Forma parte del fenómeno con el que las Kardashian cambiaron la cultura pop. La segunda hermana menor del clan más famoso se impone con su aristocrático sense of style, gestos de top model y una encantadora insurrección contra los suyos. ¿Cómo sobrevivir a una media hermana ególatra, una madre mercantilista y un padre transgénero con su propio reality show? Siendo fabulosa.

Lengua con lengua con su BFF Cara Delevingne o bajoneando yogurt helado con Gigi Hadid por las calles de NY. Ahí va Kendall Jenner, que toda su vida quiso sentirse una chica de Blow- Up. “Siempre seguí lo que hacían las supermodelos. Ellas son como mis superhéroes”, dijo alguna vez la segunda más chica de las Jenner, media hermana de esa raza de socialités universales llamada Kardashian. ¿Cómo es que Kendall, que nació rica y que estuvo en la tevé antes de ser lo suficientemente mayor para manejar, ha podido sobrevivir al clan sin caer en el mal gusto? Fue a la sombra de la mediática Kim y bajo la supervisión de Kris Jenner, “momanager” (mom + manager) responsable de multiplicar los diversísimos emporios de las chicas. Desde soutiens, ropa para niños, juegos, rímel y hasta extensiones, las K’s le terminaron de poner cara al marketing como se lo conoce hoy. Kendall y sus hermanas son todo un fenómeno de época: entramos en sus vidas gracias a su reality show familiar, que las registra los 365 días del año (Keeping Up with the Kardashians), conocemos en detalle adónde van sus culos XL gracias a los paparazzi, y millones de seguidores en Instagram las espían, las copian como soldaditos o las consumen irónicamente. Lo cierto es que Kendall supone ser el upgrade de sus hermanas; la versión mejorada.

El éxito de Kendall en la industria de la moda se define por todo lo que no es su familia. Es chic, tiene sentido de la moda y se transformó en una trendsetter. Si la nave nodriza Kim logró convertirse en “ícono” a la fuerza gracias a la tapa de Vogue –craneada entre Kanye West y su amiga Anna Wintour–, Kendall conquistó a la industria de un día para el otro y de modo genuino. Pisó fuerte en las pasarelas más reputadas el año pasado, cuando debutó en el Paris Fashion Week, oportunidad en la que decidió desinvitar a Kim porque no quería que el peso de su familia impactara en su trabajo. ¿Su primera gran jugada? Un catwalk en topless para Marc Jacobs causó sensación, y luego hizo otro tanto en colaboración con amigos esenciales del clan, directores creativos de las maisons parisinas de Givenchy y Balmain, Riccardo Tisci y Olivier Rousteing. Mientras marcas como Chanel piden explícitamente a los periodistas no incluir a su mamá entre las celebridades invitadas a sus desfiles, el káiser Karl Lagerfeld dio el golpe de gracia: erigió a Kendall en su musa y hasta la hizo posar con su gato de angora Choupette. Como si esto fuera poco, protagonizó las campañas de Calvin Klein y Estée Lauder. Su éxito como top lo resumió la estilista y periodista británica Katie Grand: “Definitivamente, Kendall Jenner fue la chica de la temporada”.

Escorpiana, 19 años, 35 millones y medio de seguidores en Instagram. Apenas algunas señas particulares. ¿En su haber amoroso? Coqueteos con Harry Styles, Nick Jonas y hasta Justin Bieber. La it girl viene rompiendo corazones desde el jardín de infantes, donde tuvo su primer crush amoroso. “Fue con un chico que me dijo que tenía tigres en su ático”, dijo, aún encantada por semejante ocurrencia freak.

La selfie como cuestión de estado. Parecería no existir celebridad que se les resista. La autofoto es ese espacio que se construye entre el hedonismo propio y cómo uno quiere que lo consuman. ¡Si lo sabrá su media hermana, toda una queen made selfier! Por eso es que sobre su furor en la redes sociales, sólo se anima a decir: “No hay ningún secreto. Sólo me divierto y no me lo tomo demasiado en serio. Excepto las selfies, que tienen que ser serias”. Y como Kim, coincide que el consejo para la selfie perfecta es “sólo una buena iluminación”. A pesar de que vive publicando en las redes, ensayó una reflexión inesperada: “Pienso que las redes se llevaron a nuestra generación. Son una gran parte de nuestras vidas y es muy triste”.

La evolución del sueño americano. “Mi abuelo creció en un orfanato en Brooklyn y ahora yo estoy en París, y me hospedo en hoteles como el Four Seasons. Todos mis antepasados estarían muy orgullosos”, dijo Kendall, que reveló que sus familiares eran capaces de dormir en el vagón de un tren con tal de perseguir sus sueños.

La fama heredada. Dice que al crecer, siempre se sintió diferente. “Incluso antes del show, mi papá era quien era, un atleta olímpico (Bruce Jenner, hoy convertido en la revolucionaria Caitlyn Jenner). E íbamos a premieres, como el estreno de películas tipo Finding Nemo. Éramos chiquitas y ya caminábamos la alfombra roja”, contó la top, para quien era muy usual visitar Neverland, el famoso rancho de Michael Jackson. “Siempre me lo cruzaba y no lo podía creer.” Ser famosa desde la cuna la hizo distinta: “Es raro. Entiendo que desde afuera crean que no es normal mi vida”.

Kardashian not allowed. Es tan profunda la “inception” (en términos del filme de Christopher Nolan) de las Kardashian en la cultura pop que en los Estados Unidos parece estar creciendo un movimiento de resistencia contra ellas. Mientras el blogger Perez Hilton, cansado del exceso de noticias sobre las hermanitas, decretó una semana de silencio en su portal, Beverly Hills cada vez más se llena de carteles de artistas urbanos que les prohíben el estacionamiento. Son sabidos sus problemas al volante y los eternos aparcamientos en doble fila para ir al gym o ir de shopping.

It girl provocativa. En la tapa de The Love Magazine, Kendall se mostró por primera vez tan cerca de su BFF (algo así como “mejor amiga por siempre”) Cara Delevingne que se desataron todo tipo de especulaciones sobre si había algo más que una amistad. En el shooting, Ken es sostenida a caballito por Cara, mientras esta apoya su cabeza en el pecho de aquella, de modo muy sugerente. Lejos de desmentir un romance, las tops no dudaron en rozarse y abrazarse más de la cuenta en la entrega de los British Fashion Awards.

Es tendencia. Lo que se ponga se convierte en tendencia. Desde los jeans de cintura altísima, hasta su último fetiche: su cinturón favorito, ancho y de doble hebilla con el que impactó en el festival de Coachella, y que lo repite sobre suéters, remerones o camisacos. Mientras sus hermanas, sobre todo Kim, no sale del baño sin sus sandalias gladiadoras, Kendall usa slippers y hasta alpargatas, siempre con gracia y estilo.

Kendall condensa el encanto de una top, reputación social por arriba de la media entre las celebridades, la rebeldía justa y la suficiente onda natural como para ser mucho más que una it girl.