En el camino hacia el éxito, liderar las propias emociones, creencias y capacidades puede ser tan importante como el talento o el entrenamiento físico.

 

Un deportista profesional siempre busca sentirse en la zona o estado de fluencia, consciente o inconsciente. El encuentro perfecto con ese estado lo hace sentirse en eje y poderoso, sus capacidades fluyen con naturalidad y la sensación de disfrute se vuelve infinita. ¿Es este estado un don de pocos afortunados?

 

Para nosotros, la respuesta es que este “estado” se entrena, y es la combinación perfecta entre cuerpo, mente y energía que colaboran entre sí. 

 

Un deportista de elite es una persona que tiene carga genética favorable, lo que se expresa en sus capacidades físicas extraordinarias. Sin embargo, para que se vean esas capacidades necesitará de un trabajo continuo llamado entrenamiento.

 

 

Hay otros aspectos en la construcción de un deportista que nada tienen que ver con los genes, y es decisiva para conseguir el éxito. Por nuestra experiencia, cuando dos personas entrenadas físicamente con las mismas capacidades o talentos tienen distintos resultados a la hora de competir es debido a cómo el exitoso lidera sus emociones, creencias y capacidades. Nuestro trabajo en la construcción de esa performance es enseñar a gestionar las emociones, detectar las creencias limitantes y cambiarlas por potenciadoras, ayudando a que se identifiquen y desarrollen sus capacidades.

 

Nuestra formula del éxito es, entonces:

 

TALENTO + ENTRENAMIENTO

FÍSICO + ENTRENAMIENTO

EMOCIONAL = ÉXITO

 

Nuestra misión es acompañar y facilitar el proceso de construcción de los resultados deseados por el deportista usando las más eficaces tecnologías, como la PNL, el mindfulness y el EPEP. 

 

¿Qué es el éxito en el deporte? Esta definición de Wooden y Carty tal vez pueda ayudarnos: “Es el estado de paz mental y serenidad alcanzado cuando hemos dado lo mejor de nosotros”. Es decir, nosotros conseguimos el éxito trabajando la fluencia. 

 

Fluir es disfrutar, es el estado más alto al que el deportista puede llegar, y la fluencia aparece cuando las capacidades encajan con las oportunidades de actuar. ¿Cómo construimos esa fluencia? Tomando conciencia del estado presente, para poder llegar a ese estado deseado y en esa brecha gestionar las emociones necesarias para alcanzar la meta. Iluminando los procesos operativos que actúan consciente e inconscientemente.

 

Carl Jung decía: “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y vos lo llamarás destino”. 

 

Consideremos un aspecto: el oponente que habita en la cabeza del deportista es más peligroso que el contrincante mismo, y ese oponente que habita en la cabeza actúa a través de nuestros pensamientos. 

 

Al principio afirmamos que el talento se hereda, aunque la imagen que tiene el deportista de sí mismo no es heredada: es aprendida y almacenada en forma de creencias. Estas creencias son un conjunto de ideas sobre quién es y hasta dónde puede llegar como deportista. En el EPEP lo llamamos programas o teorías que una persona tiene sobre sí mismo.

 

Si el deportista cree que puede perder –o que no está en condiciones de ganar, que no se merece o que no puede ser campeón–, sus pensamientos no están enfocados en el fluir. 

 

Hasta aquí hablamos de los deportistas individuales. ¿Y si se trata de un deporte de conjunto, por ejemplo el fútbol? A los conceptos ya nombrados les vamos a agregar la construcción de la mente del equipo. Cuál es su identidad, cuáles son sus capacidades, cuáles creen que son sus valores, cómo entramar lo individual en un sistema mayor y clarificar cuál es el sentido último de la fluencia para conseguir una meta común.

 

Nuestra pasión, en definitiva, es acompañar en la construcción de los resultados extraordinarios que llevan a nuestros deportistas a la meta diseñada.