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Blanca y radiante – El Planeta Urbano

 Sea para concretar el tan ansiado skiweek anual o para darse el lujo de volver a vacacionar por cuatro dias, septiembre es cada vez mas un mes de nieve plena mezclada con el gran atractivo de la epoca: un sol resplandeciente.

 

Si el sol y la nieve, por separado, suelen dar rienda suelta a cualquier fantasía de aventura, juntos invitan a comerse el mundo. La primavera los convoca para entonar el último estribillo de la temporada de esquí y los centros aprovechan para agasajar a los huéspedes que se atreven a concederse unas vacaciones a destiempo. 

Las compensaciones para los viajeros son muchas: precios derretidos en pases y clases, rebajas en rentals y alojamientos, menos ajetreo en los medios de elevación y pistas casi vacías. Los niños, por cierto, hace rato que volvieron a la escuela.

El paisaje de montaña aporta lo suyo y cambia de colores para mostrar los nuevos arreglos florales de la naturaleza. El outfit, en tanto, deja entrever siluetas que se contonean para volver a destellar un erotismo confinado hasta hace poco en capas superpuestas de poliéster.

Septiembre, en fin, ofrece un ecosistema distinto, con perfume de protector, de coco y de vainilla, chichoneo en los paradores y brindis a la intemperie. Como una playa transplantada a la montaña en la antesala del verano. 

 

EN CAMISETA 

El centro de esquí Chapelco Ski Resort, en San Martín de los Andes, recibe a los visitantes, mayormente profesionales y universitarios, con una trama de bosques imponentes que serpentean las 28 pistas y las 1.600 hectáreas squiables, con el lago Lácar y el volcán Lanín de centinelas.

El pase diario pasó de 630 de la temporada media a 555 desde el 6 de septiembre (790 cotizaba hasta el 1 de agosto), un 30 por ciento de descuento frente a la cotización de invierno. Las prestaciones son las mismas de siempre, lo que cambia es la nieve.

“En un mismo día vas a encontrar diferentes condiciones en la pista según la hora, lo cual lo hace divertido”, desgrana Agustín Neiman, director de la Escuela de Esquí y Snowboard de Chapelco Ski Resort.

La nieve se ablanda a medida que suben las temperaturas y se humedece hacia la tarde. “Durante la noche, con las temperaturas tan bajas, esa humedad se congela, por lo que a la mañana la nieve está más dura de lo normal, pero ideal para disfrutar”, explica el experto. Lo ideal es itinerar por diferentes pistas a partir de su exposición al sol, primero en la zona intermedia, hacia los 1.600 metros, con la nieve dura, y luego escorar la faena hacia la sombra, con la nieve más blanda, camino a la cumbre.

La consistencia apenas cambia la estrategia de conducción. “En las primeras horas necesitamos concentrarnos en los movimientos para optimizar el canteo, ya sea en esquíes o snowboard, y lograr más agarre en la nieve”, sugiere el profesor. Por la tarde, la nieve revuelta pide estabilidad. “Hay montículos en las pistas, el equilibro sobre la tabla o las tablas se torna más inestable”, advierte el experto. En la transición entre ambos mundos está el líquido amniótico del rider. La nieve ideal donde todos sueñan esquiar. 

La temperatura, más amable, le pone moño a la temporada. El cambio de vestuario adorna el horizonte de ropa entallada, fuera de la escala de carrera de embolsados del invierno. Al mediodía, los más osados se desmelenan sacándose las camperas y algunos zarandean la pista en camiseta y en vez de un pantalón de esquí van ataviados de un overpant liviano. En Cerro Bayo, en Villa La Angostura, refrendan la descripción. “Algunos se animan a esquiar en camiseta, las sensaciones son distintas e igualmente hipnóticas”, apunta la responsable de marketing del centro de ski boutique, Marcela López Ghitta.

“Sentís el sol en la piel, la temperatura cálida. La gente en los refugios se sienta en los decks, más que en el interior, hay música afuera y reposeras”, describe Neiman. “Desde la cumbre –se entusiasma– hay vistas increíbles de la cordillera, se llegan a ver los volcanes chilenos.” Las fotos evidencian el cambio de tono. Los cielos están despejados, más azules, en contraposición al semblante plomizo del invierno. En las terrazas, las cervezas comparten mesa con los ahumados.

 

 

LA LLAMADA DEL CALOR

Entre los espontáneos, exploradores de gangas y residentes, también se cuela un público afín a la estación, en procura de confort más físico, sin la intermediación de las inclemencias del tiempo. “A la mañana y a última hora de la tarde está fresco”, recuerda Neiman. Los recaudos trascienden el mes en curso. Es imprescindible el uso de buenos lentes y de protector solar y de labios. “En contra de lo que se cree, no se dejan de usar los guantes: es recomendable por seguridad y protección”, explica Neiman.

 

Para garantizar la provisión de nieve hasta el final de temporada, Chapelco dispone de ocho cañones móviles de origen italiano. Entre el fin de la tarde y la mañana, si es necesario, se encargan de tapizar las pistas con aire y agua presurizados a baja temperatura. “La producción en una temporada completa de estos ocho cañones puede estar entre los 45 mil y 50 mil metros cúbicos de nieve”, cuenta Miguel Righetti, jefe de Pistas de Chapelco Ski Resort. “La diferencia entre las calidades de la nieve natural y la fabricada casi no se nota porque todo depende de la temperatura, la humedad ambiente y la calidad con la que se ha programado la producción”, aclara. Ningún esquiador con vocación forense podría perfilar cuál es cuál. 

 

Los peatones también acuden a la cita en pleno subidón del termómetro. Hay paseos en trineos, itinerarios en motos de nieve, circuitos de raquetas de nieve y recorridos en back country (tablas con piel de foca) por bosque y miradores. Los encantos de San Martín de los Andes, mientras, esperan al pie del cañón.