Es conductor de C5N y Radio One, aunque saltó a la fama por liderar la primera camada de referentes en redes sociales. Galán por naturaleza e influencer por derecho propio, hizo la primera transmisión en vivo de YouTube en la Argentina y tiene miles de fanáticas que deliran con cada uno de sus tuits o selfies de Instagram. Diario de un comunicador 2.0.

 El despertador suena a las 5.15 todos los días.

Él se levanta sin mucho tiempo para pensar, agarra la mochila que preparó el día anterior, se pide un taxi y sale para la radio. La primera palabra la dice en el taxi y la segunda al aire, cuando arranca Morning Time, de 6 a 10 por Radio One 103.7.

Diego Aníbal Poggi nació sietemesino el 20 de noviembre de 1987. Su llegada al mundo de manera prematura lo mantuvo un mes en la incubadora, y su mamá, para que no se sintiera solo, le puso una radio al lado. Más allá de su éxito en Twitter, Instagram, Facebook, Snapchat, YouTube (hizo la primera transmisión en vivo del país), la televisión y cuanto medio de comunicación se nos ocurra, lo suyo es, fue y siempre va a ser la radio. Y tanta exposición parece no afectarle: siempre de buen humor, cómplice y con ganas de sacarle una sonrisa a quien se le cruce.

Su simpleza lo hace el número uno y referente de esta nueva generación 2.0 que no se despega del teléfono ni un segundo. Todo se comunica, todo se transmite, todo se comparte.

Una nueva forma de vivir a través de un filtro de Instagram, de 140 caracteres y de videos que muestran personas auténticas lejos de las poses y la distancia que siempre generaron las grandes figuras del espectáculo. La posibilidad de inventarse a uno mismo fascina a millones de usuarios, y a partir de ese momento nace un nuevo paradigma en cuestiones de entretenimiento. Curioso por naturaleza, Diego hace de la vida cotidiana un trending topic constante. Una nueva generación de comunicadores está naciendo, y Poggi es el puntero.

–Sos muy joven, y sin embargo da la sensación de que estás hace muchos años en el medio, ¿cómo empezaste?

–Toda mi vida escuché radio y era de los que llamaba para pedir canciones. Un día fui a buscar un premio a la radio y una de las chicas que trabajaba ahí me invitó a quedarme. Me gustó tanto la experiencia que al domingo siguiente le pedí a mi viejo que me lleve. Y así todos los domingos. Él me quería matar porque le gustaba mirar las carreras de autos y me tenía que llevar a la radio, pero sabía que era lo que realmente me gustaba, entonces lo hacía. Yo tenía 13 años y estaba terminando séptimo grado. En primer año dejé de ir a Educación Física; de hecho, no fui en toda la secundaria: me pedía los días e iba a la radio porque había conseguido un programa para mí en donde hacíamos juegos. A partir de ahí, no paré.


–Tu gran amor, sin lugar a dudas, es la radio.

–Sí. De todas maneras, hoy hago tecnología y redes sociales en el noticiero del mediodía de C5N, tengo un programa que se llama Stalkers por el mismo canal los viernes a la noche, además de ser muy activo en redes sociales. Pero sí, la radio me apasiona y hoy tengo la suerte de poder estar al aire todas las mañanas en Radio One de 6 a 10 haciendo Morning Time.

–Siendo un comunicador multiplataforma, ¿cómo hacés para balancear todo?

–Las nuevas tecnologías y las redes sociales, como Twitter, Snapchat, Facebook e Instagram, están buenísimas y ya son parte natural de mi generación, no me es un problema congeniar con todo al mismo tiempo porque es algo que tengo incorporado. El desafío es saber capitalizarlos en la tele y en la radio, porque son medios que se están muriendo de la manera tradicional y está bueno que todo se pueda aggiornar. Hoy en día los pibes son fanáticos de youtubers, justamente, porque son iguales a ellos. El desafío es buscar insertarlos en los medios masivos.

–Lograste en muy poco tiempo lo que otros tardan años en alcanzar.

–No hago ningún esfuerzo para ser alguien, no tengo tiempo para pensar en eso, simplemente soy. Trabajo sin parar desde los 13 años, me gusta laburar y no soporto a la gente que no lo hace. Me da bronca quienes tienen un trabajo y llegan de mala gana, llegan tarde o no dan todo de sí para que las cosas salgan bien. A mí me encanta lo que hago. Un montón de gente no tiene la posibilidad de hacer lo que le gusta y todos mis trabajos fueron un placer para mí. Justamente por eso lo hago con tanta alegría, empuje y satisfacción. Cuando eso pasa, las cosas se dan solas y siempre salen bien.

–¿Cuál es la fórmula para inventarse a uno mismo?

–Siempre tuve mucha suerte en mi vida, nadie me ayudó y nunca tuve contactos que me puedan acomodar en ningún lado. Mi viejo es mecánico; mi vieja, ama de casa casa. El modo siempre fue el mismo: levantarme y tocar puertas pidiendo un lugar. Soy muy agradecido de todos los que me dieron la posibilidad de vivir de lo que me gusta y poder crecer haciéndolo. Lo que nos permiten las redes sociales hoy en día es generar mayor independencia y descontracturar. Cuando no conseguía trabajo era por ser chico, no tenía experiencia y mil excusas más. Mi vidriera siempre fue Twitter, que me dio la oportunidad de mostrar a todo el mundo lo que yo hacía. Nosotros estamos dando el salto entre generación y generación. ¡Imaginate lo que va a pasar en años venideros!

–¿Cómo te llevás con ser famoso y que te frenen en la calle?

–Me parece que está buenísimo, pero a la vez es una locura. Siempre lo viví de manera natural y orgánica. Fue todo consecuencia del trabajo, porque me la pasé trabajando desde los 13 años para conseguir todo lo que conseguí. No es que estaba boludeando y de repente me apareció todo esto por un escándalo. Es lo que uno busca con este tipo de cosas, a veces el reconocimiento que uno no tiene de chico lo busca de grande. A mí nadie me reconocía nada de chico, hasta me pegaban en el colegio. Me hacían bullying porque era diferente: porque hacía radio, porque no jugaba al fútbol, porque me cortaba con otras cosas. Yo odiaba ir al colegio, la pasaba mal. Siempre busqué reconocimiento. Al principio la gente no confía mucho en lo que uno puede llegar a hacer. Cuando viene alguien por la calle y me dice “Che, te veo” o “Me hacés reír” a mí me llena el alma de una manera increíble. Uno, sin darse cuenta, se va haciendo amigo de la persona sin conocerlo, uno flashea una amistad y cuando te ven te dan ganas de abrazarlo. Me pasaba cuando era más chico y escuchaba a Peña y sentía que lo conocía, por eso ahora re-entiendo a la gente que me sigue. Me encanta que vengan a la puerta de la radio y que, por ejemplo, oyentes me hayan traído cartas o caramelos cuando mi papá estaba muy mal de salud. Esas cosas me dan mucha fuerza. El público siempre es muy respetuoso conmigo. No hay nada más lindo que cuando la gente se te acerca para decirte que le hacés bien.