Las chicas más famosas de las redes sociales parecen vivir en un mundo perfecto, rodeadas de viajes exóticos, ropa de diseñador, amigas inseparables y selfies, muchas selfies. Fisgonear desde nuestros teléfonos cada cosa que hacen se ha convertido en la última adicción de estos tiempos.

  

 Algunos dicen que las “instagirls” constituyen una nueva tribu ciberurbana dentro del stardom. No hay duda de que Instagram es el gran respaldar de las celebridades para empoderar su nombre, mostrar su mejor ángulo photoshopeado, subir la “intimidad” de su rostro sin make up, sus candentes tomas en la playa con vientre ultrachato, sus efímeros cambios de look y sus privilegios diarios de sus millonarias vidas, ante millones de seguidores que las consumen, las replican, las stalkean, las likean, las repostean y quisieran, al menos por un segundo, tener docenas de miles o un millón de corazoncitos por foto. 

 

 

¿Han visto que casi ninguna celebridad se saca una autofoto con un libro? Lo que pone de manifiesto “la selfie como cuestión de estado” es que lo que importa es el hedonismo: mostrarse bello, victorioso y con sentido de la moda en un sólo instante. Eso implica energía… ¿Quién dijo que era fácil ser una instagirl? Anoten: ser ocurrente con la situación a retratar –o hacerlo sólo cuando te acaban de maquillar–, elegir buena luz, hacer más de diez tomas, editar la mejor (“si algo no te gusta de tu cuerpo, cortalo”, dirá Kim) y ser él/la mejor en el uso de los programitas de retoque digital. Porque no alcanza con pasar las selfies por el último filtro actualizado. Si no, díganselo a la ex reina de Instagram, la socialité y reality star Kim Kardashian West, que tiene 47 millones de seguidores y apenas 97 seguidos, editó Selfish, el libro que compila sus autofotos más populares –todo un símbolo de ser celebridad hoy– y se toma el trabajo tan en serio que paga miles de dólares mensuales a un retocador. Pareciera ser que el mentor de esa idea tan 2.0 es su marido, el rapper Kanye West, quien admitió que tuvo que mandar a editar las fotos de su boda a cargo de la icónica Annie Leibovitz. Entre las más de tres mil publicaciones de la más famosa del clan son furor sus belfies (fotos de su rutilante trasero reflejado en el espejo), escenas de backstage con Yeezus, fotos “casuales” con la pobrecita de North, que ya tiene muy en claro lo que incomoda la moda, y escenitas de la vida en familia y con sus amigos ultrafamosos.

 

 

 

La corona y el cetro de las instagirls es de la cantante Taylor Swift, que hace poco desbancó del trono a Kim, posicionándose en el top 1 con 48 millones de seguidores que están pendientes de sus gatos Meredith y Detective (los felinos son mascotas indiscutidas de la red), sus salidas con supermodelos como Gigi Hadid, su mano en la cocina (se luce con sus platos para su novio, Calvin Harris), sus vuelos en primera y sus presentaciones live, que hasta el momento superan las 711 publicaciones. ¿Su primerísimo posteo en la red fotográfica que ya supera los 400 millones de usuarios? Una tierna instantánea de su abuelita que recibió 250 mil likes. Su última gran movida viral fue el posteo de un video con casi dos millones de likes en el que cumple el deseo de su fan Dylan Barnes, y canta y baila junto a él. 

 

 

Beyoncé Knowles, que entra justo en el podio de las celebs con más seguidores, ama mostrar su felicidad millonaria de vacaciones familiares en los destinos más exóticos, y también se despacha con fotos de backstage en estadios y presumiendo total looks. En Instagram es muy particular: o muestra muy poco a su hija Blue Ivy, con quien en su primer año optó por mantenerla al margen de lo público –en contraposición con Kim– o es capaz de subir una seguidilla de fotos, casi minuto a minuto, con la que nos deja sin respiro: se toma un trago, se pone una flor en el cabello, salta las olas a orillas del mar, saluda al sol mientras navega en un yate. Tiene quienes están pendientes, claro: nada menos que 46,3 millones de personas que le likean sus más de 1.100 publicaciones. Lo llamativo es que ella no sigue a nadie, así que al parecer no está al tanto de lo que suben otras popstars contemporáneas a ella. No le mueven un pelo. Un capítulo interesantísimo en su cuenta fue el affaire del Louvre, museo parisino que recorrió en una visita ultra privada. Ella y Jay-Z se hicieron selfies con buena parte de la obra histórica, lo que generó numerosas críticas y la envidia de miles de ignotos turistas, claro. Desprejuiciada y aprovechando sus privilegios de VIP, Bee se fotografió la V de la victoria con la Mona Lisa de fondo, y se autorretrató frente a una estatua centenaria, consiguiendo un millón de likes por imagen. 

 

 

“By grace through”, con esa frase presenta su perfil Selena Gomez, que es la cuarta celebridad más popular en la red, ya subió más de 1.000 posteos, es seguida por 44,8 millones de fans y sigue las actualizaciones de 172 instagrameros. Lo suyo es simple, va por la línea de mostrarse sexy, curvilínea y, de vez en cuando, cuela algún topless. ¿Su debut en Instagram? Una foto grupal con sus fans. Ojo que ella también es protagonista de la primera selfie subida por el hombre más seguido: Justin Bieber, (39,4 millones), de quien era novia en ese entonces. 

 

 

En quinto lugar del listado se ubica la sensación teen Ariana Grande, con 43,8 millones de seguidores y 927 seguidos, pendientes de sus más de 1.800 publicaciones. ¿Lo que más postea? Selfies con make up perfecto, presentaciones en vivo y fotos con algunos de sus quince perros adoptados. En 2011 subió su primerísima foto, con su adorado abuelito, al que le daba un beso en la mejilla. 

 

 

Más allá de las supermodelos como Cara Delevingne y Joans Smalls, que encabezan a las top models más seguidas, las instagirls son un fenómeno que mueve millones de bits y de dinero líquido. Sólo con una mención a una marca o un agradecimiento a sus regalos deluxe hacen mover la ruedita de la histeria, lo aspiracional y las nuevas estrategias de marketing.