Ganó el concurso de Jamie Oliver y traspasó la pantalla de YouTube para llegar a la televisión con su propio programa en Elgourmet.com. Abanderada de las recetas simples, familiares y de producto, esta cocinera de la nueva generación asegura que comer rico nos hace más felices.

 

 

Fresca, carismática, espontánea. Esas son las palabras que mejor la definen, y ella lo sabe. Felicitas Pizarro se ríe en persona igual que en la pantalla, que hasta hace poco era sólo la de la computadora (aunque para una audiencia de unos cuántos miles) y desde noviembre será a través de la de la tele, con Las recetas de Felicitas, su primer programa de televisión en la señal de Elgourmet.com. Su bio podría seguir así: treinta años, parte de la nueva generación de cocineros, millennial clase 1985, youtuber. Su salto a la fama no fue buscado pero tampoco llegó por casualidad. Talento, oportunidad, ganas, perseverancia y nuevas tecnologías son parte del combo que empezó, de algún modo, con un tuit. Era, ni más ni menos, que de Jamie Oliver, el chef inglés devenido en celebridad y activista internacional, que anunciaba, a mediados de 2013, un concurso para aspirantes a estrellas en su canal de YouTube. La búsqueda era para descubrir algo así como un “foodstar”, capaz de hacer una receta en un video de no más de cinco minutos, atractivo para un usuario de cualquier parte del mundo. El premio: un año de exposición en su medio online, con un video por semana. Felicitas no lo pensó: llamó a su amiga Delfina Schoch, realizadora de cine, e improvisaron un set de filmación en el jardín de la casa familiar, con luz natural, una parrilla y un bife de chorizo mariposa relleno como estrella principal. Simple, rico, global, en un lenguaje universal. Ella le puso rock and roll con su chimichurri, además de espontaneidad a cada segundo de edición del video final. El resultado: quedó finalista entre 500 participantes de todo el mundo, y luego arrasó con 15 mil votos, llevándose el podio y el premio de nueva estrella de las redes y favorita de Oliver, que la definió como “carismática, sin límites, capaz de conquistar el mundo entero”. Y algo así sucedió, primero, con el mundo online (como foodstar con una audiencia de cerca de treinta mil seguidores en su canal de YouTube y un público que la sigue desde los Estados Unidos, Australia, la Argentina y el Reino Unido, entre los principales), y sigue en el mundo real, con un libro, YouCook

 

Cocinar, divertirse y comer (editado en 2014 por Sudamericana), haciendo presencias en ferias y eventos masivos y con un programa de televisión propio.

 

–¿Cómo llegó la propuesta de hacer tele? ¿La esperabas como una consecuencia natural?

–Llegó hace muy poco, me lo propusieron. Era algo esperado porque después de la competencia de Jamie Oliver me habían llegado otras propuestas que finalmente no se dieron. Para mí era importante cuidar mucho mi parte de cocinera profesional, que fuera algo que me divirtiera pero también implicara un crecimiento. Y llegó tal cómo quería; con mucha libertad para elegir qué hacer: mis recetas, cocina simple, con pocos productos, que explora por el lado de los sabores. El desafío era ser la misma de YouTube pero dentro de un estudio, y lo logré haciendo lo que me gusta: cocinar y comer, lo que les hago a mis seres queridos. De ahí surgió que haya invitados, cocineros, amigos, mis abuelos… Algunos vienen a cocinar, otros a comer o ambas cosas. Al final nos sentamos en la mesa. Hasta la cocina del estudio en sí es muy mía, porque tiene cosas de mi propia cocina, los imanes de la heladera, mis libros, los platos que uso.

 

–¿Fue muy brusco el cambio de una pantalla a otra?

