El director de la película récord del momento está listo para más: espera a su segundo hijo con la actriz Martina Gusmán, filmará una película en Bollywood, hará teatro y prepara un proyecto para Netflix.

 “Es un año de locos, todo sale lindo”, dice Pablo Trapero en un tono en el que se mezclan muchas alegrías. Conjunciones de una vida que ha sabido cómo equilibrar entre sus búsquedas artísticas y personales. Allí están el fenómeno de El clan y la panza de Martina Gusmán, su mujer, la actriz y madre de Mateo con la que espera a su segundo hijo. Las paredes de las oficinas de Matanza Cine dan cuenta de esta historia que se inició en 1999 con Mundo grúa. Un sinfín de credenciales cuelgan como merecidos trofeos. “Es una manera de ver el paso del tiempo y los cambios de estilo –bromea Trapero ante los retratos impresos en los plásticos que dejan leer su nombre–. Estoy con pelo, pelado, con mucho pelo… Acá está la de Mateo.” La de Mateo no es cualquier credencial, es la que convirtió a su hijo en el acreditado más joven en el Festival de Cannes, con sólo 41 días.

–Martina no aguantó y el 8 de agosto posteó en Instagram una foto de la pancita con las manos de ustedes entrelazadas y la frase “pura felicidad”. 

–Los dos sentimos que ya era tiempo de volver a pensar en tener otro hijo. Lo veníamos hablando. Y llegó en un gran momento, de mucha felicidad.

–En una etapa de mucho trabajo, con un hijo de trece años.

–Estamos felices, siempre nos acompañamos, sabemos movernos en bloque (risas). Martina está con las grabaciones de la producción de Underground (El marginal) que dirige Adrián Caetano y yo a full con El clan y todo lo que vendrá.

La luz natural invade la productora que Trapero y Gusmán armaron en 2002 con el estreno de El bonaerense. Los ventanales dan cara al verde del parque Los Andes y a los bloques de cemento que se alzan sobre la avenida Forest, en el barrio de Chacarita. Cada rincón está cubierto por afiches de sus películas, cuyos títulos pueden leerse en diferentes idiomas. También está la investidura de Caballero que recibió el 30 de junio pasado. Pablo, el muchacho que nació el 4 de octubre de 1971 y creció en San Justo, entre la escuela salesiana Don Bosco y el negocio de repuestos de autos de su viejo, fue distinguido como Chevalier L’Ordre des Arts et des Lettres por el Ministerio de Cultura de Francia. Reconocer tal condecoración le da pudor, el mismo que suele causarle cuando es invitado de honor a retrospectivas de sus obras, a tributos en distintas partes del mundo. “Uno piensa que esos reconocimientos suelen hacerse a directores que están por retirarse o cerca de eso, directores de muchos años. Claramente, estos reconocimientos son un estímulo. Siempre digo que voy a seguir filmando, que me falta mucho”, asegura.

Y cómo no va faltarle mucho, si Pablo tiene 43 años y desde sus inicios se transformó en el mayor embajador del cine contemporáneo argentino: en 2014 fue el primer latinoamericano en presidir el jurado de la sección Un Certain Regard en Cannes, el mismo puesto que alguna vez ocuparon Emir Kusturica, Ken Loach, los hermanos Dardenne y Kiarostami, sólo por nombrar algunos. Hoy, es el director de la película argentina que bate récords y la situación no deja de sorprenderlo: “No hay día que no abra un diario, una revista o vea un canal de televisión que no hable de El clan. Muchas veces es el punto de partida para distintos tipos de análisis. Aparecen personajes que aportan más datos, o simplemente gente que postea fotos de lo que fue la casa de los Puccio. Hace poco saqué una cuenta en Twitter (@ptraper) y no paro de recibir comentarios de gente de edades muy diferentes que cuenta cómo le impactó la película, lo que le gustó, lo que no”. 

–Tu cine jamás pasó inadvertido. Siempre, de alguna manera, sacudió al espectador y provocó cambios (tras Leonera se aprobó la prisión domiciliaria para madres; Carancho influyó en el proyecto de ley para proteger a víctimas de accidentes de tránsito, y Elefante Blanco sugirió el Plan Nacional de Abordaje Integral).

–El público y la crítica siempre me acompañaron, estoy muy agradecido con lo ocurrido. Una película no puede cambiar las cosas, pero sí provocar cambios, y eso es esencial para mí. Cuando pasa eso, me siento orgulloso porque ves cómo trascienden las películas, que van más allá de un premio en un festival, que obviamente es muy bueno y muy estimulante. Pero saber que una película tuya ayudó a que salga una ley es único. El transcender es la razón por la que hago cine. Porque las películas acercan mundos, realidades.

–Siempre jugaste con esa delgada línea entre lo que es real y lo que es ficción. 

–El clan es el primer caso real que abordo en el cine, podría decir que es mi primera película de época, en la que reconstruyo un momento especial de la Argentina, que va de 1982 a 1985, un período de transición entre la dictadura y la democracia.

–Buena parte de la acción de El clan se centra en la relación que mantiene Arquímedes (Guillermo Francella) con su hijo mayor, Alejandro (Peter Lanzani).

–Siempre busco que haya una conexión sensorial, por lo general se traza con los personajes, con la historia. Quizá no recuerdes bien de qué iba Mundo grúa, pero sí te acordás de Rulo, o del cura Julián, que interpretó Ricardo Darín en Elefante Blanco. Me gusta el cine como experiencia sensorial. En El clan, la primera víctima de Arquímedes es su familia. Me preguntaba cómo era posible que sus hijos, su mujer, nunca le hubiesen dicho que no a lo que proponía. Ellos fueron los primeros en sufrir esta manipulación tan extrema. En la película hurgo más en las relaciones familiares y sociales que en la trama policial. Es un thriller melodramático. Todos somos hijos, muchos somos padres, y eso ayuda a comprender o por lo menos entender el contexto de los hechos, sin quitar responsabilidades ni culpabilidades de lo ocurrido.

Entre los proyectos que Pablo tiene en carpeta hay uno que lo tiene muy entusiasmado: “Voy a dirigir teatro, acá y en el exterior. Estoy tratando de volver a eso, a lo que una vez hice. No puedo decir mucho más. El proyecto para hacer afuera probablemente salga antes”.

–¿Vas a abandonar el cine?

–No, para nada. Lo que voy a hacer en teatro es un gusto personal, un desafío.

Antes de ponerse detrás de cámara con El clan, Trapero estuvo trabajando durante dos años para la productora Working Title sobre una novela de Vikas Swarup, el mismo autor de ¿Quién quiere ser millonario? Después de tantas idas y venidas, parece ser que el thriller a rodar en la India, en Bollywood, se reactivó: “Todo está por confirmarse, son muchas las cosas que están dando vueltas, como el proyecto que estamos pensando para Netflix –anticipa–. Como productor hay un filme que estamos por cerrar con un gran elenco y un muy buen director. Todo está ahí”.

Sonríe. Se lo ve feliz. Pegadito a la puerta de entrada de Matanza Cine lo espera la bicicleta, la campera negra, los guantes y el casco. Es que cada vez que puede, Pablo se mueve por las bicisendas de la ciudad, y cuando estas desaparecen intenta encontrar aquellos caminos alternativos que lo alejan del caos.