A LOS DIEZ AÑOS DECIDIÓ QUE QUERÍA SER ACTRIZ; NO FAMOSA: ACTRIZ. DESPUÉS DE VARIOS PAPELES EN LAS FICCIONES MÁS VISTAS DEL PRIME TIME, HOY SE LUCE COMO LA VILLANA DE ESPERANZA MÍA Y PROYECTA UNA PROMETEDORA CARRERA COMO CANTANTE MIENTRAS AFIRMA QUE SU MEJOR VERSIÓN ES LA ESPONTÁNEA.

 Espontaneidad. Esa es la palabra que mejor la define. Ella lo sabe, se lo dicen y lo reconoce: “Me gusta cuando soy yo, cuando hago las cosas sin pensarlo demasiado. Sí, soy mejor espontánea”, confiesa Natalie Pérez, la actriz, la cantante, la mujer que juega a ser otras y que hoy compite con el personaje de Lali Espósito por el amor del cura en Esperanza mía. Natalie es Eva, la mala de la historia. “Me divierte, pero hay que bancarse que te abucheen en el teatro o te pregunten por qué sos tan mala. No todos entienden y es increíble cómo te pueden amar u odiar en un segundo”, reflexiona mientras arquea sus pestañas frente al espejo intentando no decirlo todo. Pero lo dice: “Soy un ser humano; tengo días con la autoestima alta y otras veces la tengo bien abajo. No lo puedo evitar, y el problema es que no me sale mentir, no sé mentir, no sé cómo. Si estoy mal, estoy mal ”.

Está cansada, desde que arrancó con la tira de Pol-ka, entre las grabaciones y el musical de Esperanza mía –que ahora gira por el interior del país–, no paró ni un segundo. “Ojo, no es la primera vez que hago tira y teatro –aclara–. Lo hice con Camila. El musical y El diluvio que viene, pero ahora estoy en una situación diferente.” Y enseguida agrega que hay pocas decisiones que haya tomado con tanta certeza como la que abrazó a los diez años: “Decir que quería ser actriz fue la decisión de la que más segura estuve en mi vida. No soy una persona disciplinada, de hecho soy de las que abandonan todo rápidamente, pero la actuación sí duro y lo resolví de muy chica. Nací para esto, para ninguna otra cosa”.

” Me encanta que me reconozcan, pero no a mí sino a mí trabajo, es importante para un actor. Lo que me cuesta es que sólo griten. Soy muy agradecida, sé del cariño, pero hay días y días”

–Decías que ahora estabas en una situación diferente, ¿a qué te referís?

–Hace cinco meses que vivo con Ramiro, y en este tiempo casi no lo vi. Estoy cortando el cordón con mamá (hace una pausa) y voy a cumplir 29.

–¿Crisis?

–No, crisis no es, ni en pedo, pasa por otro lado. Es falta de tiempo, está buenísimo el trabajo en la tele, en el teatro, pero es mucho, casi no veo a nadie. Se disfruta el momento arriba del escenario o cuando grabás, pero no es fácil. El combo de “tira, teatro y tu vida” es mortal, por lo menos para mí. Requiere de mucha energía.

–No todo es color de rosa.

–No, no todo es color de rosa. Es hermoso, pero es cansador. Hay momentos de princesas y de sueños: cuando se abre el telón es pura magia y no existe nada más que eso, no estás cansada, no tenés novio, ni perro, ni fiebre, aunque el termómetro marque 40. Lo de la magia del teatro es real, se va todo.

–Con Ramiro se conocen desde los tres años.

–Sí, es mi mejor amigo, me entiende, me tiene mucha paciencia y no es fácil, estamos intentando una convivencia. Él lo está intentando con alguien que no pasa más de media hora en casa. Es un genio, el más lindo.

–¿Es cierto que no te cela?

–Para mí es una mentira. Lo que pasa es que él es más vivo que yo porque yo soy celosa efusiva, demostrativa, no lo puedo controlar, en cambio él sabe cómo hacerlo.

–Algo te debe decir cuando hacés escenas jugadas o producciones fotográficas sexy.

–Me re-cuesta ese papel, me da mucha vergüenza. Es re-loco porque en la intimidad, todo bien, pero cuando pienso que del otro lado están mi papá, mi abuelo, los amigos de mi papá, mi novio, mi hermano… No logro separar esa parte, igual tampoco es que jugué mucho.

