Tiene 45 años y hace 30 que trabaja en los medios. Conductor, productor, escritor y periodista, no le faltó nada: hizo gráfica, radio, televisión y cine. Su nuevo desafío es la ficción. En esta entrevista retratamos a un profesional que todavía elige recetas artesanales.

 

 
En el recreo diario que tiene entre la conducción de las mañanas en Telefé y el regreso de Radio Uno, Gerardo Rozín llegó al estudio y se dispuso a jugar como todo un experto con nuestro fotógrafo, pese a confesar: “Es mi primera producción”. Dos horas más tarde, contentos con el resultado, y limonada de por medio, compartió su mirada de la industria que recorre desde hace 30 años.

 

–¿Cuándo apareció la vocación?

–La primera investigación periodística la hice sin saber que quería ser periodista. Empecé el secundario en el 83 y armamos la lista de desaparecidos que después tomó la Conadep e incorporó en Nunca más.

 

–¿Era curiosidad pura en ese momento?

–Sí, me gustaba la política. La publiqué en una revista a la que le pusimos La Gallina Prolija porque el director se acomodaba los huevos todo el tiempo, era un chiste al director de la escuela. Ahí ves, en ese primer laburo, el ADN de un tipo que puede hacer una cosa bien pero también es capaz de arruinarla con un chiste.

 

–¿Cómo siguió el recorrido?

–En tercer año de la secundaria entro a Canal 3 de Rosario a ordenar dibujitos en un programa infantil. Después participo con unos amigos en una radio trucha y de ahí paso a una FM más o menos berreta. Hasta que viene Hugo Moser a Rosario a hacer una ficción con Guillermo Francella y Carlín Calvo. ¿Y qué quería hacer yo? Escribir. Escribía todo el puto día. A los 18 años mi vieja me sugirió que, ya que contábamos con otro departamento familiar, me fuera porque yo escribía en la máquina de escribir todas las putas noches, era insoportable.

 

–¿Seguiste escribiendo todo el tiempo?

–Sí, todo el tiempo. Es lo único que he hecho siempre. No sé si es lo que mejor hago, pero es algo que siempre supe… Cuando tenía 19 años salió el diario Rosario 12, era una redacción con diez personas y una facultad de tres mil, llevé dos notas, sin conocer a nadie, y quedé de cronista. Eso me dio seguridad y dije: “Si algo sale mal, algo para escribir voy a encontrar y me voy a ganar la vida escribiendo”.

 

–¿Todavía pensás en que todo podría salir mal y tendrías que encontrar una puerta de escape?

–Cada vez más, porque es bastante irregular el trabajo nuestro, hay cosas que yo no sé hacer y no quiero aprender. Hay usos nuevos que me quedan lejísimos. Hace 15 años podía producir cualquier programa de televisión; hoy tengo la suerte de poder producir los que se me ocurren a mí y es una ventaja enorme porque si no tuviera esa posibilidad, hay cosas que no sé si sabría hacer.

 

–Ustedes demostraron que se puede hacer un programa exitoso a la mañana sin meterse en el escándalo del momento, ¿ahí hay una decisión de producción?

–La decisión no es no hacer algo, sino hacer lo que teníamos pensado. A veces, con una propuesta diferente, te va mejor. Siempre trabajo igual, siempre pienso en la historia, lo veo como parte de un engranaje de algo que viene. Sé que hago tele porque otro hizo tele antes. Lo que sí es una rareza es que todavía hago una televisión bastante artesanal, todavía hay espacios para una televisión más artesanal. Ante la posibilidad de hacer mal lo que otros hacen bien, yo voy con la mía, voy con mi cuento. Mi cuento es, en este caso: lo rico, si es lindo, es más rico. Tratamos de hacerlo lindo. Nos gusta lindo. 

 

–¿Cómo llegás a lo que escribís? ¿De dónde nace la creatividad?

–De mí. Ahora estoy con un guión, que ganó un concurso en otra productora y estoy esperando que lo activen. Es una ficción, que es lo que más me gustaría poder plasmar alguna vez. 

