Las mujeres con hábitos tradicionalmente asociados a los varones existieron siempre y en cada época ejercieron cierta fascinación. En días en que se habla mucho de igualdad de género, esta tendencia parece encarnar algo más que una moda.

 El florecer de lo vintage trajo de todo. Así como recicló muebles y prendas que asombran por cómo resisten inalterables el paso del tiempo, desempolvó también viejos manuales de mandatos para la mujer esposa que nos escandalizan y avergüenzan, aunque bien pueden causarnos gracia si existe la relectura. Pongamos de ejemplo e Ladies’ Book of Etiquette and Manual of Politeness, libro fechado en 1950 y parodiado recientemente por la modelo Natalie Westling, quien se dice “tan poco femenina, tan antimaquillaje, tan antimoda y tan fanática de andar en skate” que jamás pensó en esa carrera para su vida. En un video que ya fue visto más de 50 mil veces en YouTube, la pelirroja vestida de sobria blusa blanca cerrada hasta el cuello y con el pelo prolijamente recogido lee para el mundo, pero sobre todo para las chicas como ella, ese instructivo sobre buenos modales, vestimenta adecuada y temas de conversación permitidos para las señoritas.

Capítulo 1: Vestirse. “Lustre sus alhajas de oro y plata, aprenda a coser y recuerde siempre salir de casa con un gorro y un par de guantes.” Capítulo 2: Cocina. “Una mujer siempre tiene algo en el horno.” Capítulo 3: Modales. “Deje que sean los hombres los que la persigan. Sepa escuchar. Recuerde ser educada en la mesa. Una mujer nunca olvida cruzar sus piernas en público.” Mientras Natalie lee seriamente para una cámara, otra la filma calzándose relucientes anillos de calaveras, gorro de lana y guantes con los dedos recortados; sacando del horno una tabla de skate, patinando a toda velocidad mientras dos pibes la miran alejarse; llegando a un dinner donde se sienta a escuchar música con auriculares y cruza las piernas arriba de la mesa. “En conclusión: una mujer siempre sabe cuál es su lugar.” Natalie lo sabe. Su lugar en este siglo es el reverso exacto de esa mujer de manual que arreglaba la casa, cuidaba a los niños y no se rebelaba ante nada, sometida a las reglas de una sociedad en la que la libertad era un término que no aplicaba para su género, si es que aplicaba para alguien.

 

¿Qué tienen en común Natalie Westling, las actrices Ellen Page y Kristen Stewart, la modelo Cara Delevingne, la cantante Rihanna, la multimediática y polémica Miley Cyrus y la pequeña Shiloh Jolie-Pitt, hija biológica de Angelina y Brad (niña que despertó el morbo de Hollywood al asistir a un evento público vestida con un traje masculino), entre otras tantas chicas que no salen en el buscador de Google? Todas fueron catalogadas alguna vez bajo el mote de tomboys: por personalidad, a veces por mala onda, pero sobre todo porque su estilo y sus ropas, en especial los que visten para ir a hacer las compras y regocijan a los paparrazzis, no reflejan para nada eso que algunos llaman femineidad.

Pero vean una fotogalería de chicas tomboys en cualquier página web estilo Buzzfeed y revisen su propio guardarropas o el de la mujer que tengan más cerca: que tire la primera piedra quien no tenga unos jeans cualquiera, una remera grande, unos borcegos gastados o una zapatillas de lona. El denominado tomboyism se puso de moda. “Los hombres lo inspiraron, las mujeres lo perfeccionaron”, dicen por ahí dos chicas dedicadas full time a una cuenta de Instagram que propone outfits del estilo. Pero no es cosa de estos tiempos.

La palabra tomboy data de finales del 1500: por aquel entonces describía a una mujer audaz o inmodesta. La escritora francesa George Sand, amante de Chopin, se vestía de hombre en el 1800. Ya en el siglo XX, la era del jazz dio nacimiento a las garçonne y un tipo de vestimenta específica, definidas por la revista Vogue como “esas mujeres que querían verse esbeltas y amuchachadas: líneas rectas, una sola pieza”, siendo Coco Chanel la referente de este estilo. En los 60, Yves Saint Laurent creó un smoking para mujeres, que lucían en las pasarelas modelos andróginas. Lo que cambió en este siglo, teoriza la socióloga del vestir Susana Saulquin, “es la actitud, vestirse del modo que resulta más cómodo. La vestimenta masculina es atractiva y más simple. Incluso más sexy que un vestido todo ajustado. Se puede decir rápidamente que lo que pasa es que ahora la mujer ocupa un lugar de poder, y eso es cierto. Pero no es que las mujeres se visten masculinas para emular al hombre. Lo que sucede es que estamos en tránsito hacia otra sociedad, más tolerante, una en que la ética y el ser tienen más importancia que el ser varón o mujer. Por eso hay circulación de las formas de vestir, hay una mayor libertad total”.

Aun con esta percepción a la que es sensato suscribir, los estereotipos no descansan. Y menos en la web. La base de datos de slang UrbanDictionary agrupa una quincena de significados para el término tomboy, siendo el más votado el que las define como “chicas que se visten y en ocasiones se comportan en la forma que se espera de los varones, en general en relación a su gusto por los deportes fuertes, las computadoras y los autos. El outfit incluye gorras de béisbol y jamás polleras”. Otras definiciones agregan: “no usa maquillaje” o “es poco femenina”. “Varonera” y la horrible expresión “marimacho” son otras palabras que arrojan los traductores online, cuando no “lesbiana”. “¿No podríamos encontrar una palabra mejor?”, se pregunta la autora Julia Swanson, autocatalogada como tomboy toda su vida, ahora con algunas reservas hacia el término: “¿No sería mejor freespirit?”.