–Fue más la expectativa. Lo que genera pensar en “estar en televisión”. El primer día fue entrar en el estudio, ver un montón de gente, camarógrafos, editores, vestuaristas… Me daba mucha vergüenza equivocarme, pero todo el equipo me dio mucha confianza. El director me dijo: “Acá estamos para mostrar tu comida, lo mejor de vos, si algo no sale se vuelve a hacer”. Y así fue. Creo que la diferencia más grande entre una cosa y otra es que la tele es más masiva. Y, además, verme ahí es una apuesta del canal, de una producción. No me asusta la idea de la exposición, al contrario: me encanta poder cocinar y que la gente me vea en su casa. Es lo que ya hago en YouTube, pero esto es llegar a más público. Lo que creo que da Elgourmet, además, es que avala de algún modo que sos un buen cocinero y comunicador. Lo siento como un crecimiento. 

 

 

Felicitas había empezado a cocinar de chica al lado de su abuela Valentina, comiendo como generalmente no comen los chicos: mucho, variado, picante. Probando de todo, metiendo el dedo en guisos, carnes y hasta vermouths, siempre con el lema de no decir a nada que no, nada “da asco”: había que probar todo para aprender a elegir. Con el paladar entrenado y la vocación clara, terminó el colegio y se anotó en la carrera de Gastronomía en el Ibahrs. Hizo pasantías, tuvo su propio catering y siguió dando clases y con las temporadas cocinando en el restaurante del club de campo La Ellerstina, en General Rodríguez. En ese contexto fue que ganó el concurso que la catapultó a la fama como foodtuber de la mano de Jamie Oliver. “Para mí es un referente, comunica la cocina y la buena alimentación y es una de las cosas que trato de seguir: cómo entusiasmar a la gente para comer mejor, cocinarle a la familia, cocinarse para uno. Él logra transmitir valores e ideas en una sola receta. No es sólo un cocinero, es un activista, un precursor.”

 

–¿Qué tomás de su mensaje a la hora de llevarlo a tu cocina?

–Antes, cuando mi cocina no era conocida, mi llegada era otra. Cuando eso cambió me di cuenta de la gran responsabilidad que es, la importancia de estar informada no sólo para crecer como profesional, sino porque la gente toma lo que escucha como cierto, y ahí podés ayudar o perjudicar. De Jamie tomo el contar la cocina no sólo como recetas sino hablando de alimentación y también de cuán felices y sanos podemos ser comiendo bien y de todo. Entendiendo de dónde viene cada cosa, cómo lo preparamos. Si uno lo cuenta con entusiasmo, eso se contagia.

 

–¿Cómo definís tu cocina? ¿Qué opinás del término “comfort food”?

 

–Mi cocina es la que a mí me gusta hacer, la que siento propia. No digo que sea cocina argentina, pero son los sabores con los que crecí. Comfort food es un concepto que me trae a platos grandes, a las fuentes en la mesa, las fideos con bolognesa, las sopas, la bandeja llena de milanesas. Una olla, un guiso, una lasagna, un pastel de papas. Esa cocina que era la de mamá o la de la abuela. Es la cocina donde uno come cómodo y feliz, en la que se repite la porción. En definitiva, es la vuelta a las bases y es lo que intento transmitir. Creo que la comida en una familia es el momento de más diálogo, de los más importantes del día, de compartir. No siento que me encasillo en un estilo de cocina porque a veces el plato es más italiano, otras más asiático y así. Voy a la experiencia del buen comer, a todo lo que pasa alrededor de un plato rico.

 

–¿Comer rico nos hace más felices?

 

–Sí, definitivamente. Yo no puedo estar a dieta, me pongo de muy malhumor, odio todo (risas). Eso de “panza llena, corazón contento” es real. Creo que la gente es más feliz comiendo rico, compartiendo, cocinando. Todo momento lindo siempre gira alrededor de la comida: te invito a mi cumpleaños, festejamos un aniversario, una reunión, y la comida está. Comer rico es una forma de compartir y eso nos acerca más a la felicidad.

 

 

“Yo no puedo estar a dieta, me pongo de muy malhumor, odio todo. Eso de ‘panza llena, corazón contento’ es real. Creo que la gente es más feliz comiendo rico.”