La capital italiana atrae a viajeros desde hace dos mil años y ni uno solo se fue decepcionado. Entre los monumentos, la comida deliciosa y el glamour de los romanos, la estadía es inolvidable.

 

Sabido es que todos los caminos conducen a ella, que es la ciudad eterna, la Ciudad Abierta, la de La dolce vita. Es inmortal, capas de arte y de cultura superpuestas construyen la arquitectura de sus piazzas, sus calles y sus edificios. Es un inmenso museo a cielo abierto, coronado por el Coliseo, la Villa Borghese y el Panteón. Contiene la impresionante Ciudad del Vaticano, que es además un Estado. Podemos caminarla cientos de veces de este lado del Tíber. Y del otro. Y aún entre ambos, en la isola Tiberina.

 

 

Y están los íconos inmortales: la Fontana di Trevi, las tres magníficas fuentes de la Piazza Navona y la misma piazza, el Campo dei Fiori, el café Il Greco, las escalinatas de la Piazza Spagna coronadas por la Trinità dei Monti. Podríamos seguir enumerando hasta abarcar muchas páginas, pero el propósito es descubrir qué de novedoso puede esconder una ciudad que es un clásico.

 

LOS NUEVOS BARRIOS Y LA GASTRONOMÍA

 

Hace un tiempo ya que los romanos redescubrieron el encanto de un viejo barrio de callecitas laberínticas y adoquinadas, iluminadas por tenues farolas. Ese barrio está “detrás” del Tíber, comunicado por un par de puentes con el corazón de Roma y se llama, claro, Trastévere. Lo ideal es caminar hacia la tardecita, cruzar uno de esos transitados puentes, detenerse a admirar el ocaso sobre la isola Tiberina (a un lado) o la Basílica de San Pedro (al otro), y luego recorrer las calles y perderse hasta encontrar el restaurante que nos regale una mesita afuera, vino italiano y una exquisita saltimbocca alla romana.

 

 

Vecino al Trastévere, a la altura de la Piazza Navona, pero cruzando el río, el antiguo Barrio Judío, ignorado por décadas, está viviendo un nuevo apogeo. Allí se encuentran los nuevos restaurantes, las osterías (caras) más trendy y las más cancheras tavolas caldas. Es necesario dedicar una noche a recorrerlo y sentarse a cenar en el restaurante donde se haya desocupado una buena mesa, ya que las reservas son raras. Otro polo gourmand es el que circunda a la Piazza Navona, no sobre la plaza, demasiado turística para ser cool. Por detrás de la entrada que desemboca en Tre Scalini, se encuentra el muy de moda hotel Rafael, frente al cual, en una pequeña piazzeta, tendrás una de las mejores experiencias culinarias de Italia si conseguís una mesa en el Santa Lucía. Pero antes de eso hay que tomarse un trago, sí, porque los romanos se reencontraron con una de las más italianas experiencias: el bitter a las 7 pm. El que está de moda es el aperol spritz, mezcla de bitter, espumante, soda y una rodaja de naranja; y el lugar elegido por excelencia es el antiguo Caffe della Pace, en la Vía della Pace, antiguo restaurante devenido bar de copas.

 

LOS MUSEOS

 

En una ciudad que es en sí misma un museo, no es habitual que nazcan nuevos museos, pero hace un par de años la reconocida arquitecta Zaha Hadid, famosa por sus caprichosas estructuras, creó el Museo de Arte del Siglo XXI, a unos 20 euros de taxi del centro de Roma. La colección permanente es bastante intrascendente pero, como la tendencia indica en las últimas décadas, estos edificios son de un narcisismo que los convierte en protagonistas. Si en lugar del arte tu interés es la arquitectura, ¡adelante!