Javier Cercas y Roberto Bolaño les siguieron la pista a algunos escándalos tan indignantes como increíbles y volcaron el resultado en novelas que hay que leer.

 

“La realidad mata, la ficción nos salva.” La frase se repite como un mantra en El impostor, el último libro del español Javier Cercas, en el que cuenta la historia de Enric Marco, un hombre que se hizo pasar por sobreviviente de los campos de concentración nazis, desenmascarado en 2005. El caso fue un escándalo tanto en España como a nivel mundial, ya que Marco no sólo dio innumerables entrevistas, recibió distinciones y fue objeto de  homenajes, sino que incluso presidió durante años una asociación española de supervivientes. 

 

Su némesis fue el historiador Benito Bermejo, que puso en evidencia las incoherencias del relato de Marco hasta revelar que todo su discurso público era una gran puesta en escena de la mentira. Porque efectivamente Marco había estado en la Alemania nazi, pero no como prisionero sino trabajando como voluntario para el Tercer Reich. De hecho, ni siquiera su nombre y su fecha de nacimiento eran reales. Todo había sido un gran engaño. ¿Por qué mintió? Según el propio Marco, porque de ese modo la gente lo escuchaba y su trabajo de divulgación de los horrores nazis resultaba más eficaz. Puede que tuviera algo de razón. Porque su caso es el del “mentiroso que dice la verdad”, no la propia, claro, pero sí la que encarnaron millones de víctimas que, a diferencia suya, no tuvieron voz para contarla. 

 

Marco venía a cubrir esos huecos no saldados de la historia. Y decía aquello que todos querían escuchar. Tanto que hasta hizo que los parlamentarios españoles soltaran lágrimas cuando se reunieron por primera vez para rendir homenaje a los republicanos deportados por el Tercer Reich.

 

Javier Cercas indaga en la vida de este personaje, se encuentra con él, lo entrevista y va armando un rompecabezas que deja en evidencia la gran capacidad de autoengaño de los hombres y los límites porosos entre realidad y ficción  presentes en toda biografía. No sólo en la de este impostor que se inventó una vida a medida para sentirse un héroe, sino en la de todos nosotros a la hora de narrarnos, con nuestras pequeñas o grandes dosis de exageraciones y olvidos voluntarios.

 

El propio Cercas cuenta en el libro que para seducir a su mujer le dijo que era escritor y después, para estar a la altura, tuvo que convertirse en tal. Una mentira piadosa que pone en evidencia las ficciones cotidianas, los modos maquillados con los que se adorna cualquier identidad. Y también los engaños premeditados de los que se sirve la literatura, esa “licencia para mentir” propia de los novelistas; seres que, como Marco, sienten la necesidad imperiosa de inventar otros mundos, otras vidas. 

 

 

MI VECINO EL ASESINO 

Chile. Década de 1970. Salvador Allende aún está en la presidencia, pero le queda poco. Lo intuyen muchos, lo saben algunos. Entre ellos, Carlos Wieder, un joven que se infiltra en talleres de poesía y, cuando llega el golpe militar, se encarga de asesinar a buena parte de sus compañeros, especialmente, a sus compañeras. Estrella distante, de Roberto Bolaño, arranca con la descripción de la muerte de las hermanas Garmendia, las más lindas del taller, las que adoraban a ese chico que se vestía demasiado bien para ser estudiante pero del que no sospecharon nada. Sus primeras asesinadas. 

 

Al igual que Alfredo Astiz, aquel “ángel de la muerte” que con sus ojos claros y su cara de nene supo infiltrarse en las organizaciones de derechos humanos en la Argentina, Wieder es entrador, buen mozo y, por si fuera poco, poeta. Un combo inextricable. Y ya con la dictadura instalada, Wieder vuelve a aparecer.

 

Pero esta vez con otro nombre y como teniente militar.

 

Un piloto con aspiraciones artísticas que hace demostraciones aéreas escribiendo en el cielo con el humo de los aviones, como en las publicidades de playa. Sólo que en sus “acciones poéticas” alude a las mujeres que asesinó y a otros muchos desaparecidos, usando sus versos para mofarse de sus crímenes: “Letras perfectamente dibujadas de humo gris negro sobre la enorme pantalla de cielo azul rosado que helaban los ojos del que las miraba…”.