACASÓ A CAUSA DE UNA APRETADA AGENDA LABORAL, LO QUE LA ABATIÓ DE TAL MANERA QUE INCLUSO CONSIDERÓ LA POSIBILIDAD DE  SUICIDARSE.