 

 

–¿Cuándo te sentiste productor por primera vez?

–Tenía 15 años, entendí de qué se trataba ser productor el día que arruiné el final de la miniserie de Hugo Moser. Era una escena de acción al borde del río, un tipo desde arriba del barco se agachaba y sacaba una bolsa de guita que es la que se había buscado durante toda la miniserie, estaba abajo del agua. Se ensayó esto, lo otro, el barco que venía, el auto que corría, y cuando llegó el momento de grabar, hay un boludo que está haciendo fuerza, ¿viste? La bolsa no bajaba, y Moser, re-caliente, abre la bolsa y la habían llenado con madera: “¿Quién fue el pelotudo que armó un botín con una bolsa de madera?”. Todos empezaron a mirar y estaba el nene de 15 años que levantó la mano. Me cagaron a pedos y entendí de qué se trataba ser productor. Ser productor es entender que todo importa; y cuando hay algo que no te importa, estás arruinando todo. Después aprendí, me pasó ahí y no me pasó más. En mil cosas de la vida soy distraído pero ahí no me pasa más, presto atención.

 

–¿Qué lugar ocupa la radio?

–Es lo más lindo de hacer. Escribir, producir televisión y conducir radio son los tres lugares en los que más cómodo me siento. Es más cómoda la conducción de radio que la de tele. Es el lugar en donde por momentos siento que los tengo en la mano, que les voy contando un cuentito y los tengo, más o menos, entretenidos. Me encanta. 

 

–Sos uno de los productores de Relatos salvajes. ¿Vas a seguir por ese camino?

–Sí, mi historia es la de un tipo que quiso ser guionista, y fue capaz de llegar a ser gerente de programación antes de terminar un guión a tiempo. Ahora tengo una comedia nueva que a Axel Kuschevatzky le encanta. 

 

–¿No es muy difícil ser productor y conductor de un mismo formato?

 –Sí, es muy difícil.

 

–¿Se puede disfrutar?

 –No. Me parece que disfrutás momentos, ocasionalmente.

 

–Está bueno poder hablar en televisión abierta de Piazzolla, por ejemplo, midiendo bien.

 –Si no midiera, buscaría otros recursos. Lo que sí creo es que está mal no probar lo que te gusta. Yo no digo: “Lo mío es mejor”. Yo veo, y me molesta un poco que nadie prueba.

 

–¿Hay algunos conductores que surgieron en los últimos años, en la última década, que tienen más marketing que contenido?

 –Para mí, sí. Pero se ve que es lo que hay que hacer, porque ganan más plata que nosotros. No tengo nada que criticarles. Sí veo que algunos laburan más afuera que en la información, otros no. Hay de todo. A mí me gusta el conductor que tiene cuento propio, que tiene una mirada del mundo. Yo tengo mis propios modelos y son, justamente, conductores que han sido muy buenos en el trabajo y muy malos en el marketing. Se ve que heredé esa cultura.

 

–¿Quiénes?

 –Está lleno de tipos que quieren ser Tinelli. Algunos con más suerte, otros con menos suerte, a algunos se les nota que quieren ser Tinelli y están lejos de eso. No es mi caso, yo quiero ser como Juan Carlos Mareco. Alguien agregará: “Quedate tranquilo, no tenés cómo carajo ser Tinelli”, y es cierto, pero yo agregaría: “Vos también quedate tranquilo. Tampoco tengo el talento de Mareco”, pero esos modelos funcionan como un faro para mí.

 

–En una charla imaginaria con el pibe que eras a los 12 años, cuando empezaste esa investigación y comenzó este recorrido, ¿qué consejo te darías?

 –“Vas bien. Andá a todos los lugares adonde fuiste.”

 

–¿Profesionalmente, no te arrepentís de nada?

 –No. Hice programas feos, me metí en un par de líos, pero, ¿si no, cómo sabés? Alguna cagada tenés que hacer y ninguna fue tan grande.