Su coprotagónico en Violetta la catapultó a la fama mundial. Hoy es una de las estrellas más admiradas de Italia, y sus 850 mil seguidores en Instagram deliran con cada uno de sus posts. Diario de una argentina que arrasa en el exterior.

 

 Afuera del hotel llueve, con esa insistencia tan típica y gélida de Hamburgo, lo que la retiene a su cuarto y a la laptop conectada a Skype. María Clara Alonso, o Clari, para sus seguidores, llegó a la ciudad alemana para acompañar a su novio, el galán español Diego Domínguez, a quien conoció en las grabaciones de Violetta. Están juntos desde hace dos años, y hoy Diego es parte de la gira europea con la que la historia encabezada por Martina Stoessel se despide de los escenarios. Falta aún la película, de la que Clara formará parte con su personaje de siempre: Angie, la dulce tía de Violetta.

  

–¿Cómo te llevás con Martina?

–Re-bien. La conozco desde que ella tenía 13 años y yo 21. Ambas crecimos a la par, pero viéndola hoy no puedo creer lo que aprendió y maduró. En este último tiempo en Taormina, Italia (N. de la R.: allí se inició el rodaje de la película), compartimos muchas charlas fuera del caos de siempre y me sorprendió verla tan cambiada y a su vez tan igual. El éxito no la modificó. 

 

–¿No se le subieron los humos a la cabeza?

–Para nada. Muchas veces hago el ejercicio mental de imaginar qué me hubiese pasado a mí en su lugar y creo que ni de cerca hubiese resuelto todo el tema de la fama y la popularidad tan bien como lo hizo ella, con tanta altura. Supongo que lo fue aprendiendo con el tiempo, en medio de una adolescencia muy especial y diferente a la de las demás chicas de su edad.

 

–¿Tu adolescencia también fue atípica?

–No, si bien arranqué a trabajar a los 17, en High School Musical, pude hacer todas las cosas típicas de esa edad: me fui de viaje de egresados, de vacaciones con amigas… Igual debo decir que nunca fui una adolescente bardera.

 

–¿Nunca una borrachera?

–Ehh… tampoco tanto, alguna que otra mañana con resaca hay en mi historial. Lo que pasa es que cuando arranqué con Disney era muy miedosa de todo ese mundo. Por contrato no me podían ver ni tomando cerveza. Entonces me re-cuidaba. Igual, nunca fui una sacada. 

 

–Hay todo un tema con eso, el famoso “síndrome Miley Cyrus”.

–(Ríe) Mis amigas me suelen cargar mucho con eso, me dicen que como ya no tengo contrato con Disney, en cualquier momento me descontrolo. Pero no. Lo cierto es que Miley debe de haber tenido una presión gigante y, además, es evidente que su necesidad de romper con todo era muy grande. Yo nunca me sentí reprimida por Disney.

 

–¿Cuál es hoy tu base, tu lugar en el mundo?

–Creo que no tengo. En este último tiempo me encontré con mucha gente que me preguntó lo mismo: ¿dónde vivís? Y la verdad es que hoy no lo sé. Este año ya viví en Roma, Madrid y Milán y pasé por todo tipo de lugares, desde Taormina a Cracovia (Polonia).

 

–En Roma, a principios de año, participaste del Patinando por un sueño italiano. ¿Cómo fue la experiencia?

–Sí, se llama Notti sul ghiaccio y fue un verdadero desafío. ¡Es muy difícil bailar sobre hielo! Es hasta peligroso.

 

–¿Se manejaba el mismo nivel de conflicto que en las versiones de Tinelli?

–No, y lo loco es que si aparecía algún atisbo de escándalo, la primera que salía a frenarlo en seco era la propia conductora. Tampoco había tanta desnudez, era mucho más recatado.

 

 –Volviendo a tu vida itinerante, la mayor parte de los días estás sola, ¿o no?

