Con sus líneas simples y sus estampas naif, conquista por igual a madres e hijas, que pueden andar por la vida en composé y quedar cancherísimas. Pero no se queda ahí: decidida a explorar todos los terrenos, la diseñadora saltó de la ropa a los objetos y a la decoración.

 

-¿Cuánto evolucionó la marca desde la apertura de tu local hasta hoy?

–Mucho. Cuando arrancamos, en 2001, se vivía el auge de los diseñadores, pero al mismo tiempo era pleno cacerolazo y las marcas estaban muy abatidas. Si bien la moda tiene esos períodos de diez años cíclicos en que todo vuelve y todo cambia, creo que hoy también es un momento raro, no sabemos muy bien qué está pasando: las marcas grandes están fuertes y varios diseñadores empezaron a dejar sus propios proyectos para meterse en ellas.

 

–Vos lo has hecho sin dejar de lado la tuya.

–Me hice fuerte creando alianzas con las marcas, es mi manera de entrar y salir de ese mundo. Colaboro haciendo ediciones limitadas, colecciones o acciones específicas, como la que hice con Freddo. 

 

–¿Es una forma de entretenerte?

–De entretenerme y de hacer cosas que me gustan. Ahora, por ejemplo, hice alfombras junto a El Espartano y las estamos lanzando este mes.

 

 

–Dijiste varias veces que no seguís la tendencia, ¿cómo se hace para sobrevivir sin tenerla en cuenta?

–No la sigo en lo que respecta a los colores o a si se vienen los ochenta y se usa la manga vampiro; eso nadie lo va a encontrar en mis colecciones. Pero sí la tendencia en cuanto al calce de las prendas; ahí me parece que hay que tenerla en cuenta porque la gente quiere sentirse dentro de su época.

 

–¿Dónde se vende Pesqueira?

–En Japón, en los Estados Unidos (Nueva York), en Brasil (San Pablo, en un local donde se vende más la parte de decoración) y en Santiago de Chile. En la Argentina estamos en varias provincias. 

 

–Sé que los japoneses buscan mucho los diseños argentinos, ¿a qué se debe? 

–Fui más de ocho veces a Japón, desde que mi marca se vende allá, y conozco a los japoneses de cerca. Creo que todo lo extranjero les llama mucho la atención, y con respecto a la Argentina, sienten mucha admiración por nuestra cultura, por lo general a partir del tango. Vienen acá de vacaciones, ven algún show y se terminan copando con los diseños.

 

–Vos también generaste un vínculo personal muy fuerte con ese país, ¿no?

–Desde siempre. Cuando era chica me gustaba Sanrio, la marca de Hello Kitty, My Melody y todos esos personajes, miraba todos esos objetos y estudiaba los escritos que tenían en la parte de atrás. Japón tiene eso que es muy amable, les gustan las cosas aniñadas y hay un doble “like”, yo les gusto y ellos me gustan. 

 

 

–¿Hay cosas de su filosofía de vida que te gustaría adoptar?

–Hay de todo, tienen cosas que me encantan y cosas que son demasiado extremas. Se pueden fanatizar mucho, son muy obsesivos y lo hacen al límite, incluso con el trabajo. Hay una expresión japonesa, Karōshi, que significa “muerte en el trabajo”, y les pasa, están tantas horas sin dormir trabajando que mueren en su puesto.

 

–¿Por qué elegiste el oso para representar tu marca?

–¡Qué pregunta! El oso es un personaje que parece dulce y tierno, pero hay que tener cuidado: muestra una cosa y puede ser otra. Además, me gustan las morfologías aniñadas. El estereotipo de chica sexy argentina no es algo a lo que apunte o llegue con mi estilo, voy hacia otro lugar.

 

–¿Qué te gusta comunicar en las estampas?

–En general, cuando armamos la colección, nos imaginamos un ideal de dónde se usarán las prendas y en qué situación. Nos gusta que la gente se relacione más con lo verde, con el pasto. Yo nací en Adrogué, a 25 kilómetros de acá, y me crié en una casa con pasto, pileta, árboles, animales. Nunca haría una marca de ropa de noche, me encanta pensar que las prendas van a ser usadas al aire libre.

 

–¿Vos dibujás las estampas?

–Algunas, pero por lo general las mandamos a ilustrar. Siempre pienso mucho en el uso de las prendas a la hora de arrancar una colección, tengo una inspiración más comercial, la creo desde su uso y funcionalidad. Empiezo a imaginarme qué es lo que yo usaría el próximo verano y a partir de ello buscamos las telas y las estampas.

 

 

–¿Siempre hiciste ropa con esta identidad?

–Desde que arrancó la marca. Me parece que es el perfil que tiene Pesqueira, es para una madre y una hija. Para muchos, una remera de conejitos es más normal en una niña que en una mujer; hay cierta gente a la que le tenés que explicar por qué hiciste una estampa así, pero las clientas relacionadas al arte, como las diseñadoras, las cineastas o las artistas plásticas, lo tienen más claro.

 

–Quizás ellas tienen más libertad para vestirse.

–Sí, pero además lo entienden como arte. No se están poniendo un vestido de conejitos, se están poniendo un vestido con una ilustración de conejitos; es un vestido que tiene arte, que está ilustrado.

 

–¿Qué es lo que más te divierte?

–Estoy disfrutando mucho todo lo que tiene que ver con los objetos, pasar de un plano de prendas 2D a uno 3D, como hicimos con los helados.

 

–¿Cómo fue esa acción junto a Freddo?

 

–Me convocaron para la primera presentación de Ediciones de Autor, una propuesta para los fanáticos del helado que lanzamos en el BAF. La idea de Freddo es armar una plataforma en distintos eventos para llegar al público desde un lugar diferente y en cada rubro buscar un referente para combinarlos, en mi caso fue la moda. Diseñamos un palito helado con la forma de un oso, que es el animal que representa mi marca, y elegimos los sabores frambuesa, dulce de leche, vainilla y chocolate, que representan los colores que se verán en la colección de verano de Pesqueira.

 

–¿Qué se viene para el verano?

 

–Vamos a tener líneas nuevas de trajes de baño y denim, que nunca habíamos hecho, y vamos a ir ampliando el tema de objetos. La idea es crecer hacia el lado deco de hogar y de niños. 

 

–¿Es cierto que querés alejarte del rótulo de diseñadora de modas?

 

–Sí, a mí me gusta el diseño en general, no hago las colecciones con una estructura determinada y después las presento en desfiles. Me gusta hacer las cosas desde otro lugar y relacionarla después con el diseño sin quedar con que sólo soy una diseñadora de modas. Además, ese término es de otra época, hoy es diseño de indumentaria. Yo soy diseñadora y me gusta que la palabra fuerte sea diseño y no moda, la moda es descartable mientras que las colecciones que yo hago son clásicas y atemporales, incluso los colores que uso: crema, azul marino, negro, gris y rojo, que van a estar siempre en lo que hago.