Misión Rescate es más que un hito cinematográfico: representa la ilusión de reiniciar el interés por la exploración del cosmos.

 

Hubo una época en la que el espacio exterior era símbolo de la ambición del ser humano por explorar lo desconocido.

 

“La frontera final”, como lo definía William Shatner en su épica introducción a Viaje a las estrellas, obra cumbre de la ciencia ficción como instrumento para saciar la curiosidad por saber qué hay más allá. 

 

Pero una vez terminada la caprichosa carrera espacial, aquella en la que los Estados Unidos y la Unión Soviética competían por la conquista del cosmos, las películas, series y libros sobre la búsqueda de nuevos horizontes empezaron a ser cada vez menos, y el espacio comenzó a perfilarse, de alguna manera, como un villano a derrotar.

 

En Misión a Marte, de 2000, la primera expedición comandada por humanos sale terriblemente mal. Un año después, Fantasmas de Marte, de John Carpenter, nos muestra un planeta rojo colonizado hace rato por los humanos, que viven en relativa normalidad en su nuevo hogar, hasta que descubren el secreto de una antigua civilización que los termina matando.

 

 

Aun cuando no se trata de un ataque de los extraterrestres contra la Tierra, la cultura pop pinta al espacio como un lugar hostil, peligroso y que no quiere saber nada con la raza humana. Recientemente, vimos a Sandra Bullock intentando regresar a la Tierra mientras sobrevive a las peores adversidades posibles en la oscarizada Gravedad, y a Matthew McConaughey siendo devorado por un agujero negro en Interestelar.

 

Por eso, el estreno de Misión Rescate resulta tan refrescante: hacía mucho que una película de ciencia ficción no ponía igual énfasis en la ciencia y en la ficción. Sí, comienza con una catástrofe, un accidente que deja varado al astronauta Mark Watney (Matt Damon) en la superficie marciana, pero no se queda en eso y se concentra en cómo se las ingenia para sobrevivir. Todo esto con un rigor científico que, de todos modos, no le resta corazón: a la historia no le sobra un personaje y todo el elenco secundario (entre otros, Jeff Daniels, Chiwetel Ejiofor, Jessica Chastain y Kate Mara) tiene al menos un momento para brillar y hasta emocionar.

 

Esto sucede bajo la dirección siempre precisa de Ridley Scott, en la que tal vez sea su mejor película en más de una década, y un ajustadísimo guión de Drew Goddard, que traduce a lenguaje cinematográfico la ya espectacular y sorprendentemente divertida novela de Andy Weir (que, por cierto, ya se consigue en castellano).

 

Detrás del relato existe el claro mensaje de reactivar el interés por el espacio. A Misión Rescate sólo le falta poner a un personaje gritando “denle presupuesto ilimitado a la NASA”. Y el timing no podría ser mejor: las debacles relacionadas con el clima, el crecimiento descontrolado de la población y las amenazas nucleares siempre presentes reiniciaron las discusiones sobre la posibilidad de habitar otro planeta, con Marte como principal candidato. Se estima que en 2035, la misión Orión de la NASA pondrá a los primeros humanos sobre el planeta rojo. Y, paralelamente, el empresario Elon Musk, al frente de la empresa Space X, le compite a la agencia gubernamental desde el sector privado y promete adelantárseles por una década.

 

¿Y mientras qué hacemos? En principio, seguir esperando menos películas en las que el espacio sea la amenaza y más en las que sea el motor que saca lo mejor de las personas.