En pleno crecimiento de su popularidad, su fama se desplomó cuando se declaró gay. Hace una década volvió con un programa que la llevó a lo más alto de la industria y hoy es la humorista mejor pagada, la favorita del público (tiene 45 millones de seguidores en Twitter) y la única capaz de salir airosa de la conducción de los premios Oscar.

 Quedaron muy atrás las noches en que Ellen DeGeneres trabajaba como comediante en un reducto de Nueva Orleans, su ciudad natal. Ahora, a los 57 años, se asoma cada día a la pantalla desde el programa de entrevistas que lleva su nombre. The Ellen DeGeneres Show es un éxito tal que la ha colocado en los primeros puestos de todas las listas: Los 50 anfitriones más influyentes de Entertainment Weekly; Las 100 personas más reconocidas de Time; Las 100 mujeres más poderosas de Forbes y Las 10 humoristas mejor pagadas de 2015 de People With Money (esa revista le asigna ganancias por 58 millones de dólares y estima su patrimonio en más de tres veces esa cantidad).

“Lo cierto es que me olvido de que soy gay y la gente se encarga constantemente de recordármelo.”

Su popularidad comenzó con el protagónico en la serie ese Friends of Mine, que después de su primera temporada pasó a llamarse Ellen. Esa ficción de la BBC sobre la dueña de una tienda de libros emitió en 1997 el célebre “The Puppy Episode”, donde su personaje hablaba abiertamente de su elección sexual. Fue un éxito de audiencia, ganó varios premios y sigue siendo una referencia cultural, pero después de ese capítulo el rating y la popularidad de Ellen se desplomaron y al año siguiente el programa se levantó.

“Cuando salí [del closet] pasé por un momento francamente difícil. […] No pensé que fuera a causar tanto revuelo. Lo que dolió fue: ¿esa etiqueta, esa palabra, modifica en algo mi talento, mi bondad, mi corazón, mi deseo de entretener a la gente? Pensé que todo el mundo me conocía y no creí que un adjetivo fuera a definirme. Me quedé sin perspectiva. […] Me encerré en casa todo el tiempo que pude hasta que se me acabó el dinero. Entonces volví a empezar. […] Mirando hacia atrás, me sentí aislada, rechazada, pero ahora me parece una película, como algo que le hubiera pasado a otra persona, y sólo veo la vida increíble que tengo”, dijo en una entrevista el año pasado, ya posicionada como reina indiscutida de las presentadoras estadounidenses y en una sólida relación con la actriz australiana Portia de Rossi, con quien se casó en 2008. Amantes de los animales (tienen muchas mascotas rescatadas), colaboran con diferentes ONG de ayuda humanitaria y con fundaciones de protección animal. El reconocido chef Roberto Martin, quien las acompañó en su transición al veganismo, estará al frente de un restaurante de esa denominación, ampliando el imperio que cuenta con una productora, un sello de grabación y la amante y exitosa línea de decoración y moda sin género ED by Ellen.

Una década después del debut de The Ellen DeGeneres Show, el fenómeno continúa manteniéndola muy por encima de sus colegas y es la única persona que condujo la tríada más importantes de la industria: Emmy, Grammy y Oscar. Su performance de 2007 en los premios de la Academia le valió la crítica elogiosa de toda la prensa y opacó tanto a sus sucesores, que los productores de la 86ª entrega la convocaron nuevamente para el evento. Cuando la noticia se ocializó, Ellen tuiteó: “Estoy entusiasmada por presentar los Oscar por segunda vez. Ya saben lo que dicen: la tercera será la mejor”.

–¿Cuál fue su reacción cuando supo que había recibido la nominación a presentadora de los Oscar por segunda vez en su carrera?

–Siempre es un orgullo presentar la Ceremonia de los Oscar, esperé mucho tiempo para la primera vez y me emociona que vuelvan a invitarme.

–¿Suele pedir consejo a algún guionista?

–No pido consejo pero sí copio mucho a otros guionistas, si a eso te referís (risas). Quiero que mis eventos sean casuales, que haya sorpresas, que el público no se aburra. Sobre todo que el público no se aburra, eso es lo más importante y siempre pienso en ser muy respetuosa con los invitados.

–¿Qué la califica para ser considerada la presentadora estrella de los Oscar?

–Mi programa de televisión funciona muy bien. Supongo que al público le gusta lo que hago.

–¿Le gusta presentar desde la zona del público?

 –Sí, me gusta moverme mucho porque es algo que yo hago con frecuencia en mi programa. Me divierte cambiar el lugar.

–¿A quién considera el mejor presentador de los Oscar hasta la fecha?

–A Johnny Carson, sin ninguna duda. Tenía una clase que se extraña en los presentadores de hoy en día. El público disfrutaba con su buen humor porque era él el más divertido.

–¿Le sorprende que los miembros de una Academia tan conservadora la hayan elegido a usted por segunda vez?

–Trato de ser auténtica con mi trabajo, honesta, y eso es lo realmente importante. Mantener la frescura sin hacer bromas a costa de los demás. Lo más difícil de la ceremonia es conseguir las primeras risas de la noche. Recuerdo que cuando John Stewart presentó los Oscar tardó seis bromas en conseguir la risa del público y dijo “por fin, por fin”. En ese momento supe que estaba hablando consigo mismo, porque es muy duro tratar de hacer reír y no conseguirlo.

–¿Es cierto que cumplió un sueño al presentar los Oscar?

–Sí, sí, es cierto. Cada año pensaba “me van a llamar, esta vez es seguro”. Me emocioné cuando finalmente me llamaron.

–¿Siente presión por conducir un show que cada semana convence a millones de espectadores?

–La presión está presente cada día por las características del programa, pero soy consciente de que no soy yo la estrella, sino el público y mis invitados.

–Usted no es como los clásicos comediantes presentadores, sino que permite a sus entrevistados sentirse libres. El insulto no forma parte de su comedia

–Considero que no hay que insultar para ser divertido, eso no es lo que hago yo. Y me gustaría que muchos humoristas dejaran de hacerlo porque en ocasiones pueden llegar a ser ofensivos. Creo que es importante tener frescura en la comedia sin correr peligro. Yo quiero hacer humor inteligente, nada cursi, humor atractivo para la audiencia.

–¿No cree que hay demasiadas entregas de premios al año?

–Como presentadora ganadora de un Emmy te diré que sí, que hay muchas entregas de premios, demasiadas.

–Cuando presentó los Emmy bromeó con la posibilidad de que una mujer gay pudiera ser presentadora, ¿siente que ha triunfado en Hollywood?

–No. Lo cierto es que me olvido de que soy gay y la gente se encarga constantemente de recordármelo. No soy una mujer gay presentando un show, ser gay forma parte de mi personalidad no de mi trabajo, eso es lo que yo quiero recordar a todo el mundo.

–¿Quisiera volver a presentar los Oscar?

–Tendría que haber hecho pis en el escenario para marcar mi territorio (risas). La verdad, no he pensado en el tema. Ahora mismo estoy disfrutando de mí misma y de mi trabajo. Si tengo la oportunidad de presentar otros eventos lo haré si me entusiasma, pero no voy a hacer lo mismo una y otra vez. Son retos muy grandes y quiero hacerlo bien.