Es tendencia mundial: los espacios privados típicos de Londres invaden las grandes capitales del mundo con propuestas únicas para los visitantes más exigentes.

 

Un viernes a la noche, en un encantador jardín junto a la piscina, un grupo de amigos celebra un cumpleaños. Se acercan al bartender para pedir un cóctel, eligen la música que quieren escuchar, bailan bajo las estrellas, disfrutan del entorno como si fuera propio. No están en un departamento, un bar o una disco. Esta noche, ellos eligieron festejar en un club privado. A través de una entrada discreta en una concurrida calle de Palermo se ingresa a The Clubhouse, una casa de cuatro pisos que alberga en su interior esa sensación especial de estar en un lugar único en la ciudad. Gastronomía, arte, música, diseño, arquitectura, moda, contactos sociales, reuniones de trabajo, esparcimiento al aire libre. Son muchos los puntos de interés que pueden motivar a alguien a convertirse en miembro de estas selectas comunidades alrededor del globo. Opciones no faltan.

 

 

Kee Club, una elegante residencia en Shangái, China. Brody House, con diferentes espacios intervenidos por artistas en Budapest, Hungría. Club Matador, un piso del siglo XIX en pleno centro de Madrid. Tofiq House, un reducto de arte en la zona residencial de Jardins, en San Pablo. Jimmy’z, una de las pistas de baile más deseadas de Montecarlo. Los clubes de membresía estánalrededor del mundo, con imponentes vistas en altura, palacios señoriales, apacibles parques e interesantes actividades sociales.

 

Los primeros clubes privados surgieron en Londres a principios del siglo XIX con estrictas reglas de admisión: sólo podían asociarse los hombres después de complicados procesos y el pago de costosos ingresos. Carlton Club y White’s Club, ambos en la capital inglesa, son dos de los emblemas de esa generación de espacios exclusivos pioneros. En la actualidad, esa ciudad conserva la tradición de estos clubes a puertas cerradas: The Hospital Club, Boodle’s Club, The Hurlingham Club, Blacks y The Club at the Ivy son sólo algunos de los reductos que integran la lista. 

 

 

Nueva York es otra de las ciudades del mundo que resulta un terreno atractivo para estos sitios. Core’s Club inauguró en 2005 y se convirtió en uno de los emblemas de la ciudad. Situado en Midtown, ofrece a sus miembros servicios como bar, restaurante, spa y la seguridad de estar inmerso en un reducto exclusivo de la ciudad. Soho House &Co. –con su primera casa inaugurada en Londres y 14 sedes en todo el mundo– es otro de los clubes privados que se destacan en Nueva York. Ubicado en el movido Meatpacking District, con pileta en la terraza, salas de dibujo y microcine, dos bares, un restaurante y una ajetreada agenda de eventos, es un spot privilegiado para disfrutar el ambiente de Manhattan.

 

Además de ser puntos de encuentro social, son muchos los profesionales que utilizan estos clubes como sus espacios de trabajo, en donde poseen su base, organizan reuniones y disponen de las instalaciones como si estuvieran en su propia oficina. Otros también eligen ser parte de esta red de clubes como una derivación de su espíritu viajero: gran parte posee habitaciones y servicios similares a los de un hotel boutique, pero con atención más personalizada y la posibilidad de compartir charlas y experiencias con locales y otros extranjeros.

 

 

“Los clubes privados crean espacios y grupos de gente que tienen algún gusto en común. No buscás que todas las personas con las que te relacionás sean iguales a vos, pero sí que haya algunos aspectos compartidos. Sabés que en un sitio así encontrarás gente interesante, con espacios de buen diseño, atención personalizada, un ambiente con movimiento pero no repleto de gente. Son lugares tranquilos y sociales al mismo tiempo”, cuenta Parker Stanberry, creador de Oasis Collections, una alternativa de hospedaje premium que en 2011 inauguró The Clubhouse, en Palermo, un club social de membresía que este año abrió también un espacio en Río de Janeiro. Esta propiedad porteña, además de los ambientes comunes, cuenta con cinco cuartos para huéspedes.

 

  

“Oasis es perfecto para viajeros que quieren vivir la ciudad como un local”, asegura Stanberry, nacido en Houston y trotamundos por elección. En la actualidad, Oasis Collections cuenta con casi 1.000 propiedades en diez destinos de siete países, y perspectivas de crear cinco nuevos clubes este año. Un jardín en el que tomar el té por la tarde y bailar al ritmo del DJ por la noche. Una pileta para refrescar los calurosos días de verano y también vivir una experiencia gastronómica diferente. Un living en el que mantener reuniones de trabajo e intercambiar historias con viajeros. Cada club privado guarda un sinfín de experiencias, todas únicas. ¿Cómo pertenecer? Aplicando mediante una solicitud, en general presentada por otros miembros que esponsorizan al interesado, y una vez atravesado el proceso de admisión pagando una cuota (a veces anual, a veces semestral) que permite acceder al club y sus servicios. Aunque muchos lo consideren un esnobismo, lo cierto es que en estos espacios se comparten intereses comunes, estéticas similares y actividades exclusivas para unos pocos. 

 

¿Acaso no se trata de eso?