–Así es… (suspira). Vivo con mis valijas de un lado a otro. Unos días estoy en un hotel, después paso a un departamentito alquilado por Airbnb, luego a otro hotel, y así. Este último tramo en Milán se extendió más de lo esperado porque empecé a grabar una serie para la web y me agarró con muy poca ropa de invierno. Por suerte, justo vinieron mis papás y mis abuelos y me trajeron una valija entera con abrigos.

 

–Igual, el shopping debe de tener su encanto.

–Olvidate. El problema es cuando dejás de ser turista y te quedás por más tiempo. No podés estar todo el día comprando cosas, primero porque realmente te podés quedar sin un peso y segundo porque no tenés lugar donde poner esas cosas. Ropa, maquillaje, objetos de decoración, todo es increíble. Hace poquito conocí Ikea y me encantó. Con H&M me pasa lo siguiente: siento que es ideal sólo para comprarse básicos. Lo demás lo tiene todo el mundo: salís del local y ves a cinco con el mismo conjunto que te acabás de llevar.

 

–¿Te interesa la moda?

–Sí, hace poco tuve la chance de asistir al Milán Fashion Week y fue muy interesante. Me divirtió pero también me espantó un poco. Digamos que me llamó mucho la atención descubrir que en esos lugares lo único que importa es la apariencia. Llegar, sacarse la selfie y listo. No interesa si realmente viste tal o cual desfile, la cosa pasa por dónde te sentás y con quién. Sentí que era todo demasiado frívolo. Y frío, calculador, plenamente pensado en torno a las redes sociales.

 

–La vida según los filtros de Instagram.

–Sí. Yo tengo cuenta de Instagram y quizá también caigo un poco en eso. Pero acá me sorprendió verlo tan en evidencia. Agradecí que mi vida pase por otro lado, no por los likes de una foto.

 

–Te debe de pasar mucho eso, ya que de afuera tu vida parece soñada, dando vueltas por Europa, muchas veces junto a tu novio.

-Sí, lo es en algún punto, pero también es cierto que hoy vivo un noviazgo a distancia y eso tiene sus complicaciones. Nos vemos bastante poco y cuando logramos congeniar, está el trabajo de por medio, la vida de hoteles, los fans…

 

–¿Cómo te llevás con la intensidad del público adolescente?

–Esta mañana me topé en la puerta del hotel con una chica que me dio una almohada con mi cara. ¡En Alemania! En algún punto sigue siendo un flash que la tira haya gustado tanto y en lugares tan distintos de todo el mundo.

 

–¿Nunca viviste alguna situación extraña con un fan?

–Sí. Más que extraña fue bastante traumática: una chica no sé bien de dónde, creo que de Polonia, me empezó a mandar fotos por Instagram en las que mostraba sus autolesiones. Se cortaba y escribía encima mi nombre y me ponía que se sentía muy sola, que nadie la quería y que había encontrado en mí una especie de salvación. Obviamente, me sentí muy responsable y le respondí pidiéndole que no lo hiciera más, que se cuidara y demás pero no sirvió de mucho, enseguida volvió a hacerlo. Hablé con la gente de Disney y ellos me aconsejaron que cortara el contacto, ya que más que ayudarla, puedo terminar incentivando a que ella u otras chicas hagan atrocidades para llamar la atención. Fue muy duro todo.

 

–¿Qué sueños te quedan por delante?

–Me encantaría hacer cine. Y si bien me gusta la idea de seguir viajando quisiera en algún momento trabajar en mi país. Siento que se están haciendo cosas buenísimas allá, algunas las veo por internet, como Historia de un clan. Y después no ambiciono mucho más, creo que pasamos mucho tiempo pensando en el después, en lo que nos espera o añoramos concretar y nos perdemos la chance de valorar el momento. Eso quiero, seguir disfrutando este sorpresivo presente. 

 

“Pasamos mucho tiempo pensando en el después, en lo que nos espera o añoramos concretar y nos perdemos la chance de valorar el momento. Yo quiero seguir disfrutando este sorpresivo presente.”