NACIÓ EN LA ARGENTINA, SE FORMÓ EN ITALIA Y TRIUNFÓ EN INGLATERRA. CREADOR SERIAL DE LOS HITS QUE HACEN BAILAR A LAS MASAS, DICE QUE DEJA LA VIDA EN CADA SHOW Y QUE TEME “MORIRSE EN ALGUNO”. A LA HORA DE ELEGIR UN ARTISTA NACIONAL, NOMBRA A SANDRO.

 

Cual superhéroe de Marvel o DC Comics, Maxi Trusso vive la mejor de las famas. La de poder transitar la vida sin el agobio de la gente, pero triunfando en su métier con autoridad e hidalguía. Para el ambiente, un rockstar electrónico de culto, con prestigio global; para el afuera, una persona común, que pasa inadvertida. Sin embargo, cada uno de sus temas son los elegidos para enardecer las pistas de las discos, musicalizar los programas de televisión o publicitar grandes marcas. Mucho ritmo, poesía contagiosa y cadencia anglosajona para bailar toda la noche.

 

“Mi primer acercamiento con la música en vivo fue en un karaoke. Esa noche fue la primera vez que hice un show con una base y me encantó, me sentí pleno. Recuerdo que estaba en un bar de Testaccio, un barrio cercano a Trastevere, en Roma. Fuimos a comer algo con mis amigos y los chicos querían cantar. Nos subimos al escenario, hicimos una performance bastante rara y terminé cantando yo solo. Se sentía bueno… Si bien ya cantaba en mi casa y canté mucho en el colegio, ese fue un punto de inflexión. Tenía 25 años, pero clarifiqué mi vida.”

 

–En Italia estuviste muy vinculado a la moda.

–Unos amigos tenían un local multimarca y yo iba a las firmas a seleccionar lo que se exponía. También diseñé, junto a Mauricio Altieri, ropa de cuero y zapatos. Una vez nos compró Cindy Crawford, también Keith Richards y Lenny Kravitz. Mickey Rourke hizo una campaña publicitaria con nosotros. Éramos una de las pocas tiendas de indumentaria rockera. Nada de lo que continuó fue casualidad. Es más, un pariente mío fue Giacomo Lauri-Volpi, uno de los cantantes líricos más importantes del mundo en 1920, cantaba junto a Caruso. No lo conocí, pero aprendí mucho de él porque publicó Voces paralelas, uno de mis libros de cabecera.

 

–A la inversa de los músicos reconocidos, vos fuiste primero lo que ellos son tras su consagración, como, por ejemplo, DJ.

–Sí, puede ser. Pero pasaba música para mí, para amigos en fiestas y después en pequeños clubes de Roma. Luego conocí a un cubano que me enseñó a componer música. Y de mi estilo italiano, mi pasión por artistas como Kurt Cobain y Bono, y la técnica cubana compuse la canción “I Dont Care”. Me gustó, la consideré como mi primer buen resultado.

 

–La creación del auto-tune fue otro punto de inflexión. ¿Qué sería específicamente?

–Es un efecto corrector de voz que sirve para ajustar una nota en la tonalidad deseada. La descubrimos jugando y experimentando con un socio italiano. Como la mayoría de los descubrimientos en el arte, nace de la experimentación. Y el sello inglés Mercury Records nos hizo un contrato discográfico y nos permitió estar dentro del circuito de la música inglesa con todo lo que eso implica, como tocar con artistas locales, como Pulp, Madness y Guided by Voices.

 

–Si pienso en Maxi Trusso me pongo a cantar de inmediato “Please Me”.

–“Please Me” fue el primer paso a la masividad y a poder tocar en clubes y discos. Me abrió las puertas que siempre soñé, pero es un arma de doble filo porque cada espacio que uno pisa después hay que revalidarlo. Y siento que “Nothing at All” fue una reafirmación en mi carrera, ampliar el espectro del público que ya me seguía y, sin duda, una gran sorpresa para mí también.

 

–¿Teloneaste a los Rolling Stones o ellos tocaron después que vos?

–De la primera forma (sonríe). Me agarró completamente por sorpresa: estando en Inglaterra, me entero de que mi música tenía mucha repercusión en Turquía, y el productor que llevaba a los Rolling me pidió que tocáramos antes. Lo habré pensado medio segundo y acepté. Fue una cosa única, un highlight en mi vida. Pude conocer una hermosa ciudad como Estambul, y como nadie me conocía, no tenía ninguna presión.

 

Nacido en la Ciudad de Buenos Aires, Maximiliano Trusso es en sí mismo una caja de Pandora. Su cabeza está diseñada para crear un hit tras otro; mientras su voz, con base en el registro que le venga en gana, puede fusionarse con la electrónica, cantar música country o pop estadounidense del más hitero. A la hora de elegir un artista nacional se inclina por Sandro, y del norte no duda en elevar la figura de Tom Waits. Se vanagloria por “dejar la vida en cada show” y teme “morirse en alguno de ellos”. “En mis recitales me gusta generar emociones. Siempre con el deseo de expresarme lo más genuinamente posible, y que la gente se pueda llevar una sensación de alegría.”

 

–La estética juega un papel fundamental en tus creaciones.

–La estética, creo yo, es muy importante en todo lo que uno hace, pero eso se va construyendo en el camino. Hay mucho análisis pero también algunas cosas son espontáneas, que uno ya las tiene incorporadas. Como inconscientes.

 

–¿Hay una fórmula para crear hits?

–No, definitivamente no, ojalá la hubiera. Pero sí reconozco que algunos temas fueron adoptados inmediatamente por el público y eso me reconforta. “Same Old Story”, “Please Me”, “Nothing at All” y “Nobody is Lonely” tal vez formen ese grupo que ustedes denominan hits. A mí me inspira la vida en general, los sentimientos, los recuerdos, el creer mucho en el futuro. Y de ahí salen las canciones. ¿Pero una fórmula?, no.

 

–¿Cómo manejás los excesos y a los amigos del campeón?

–La verdad es que no siento estar atravesando ningún exceso. Tal vez porque el éxito me agarró grande, con una hija, y como mantengo una vida cotidiana, la de siempre, no me doy cuenta y vivo del mismo modo que cuando no era conocido. Mis hábitos no cambiaron. Veo a la misma gente, nunca cambié de ambiente y tampoco siento que nadie me halague demasiado, solamente algunas palabras cariñosas o de aliento que me ponen contento, pero no más que eso.

 

–¿De ahora en adelante?

–Como siempre. Hacer lo que se me pasa por la cabeza, tanto musicalmente como en la vida en general. Estoy presentán dome por muchas provincias de la Argentina y después llegarán, nuevamente, los viajes a los Estados Unidos y Europa. Ponerme a componer nuevas canciones es un estado que disfruto mucho. La vida. O, al menos, la mía (sonríe).