–Pero cuando lo hiciste, ¿te dijeron algo?

–Como saben que no me gusta mucho hacerlo, entonces ni lo comentan. A lo sumo me dicen “qué linda” y ya está, se habla de otra cosa. Eso sí, mamá, papá, todos compran la revista o ven el programa, pero apenas dicen algo. En cambio, yo trato de no ver ni leer nada.

–Graduados, Vecinos en guerra, Guapas, Esperanza mía: estás logrando reconocimiento de públicos diferentes.

–Si, es cierto. Igual no deja de ser raro, cuando veo a las chicas, a las fans, que van a la puerta del canal, les pregunto “¿qué hacen acá?”. Les digo que no se queden, que vayan a hacer algo de sus vidas, que salven al mundo, que hagan algo.

–¿En serio les decís eso?

–Sí.

–¿Y qué te responden?

–Que nos vienen a hacer el aguante. Es raro lo que pasa, como si no lograran ver que detrás de ese personaje de la tele hay un ser humano que puede tener un buen día o un mal día, que podés estar cansada. Muchos te dicen que es parte del trabajo, pero si arrancaste a las 6 de la mañana y a las 12 de la noche no querés sacarte una foto, no es porque seas una mala persona, sólo estás cansada, con ganas de llegar a casa. No quiero que se enojen conmigo pero hay un nivel de exigencia muy alto las 24 horas. Ojo, me encanta que me reconozcan, pero no a mí sino a mi trabajo. Yo no quise ser famosa, sino actriz. Me gusta que me digan “te vi en Camila” o “te vi en Guapas”, es importante para un actor. Lo que me cuesta es que sólo griten. Soy muy agradecida, sé del cariño, pero hay días y días.

–¿Qué pasa con la Natalie cantante?

–Ahí está, esperando el momento. Ahora estoy estancada porque encarar un proyecto requiere de tiempo y no lo tengo. Es algo que quiero hacer y están las canciones, están los músicos. Igual me da pánico.

–¿Por qué?

–Necesito estar muy segura para hacer las cosas, aunque a veces las haga sin estar segura del todo. Ya sé, es una contradicción. Lo que quiero decir es que cuando se trata de emprendimientos más personales, donde me expongo por completo, necesito estar segura porque la que canta no es Eva sino Natalie. La primera vez que canté como Natalie me costó mucho, porque siempre lo había hecho a través de un personaje. Me cuesta, lo disfruto un montón, pero no es fácil. Están el deseo, las ganas y también el miedo.

–Abrís una puerta a tu mundo.

–Totalmente. Dejo que entren en mi mundo, porque cantar es algo muy íntimo, lo que digo es muy mío, es exponerme de otra manera. La sensibilidad en el arte se presenta de otra manera, y en la canción todo es mucho más literal.

–¿Qué te inspira?

–Todo, la vida misma. Soy de estar en un lugar, en silencio, observando, mirando cómo actúa la gente. Para mí es importante no perder la capacidad de observar y de escuchar.

–¿Qué hacés cuando aparece la inspiración?

–Para lo único que me sirve el celular, en esta era tecnológica de la que no soy muy amiga, es para grabar. Se me ocurre algo en cualquier lugar y lo grabo. Los momentos de ocio son necesarios para la creatividad.

–Para el Día de la Bandera hiciste un clip con “Aurora” que se puede ver por YouTube y en tu cuenta de Facebook.

–Siempre me gustaron los himnos. En casa siempre cantaba canciones como “Aurora”. Le comenté a una amiga, Denise Kemelmajer, que tenía ganas de hacer algo para el Día de la Bandera y me propuso hacer el clip en Rosario, en el monumento. Soy un alma inquieta, me gusta generar cosas con amigos. Nos divertimos y nos dimos un mimo como argentinos.

–¿Te gusta cómo somos los argentinos?

–Somos muy particulares. Somos un pueblo muy solidario, pero al mismo tiempo no lo somos. Ante situaciones de urgencias, como las inundaciones, allí estamos, no lo dudamos, pero en el día a día nos cuesta mucho el registro con el otro. Siempre pongo de ejemplo lo que pasa con los baños públicos, que son un asco. No pensamos que después alguien tiene que limpiarlos. ¿En tu casa no te enseñaron algo diferente? Lo mismo pasa con los espacios públicos, en la calle. No se trata sólo de donar, de estar en las emergencias, sino en las cuestiones más pequeñas.