Después de brillar en la pantalla chica, pasó una temporada haciendo teatro. Ahora su nombre vuelve a sonar fuerte con dos proyectos televisivos y el lanzamiento de su propia marca de ropa junto a Celeste Cid. Instantáneas de una mujer que no quiere perderse nada.

 

 

Cómo diferenciar a una actriz que sólo le está poniendo su nombre a una marca de ropa de una que le está poniendo el cuerpo y el alma? Lección número 1: La actriz en cuestión no puede parar de hablar del proyecto, aun cuando el grabador se apaga. Fin de la lección.

 

Paula Kohan entra y ya se percibe que la energía es especial. Será porque viene con un ímpetu adolescente de las grabaciones de Soy Luna, la nueva tira de Disney a la que en voz baja – tal vez para no quemarla– llaman “la nueva Violetta”, o porque anda sensibilizada por los ensayos de Si sólo si, una miniserie en la que interpreta a la hermana de una niña con síndrome de Down. O tal vez sea porque la nota toma lugar en el Hotel Anselmo Buenos Aires Curio a Collection by Hilton, el mismo espacio que eligió para presentar formalmente Japón, su marca de ropa con Celeste Cid, que la tiene como nena con chiche nuevo. 

 

–Hace exactamente un año decías en una entrevista que tenías ganas de hacer una colección dentro de alguna marca de ropa.

–En realidad yo siempre quise hacer mi propia marca de ropa, lo que pasa es que uno dice “quiero tener una marca” y después se enfrenta a lo que significa hacerlo (risas). ¡Y es un montón! Tanto Celeste como yo habíamos tenido algunos intentos en otro momento de nuestras vidas, y por una razón muy clara (que hoy puedo ver) no ocurrió. Ahora está sucediendo con la persona con la que tenía que suceder, definitivamente. Somos muy amigas, nos queremos mucho y somos socias, realmente. Nos conocemos desde que tenemos 10 años; nos veíamos los sábados en un lugar al que íbamos las dos hasta que la vida nos separó. Luego nos volvió a unir en la misma profesión y después, de casualidad, terminamos viviendo en el mismo edificio. Increíble. Y ahí fue un imán. Un día no me acuerdo quién de las dos dijo “quiero hacer una marca de ropa”, la otra dijo “yo también” y lo hicimos.

 

–¿Por qué razón no ocurrió antes si tenías tantas ganas?

–Porque tenía que ser con ella.

 

–¿Creés en esas energías?

–Totalmente. Tengo 30 años. Miro para atrás y veo todos los puntos que se unieron en mi vida en los años que pasaron. Y eso para mí habla de que las cosas pasan por algo, te terminan sucediendo por alguna razón y esta es una más. Tenía que ser así. No lo hubiese soñado mejor. Este era el ideal y está sucediendo.

 

–¿Cómo las recibió el mundo textil? ¿Las tomaron en serio desde el primer momento o vieron caras de “qué hacen estas dos acá”?

–Tuvimos mucha buena onda de todo el mundo. ¿Viste cuando algo está angelado, que todo el mundo te ayuda, te da una mano, un consejo? La verdad es que, en ese sentido, estamos muy felices porque podría haber sido más difícil todavía.

 

–Si en algún momento tenés que dejar de hacer algo para dedicarle más tiempo a lo otro, la ropa o la actuación, ¿qué hacés?

–Soy muy energética y la adrenalina de hacer cosas me sienta bien, va con mi personalidad. Es muy raro que yo tenga que dejar algo, porque no es mi espíritu. Creo que me las voy a rebuscar para que sucedan las dos cosas. A ver: tengo que equilibrar para que no suceda todo al mismo tiempo y estalle, pero lleva un tiempo aprender esas cosas, estoy en eso. Además, el trabajo de actriz es muy de laburar tres meses, parar dos y así.

 

–Sí, pero hay una vida social, familiar…

–Sí, tengo vida cotidiana y todo el tiempo estoy en contacto con mis afectos, pero ahora estoy muy enfocada en lo laboral y me hace bien. No sé si es la edad, los 30, pero le estoy poniendo mucha energía a esto.

 

–¿Cómo te tomaste los 30?

–Bien, estoy en mi mejor momento (risas). Yo no creo en la edad, creo que es más una cuestión de personalidad, de espíritu.

 

–Pero no te es indiferente, lo sacaste vos a colación.

–Sí, están ahí, llegaron. Es un momento que es más interno, de plantearme qué hice hasta acá, adónde voy, qué está sucediendo, qué no está sucediendo, qué quiero que suceda y cómo lo hago.

 

–¿Hay alguna personalidad a la que te gustaría ver con la ropa de Japón?

–No me pasa eso. Justamente, me gusta lo inverso: ir por la calle y ver a alguien con nuestras prendas; ver que una persona entró, se sintió identificada con algo y ahora lo lleva puesto. Creo que eso sería lo más lindo. Vestirse es una representación, aun cuando decís que no te importa la ropa. Es una manera de mostrarte. La idea es que con cada prenda te sientas única, va a tener esa distinción.

 

–Estás grabando una tira adolescente para Disney, con todo lo que eso conlleva. ¿Estás preparada para la masividad en la que puede derivar? Que te vean en Europa, Asia…

–Es muy loco, creo que no tomo conciencia de la magnitud. Creo, también, que los protagonistas son los chicos. Pero por lo que me ha contado gente que trabajó en Violetta, les pasaban cosas como ir caminando por Europa y que los reconozcan en la calle. Y no, no estoy preparada porque creo que no lo entendés hasta que lo vivís. Trato de no pensarlo demasiado porque es trabajo y yo ahora estoy más enfocada en lo artístico. También estoy por grabar una ficción de TDA con actores con síndrome de Down, vengo de ensayar y fue espectacular. Me fui muy feliz, son esos proyectos que no te olvidás nunca más. Hoy me pasó que terminamos una escena y la que hace de mi hermana me agarró la cara y me dijo: “Ay, sos tan linda”. Quizá de repente estás hablando y te dice “Yo te quiero mucho ya”. Te morís. La idea es que salga al aire en Telefé o en la TV Pública este año, sería lindo porque es una serie sobre la inclusión.

 

–¿Te fijás sólo en el laburo actoral sin importar de donde venga o te involucrás en cuestiones políticas?

–No, soy actriz y trabajo, no elijo en relación a eso. El proyecto me sensibilizó y me pareció que esa era la condición más importante. Tampoco tengo prejuicios, que los otros digan lo que quieran. Llega un momento en la vida en el que si estás muy pendiente de la mirada del otro, de lo que el otro dice y piensa… Lo estuve, eh, y la verdad es que lo sufrí bastante porque terminaba no siendo yo, sino adecuándome a los demás. Me parece que cuando uno es más genuino también termina siendo más verdadero y se va juntando con la gente que tiene que ver con uno, con los de su especie.

 

–¿Qué es lo que más te costó de ese proceso?

 

–Es que cuando uno no se adapta a la mirada del otro o a lo que el otro tiene ganas de que vos digas porque es lo que le queda más cómodo, obviamente te chocás con la realidad de que eso va a hacer que no todo el mundo te quiera. Entonces el proceso es aceptar que no todos te quieran y que el que te quiere es porque justamente sos verdadero y compatibiliza con vos. Pero uno está queriendo ser aceptado, que todos lo quieran, y cuando te acercás más a tu verdad es cuando se definen más los vínculos. A mí me gusta potenciarme en eso que veo en el otro que no tengo y que me gustaría tener. La paso muy bien cuando me contagio del otro en eso que quiero aprender o mejorar.