Marcelo Cantón y su socio, Diego Trivelloni, son dos arquitectos amigos que fundaron Mishka con la idea de crear una marca con identidad propia sin la necesidad de estar condicionados por el mercado y las tendencias. 

  

Con una enorme simpatía y carácter perspicaz, Marcelo Cantón nos invitó a la fábrica en Florida para contarnos el lado B de su marca y por qué, después de 14 años, sigue siendo elegida por las celebridades. “Mishka tiene un estilo propio muy marcado. Apenas pusimos la boutique, las mujeres se empezaron a acercar porque conseguían zapatos con detalles fuera de lo común, como gamuzas de colores y glitters, en un momento donde lo único que encontrabas para tus pies era un calzado clásico negro, marrón o bordó.”

 

 

–¿Cómo se logra armonía entre la arquitectura y el diseño de zapatos?

–En la Bauhaus, antes de la Segunda Guerra, la arquitectura era la madre de todas las artes y las actividades artísticas que se desarrollaban. Da sólidas herramientas en cuanto a construcción y geometría, y se pueden emparentar porque el zapato tiene que sustentarse por sí solo y necesita de una buena estructura: los tacos en este caso podrían ser las columnas. Ambos son una construcción de un objeto tridimensional.

 

–Así como la arquitectura influyó positivamente en el diseño, ¿también ayudó haber asesorado a otras marcas?

–La arquitectura fue desde donde empezamos para trabajar en el mercado de acuerdo a lo que hoy se conoce como imagen corporativa. Arranqué asesorando, haciendo vidrieras en Harrod’s, y con el advenimiento de las copias locales con etiquetas extranjeras empezamos con esta visión de que si una marca no tenía identidad total en sus colecciones, locales, comunicación y hasta en sus bolsas, iba a perder fuerza.

 

–Alguna vez dijiste que desde Chanel hasta hoy no han habido grandes revoluciones en la moda.

–Si pudiese ver cómo estamos vestidos ahora, vos podrías estar en los años 70 y yo en los 30. Salvo el corsé y sacar por completo el miriñaque, yo creo que la revolución viene por el lado tecnológico, hoy a los chicos los ves todos los días conectados, la tecnología pasó por arriba a todos.

 

–Sin embargo vos no usás redes sociales.

–No, no me gustan. Tengo una concepción particular, me muestro a través de mis diseños, y mi vida diaria la comparto con mis seres queridos. No las critico, son dos formas de comunicar y creo que todo puede convivir, la información va por esas vías y Mishka se mueve mucho gracias a ellas. Por ese motivo tampoco le puse mi nombre a la marca, no quiero promocionarme a mí. Está bueno dar notas para que la gente sepa quién está detrás de todo pero nunca ese que está detrás debe superar lo que está adelante, porque así la marca pierde sustentabilidad.

 

 

–¿Es cierto que Mishka hace zapatos modernos con los mecanismos antiguos de diferentes oficios?

–Sí, hacemos zapatos clásicos, básicos y modernos desde cero. No bien arrancamos, pensamos que teníamos que tener un espíritu diferente y debíamos construirlo nosotros, empezamos con un proceso de aprendizaje. Para armar el calzado se dibuja la horma, luego viene el desarrollo de fabricación, se pasa a la mesa de cortado, luego a los costureros, el armador le pone la plantilla y lo monta, luego va a suela, se arreglan detalles de color, lustrado y finalmente el rebajado y el grabado de plantilla.

 

–Además de zapatos y carteras, sumaron accesorios, jeans, vestimenta, perfumes y una línea de ropa interior.

–Mishka está incursionando en un total look. Si no te llevás un zapato podés ver la esencia de la marca en una prenda. La idea es una comunión de todo lo nuevo con el calzado, que es, junto con los accesorios, nuestro artículo principal. Creo que la mujer disfruta de la visión masculina: si te ponés a pensar, los grandes zapateros han sido hombres: Roger Vivier, Manolo Blahnik, Salvatore Ferragamo. Madame Chanel también supo simplificar a la mujer e incorporó lo masculino a la estética femenina con el jersey, la ropa color negro, la remera de pescador rayada y los sacos, todas cosas que en ese momento eran inusables.

 

–¿Cuál sería el equivalente del “little black dress” en los zapatos?

–En el mundo, la ballerina, pero para mí, el mocasín. Hoy una mujer puede estar impecable con un buen denim y un buen mocasín más o menos moderno.

 

–¿Creés que el lugar que ocupa hoy el zapato es más importante?

–Sí, antes era un accesorio pero hoy vivimos una sofisticación moderna por la que está pasando la moda donde ya no es común que te vistas de gala. Además, hay un enamoramiento con el jean y una forma de vestir más simple, sin tanto adorno. El zapato es un detalle fundamental, no sólo porque acompaña al conjunto y lo resalta sino porque la mujer necesita verse cómoda y, junto a la cartera y el perfume, ha cobrado mucha relevancia. Sin duda, el zapato es el verdadero objeto de deseo de la moda.

 

–¿Cómo es la próxima colección de verano?

–Es una de las colecciones más variadas que hemos hecho. Trabajamos el color estallado y en bloque, los rojos Ferrari, azules intensos, mostaza, celestes, blancos y nudes sin tanta combinación de tonos, más bien en pleno. No acostumbramos a hacer zapatos claros y esta vez hasta la madera de los tacos que hemos hecho se ha puesto blanca. También sumamos las puntas cuadradas. Hay mucha claridad y una gran renovación.

 

 

“YO CREO QUE LA REVOLUCIÓN VIENE POR EL LADO TECNOLÓGICO, HOY A LOS CHICOS LOS VES TODOS LOS DÍAS CONECTADOS, LA TECNOLOGÍA PASÓ POR ARRIBA A TODOS.”