Dos abuelos que se desnudan en el jardín, una mujer que se mete en casas ajenas, otra que vuelve a Tokio para escrachar a los que la maltrataron y un futbolero que sufre el descenso son personajes que obligan a no soltar el libro hasta el final.

 

Javier y Marga están separados, tienen dos hijos y ella volvió a estar en pareja. Como hace tiempo que él no ve a los chicos, pasa a visitarlos con sus padres, con la esperanza de que pasen unos días con sus abuelos. Pero los chicos no llegan y, mientras tanto, sus abuelos los esperan ahí, en el jardín de la casa de vacaciones, contentos, pero desnudos. Juegan despreocupados como si nada. Parecen inofensivos. Marga ve la escena y grita, insulta, cuestiona: ¿por qué lo hacen?

 Javier no lo sabe. El caso es que los chicos llegan, saludan a su padre, preguntan por sus abuelos y, en un descuido, desaparecen. No están ni en el cuarto, ni en el living, ni afuera. Pero poco a poco empiezan a aparecer sus prendas tiradas sobre el césped –un pantaloncito, una remera, un calzoncillo– y entonces el escándalo se desata.

 Este escenario plantea “Mis padres y mis hijos”, uno de los relatos de Siete casas vacías, el nuevo libro de cuentos de Samanta Schweblin, ganador del Premio Internacional Ribera del Duero. Un universo que en cualquier momento cambia de signo y se vuelve perturbador sin aviso. De esta materia se nutre su ficción. De escenarios reconocibles, domésticos, en los que lo cotidiano está apenas alterado, como si lo más inquietante se alojara en esos pocos centímetros en los que algo se corre de eje. Al igual que en otro de los cuentos, “Nada de todo esto”, en el que una mujer intenta por todos los medios entrar en casas ajenas ante la vergüenza de su hija, las relaciones familiares son la excusa perfecta que Schweblin encuentra para poner en escena la oscuridad y la locura que consienten los vínculos más cercanos; ese delirio que sólo soportamos cuando el loco es un conocido. 

 

ME VERÁS CRECER

 

Amélie Nothomb lo hizo de nuevo. La escritora belga que con puntualidad inglesa publica un libro por año sigue acercando grajeas de su vida en cada una de sus ficciones.

En su última novela, La nostalgia feliz, Nothomb vuelve a Japón, donde vivió los primeros años de su infancia debido al trabajo de su padre como diplomático. 

Esa tierra que la vio nacer y que años después sería el escenario de Estupor y temblores, la novela que la llevó a la fama en 1992, en la que contó las humillaciones que sufrió al ser contratada para trabajar durante un año como intérprete en una empresa con sede en Tokio. 

Una novela que con humor mostró el lado B de la cultura empresarial japonesa: sus abusos de poder, sus arbitrariedades, sus absurdos y miserias. Esta nueva entrega sigue a Nothomb varias décadas más tarde, cuando acepta la invitación de un canal de televisión francés que quiere grabar un documental con ella volviendo a Japón, después del escándalo que supuso la traducción de su obra a ese país.

Allí va a buscar a su primer amor, Rinri, un japonés exitoso que sigue al tanto de su vida por ser lector de sus novelas, y también a quien fue su niñera hasta los cinco años, su “segunda madre” japonesa, que sigue viviendo en el pueblo de su infancia del que, después de un terremoto, ya no queda casi nada.

Quien la haya leído ya lo sabe: Nothomb sabe como nadie entablar un pacto autobiográfico con el lector. Al ser invariablemente la protagonista de sus propias historias, su literatura funciona como una suerte de diario íntimo por entregas. Esta vez vuelve al lugar idealizado de la infancia, que fue el mismo que la expulsó en su juventud. Y la nostalgia feliz hace el resto.

 

DECIME QUÉ SE SIENTE

 

¿Hay algo más escandaloso para un futbolero que irse al descenso? No lo creo.

Sábado, souvenir de la B es la crónica dibujada de cada uno de los 38 partidos que en 2011 River Plate jugó en la Primera B Nacional. A cargo de Esteban Serrano, dibujante e historietista confeso hincha gallina, el resultado es una rareza que funciona tanto para lectores millonarios como para sus eternos rivales. Cada crónica está resuelta en una página y arranca con el resultado del partido. A veces son sólo escenas de lo que pasó en la cancha. Otras, viñetas que retratan el calvario personal del propio autor, con sus cábalas, sus broncas, sus críticas, sus alegrías. Un libro con humor, mucha ironía y lo que es más curioso, mucha poesía.