La cantante de Miranda! y referente indiscutida del pop argentino cuenta, de tocar para tres personas en cemento a llenar estadios y liderar los charts radiales de toda Latinoamérica sin perder la inocencia.

  

Cuando no está sobre el escenario enchufada a 220 –en pleno despliegue de sus colores vocales nutridos sobre la base de jazz, rock y pop– Juliana Gattas es la persona más calma del mundo. Podría confundirse su tranquilidad con timidez, pero la vocalista de Miranda! es de esas personas que miran a los ojos, y ningún tímido utiliza su mirada de esa forma. Sentada sobre un sillón blanco que contrasta con su cabello y ropas oscuras, Juliana, que cada vez es más “Gattas” y menos “de Miranda!”, juega a responder y recordar, a intentar redondear sus ideas y poner a prueba su capacidad de síntesis, en un cuestionario que salta de un tema a otro, como si bailara electropop. 

 

–Cada vez se te conoce más por tu nombre propio, y menos por ser “Juliana, la cantante de Miranda”. ¿Te llama la atención? ¿Te importa?

–No es intencional. Quizás, tenga que ver con la tele, con los programas que hicimos con Alejandro, más como personajes-individuos que como parte de un grupo. Lo único que pedí desde el disco Sin restricciones es no aparecer como “Juli”, porque me gustan los nombres completos, “Juli Gattas” sonaba más Parchís. Y porque Juliana es un lindo nombre.

 

–Empezaste cantando jazz en bares, y ahora con Miranda! llenan teatros. ¿Tenías como objetivo dedicarte a la música y vivir de eso?

–La verdad que no. Cuando cantaba jazz tenía la alegría y la felicidad de conseguir esas fechas de jazz, y era feliz en el momento en que cantaba en los restaurantes y podía invitar amigos. Empezaba a palpar la fantasía de ser artista y de estar involucrada en el mundo del entretenimiento. Todo me gustaba y todo me atrapaba, y siempre lo contrasté con mis otros trabajos, como ser vendedora en un shopping.

 

–¿Y qué hiciste cuando empezó a suceder?

–Todos conservamos una actitud muy lúdica, y por suerte el pop se presta muchísimo para eso. Si hubiera pasado del jazz a la música clásica quizás no hubiera podido sostener esa cosa adolescente de jugar, de divertirme con que haya una sola persona viéndome. Todo era una posible película para mí, en mi cabeza. Y después sí, los pasos más serios fueron cuando empezamos a sonar en la radio y cuando conseguimos un contrato discográfico, pero siempre con esta misma atmósfera.

 

–Tocaste en Cemento, un lugar de consagración para el under. ¿Qué te pasa ahora que ya no está, habiendo sido un sitio tan importante para la vida artística de Miranda!?

–Para nosotros era increíble ir a Cemento vacío. Estábamos acostumbrados a ver a las bandas, a ir a la puerta y que sea imposible entrar, y cuando Omar [Chabán] hacía las audiciones los martes, lo veíamos de una manera diferente. Después lo vimos vacío muchas veces haciendo el propio espectáculo, porque no iba nadie (risas).

 

–Ahora, con Miranda! cantás para mucha más gente, ¿se extraña la intimidad que daban los antros como Cemento?

 –Estéticamente era casi una cosa turística. Pero la verdad es que no me gusta la nostalgia, y si la siento, trato de no sentirla más. No sé, tengo recuerdos de tener mucho asco en el baño de Cemento, de intentar respirar y no poder terminar de inhalar. 

 

–Además de cantante, sos actriz y te encargás del vestuario de Miranda!, entre otras cosas. ¿Apuntás a ser una artista integral?

–No sé. Cuando viajo digo que soy cantante, porque lo hago con la banda. “Artista” me parece muy pretencioso, pero sí, accidentalmente me convertí en eso. Siempre fui de entusiasmarme muchísimo con las cosas y que me duren muy poco. Actuación, pintura, canto, instrumentos diversos. Todo durante poco tiempo, pero con mucha pasión. Pensaba que me iba a convertir en la violinista, y después pasaba a otra cosa. Perdía el entusiasmo o me agarraba la locura con otra cosa. Puede ser que uno piense que es algo muy adolescente empezar con algo y después no sostenerlo, pero a la larga me di cuenta de que todo me sirvió para algo. Yo me criticaba mucho por tener esa actitud de aburrirme, pero al final me acepté.

 

–¿Tenés un método de trabajo, cierta disciplina?

–No. Yo me pienso como una compositora invitada en los discos, porque realmente fui invitada por Ale a participar y a ver qué me pasaba. Tuvo que ver con una cosa muy espontánea de decir qué pensaba de las cosas que me tocaba cantar. Casi como un tecnicismo, o de decir que tal palabra no me gusta como queda. Las canciones de Miranda! tienen mucha letra y van a alta velocidad, y eso fue algo que pasó varias veces, hasta que hace un par de discos me dijo es aprovechar la calidad del show para mostrarse. Pero hay que seguir, porque el envión de la tele dura muy poco.

 

–¿Qué te pasa con los músicos militantes, que se agrupan bajo cierta bandera política?

–Mi visión es que si vos tenés muy claro lo que pensás y tenés mucha convicción y solés exteriorizarlo y tenés una posición tomada, no me parece mal decirlo. Cuando no es así, yo prefiero conservar la fantasía del artista y su misterio, antes de ver metidas cuestiones que no tienen que ver con lo que uno consume de un artista. Más en un grupo pop. A veces uno quiere ver al artista y no saber lo que piensa sobre cosas que no tienen nada que ver. En el momento en que alguien empieza expresar su opinión sobre ciertos temas, también hace política.