LA CAPITAL DE REPÚBLICA CHECA ESCONDE SECRETOS, REVELA GRANDES HISTORIAS Y PROPONE UN VIAJE CULTURAL RODEADO DE LA BELLEZA DE SU GEOGRAFÍA, SU ARQUITECTURA Y SU GENTE. UBICADA EN EUROPA CENTRAL, SIRVE ADEMAS COMO COMPLEMENTO DE OTROS GRANDES DESTINOS PARA CONFORMAR UN RECORRIDO TURÍSTICO DE ENSUEÑO.

  

“Me voy a Praga”, contaba emocionado a cada persona que me cruzaba los días previos a este viaje.

La reacción de mis amigos y conocidos era unánime: todos los que habían hecho el típico viaje a Europa coincidían en que Praga era una de las ciudades más bellas del mundo. Pero siempre, o en la mayoría de los casos, nadie había estado más de uno o dos días, casi como de paso por un interminable periplo de ciudades históricas, museos, castillos y catedrales. ¿Es posible disfrutar de la magia de Praga en esas condiciones? Bueno, sí, aunque no resulte un plan ideal.

 

Combinar República Checa con uno o dos destinos europeos es, a mi entender, la situación ideal. Tomarse, por ejemplo, un vuelo de KLM directo a Ámsterdam, pasar un fin de semana de locura en la capital holandesa y luego conectar con un vuelo de dos horas a Praga puede ser el viaje perfecto. Más si pasamos cinco días en la capital checa y luego, antes de emprender el regreso a Buenos Aires, hacemos una escala en cualquiera de las grandes capitales cercanas a Europa central. La clave es no estar en Praga dos días amuchados entre grupos de asiáticos tomando fotos de todo lo que tenga más de cien años. Parece mejor, mucho mejor, tomarse el tiempo necesario para vivir la ciudad, disfrutar de la mejor cerveza del mundo a precios bajísimos, visitar bares nocturnos emplazados en pequeñas callejuelas medievales y comer por poca plata en restaurantes cargados de historia y platos tradicionales de la región. Eso es Praga.

 

La capital checa fue declarada Patrimonio de la Humanidad, y puede jactarse de combinar arquitectura románica, gótica, barroca, renacentista y rococó, que se conserva a pesar del tiempo y las guerras. Esto convierte a la ciudad en un gran escenario medieval que nos transporta en el tiempo e inspira para que nos sintamos en un verdadero cuento de hadas. Dato importante: los temerosos del frío deben saber que las temperaturas extremas del puro invierno checo complican el disfrute de la ciudad, aunque visitarla en otoño puede resultar una gran experiencia: el frío es parte de la magia del lugar y en abril no es tan terrible como para impedirnos caminar por sus preciosas calles adoquinadas. 

 

Los hot spots turísticos de Praga guran en cualquier guía online de la ciudad, por lo que no nos detendremos en sus detalles históricos sino que haremos un breve repaso con tips para el viajero cool. Es imposible no mencionar el Puente de Carlos, ese que se repite en todas las notas y fotos de Google. Construido por el emperador Carlos IV en 1355, es el más antiguo de la ciudad y por la tarde se llena tanto de turistas que la experiencia cambia: lo divertido, en ese momento del día, es pararse a observar un crisol de razas sacándose seles y posando junto a las 31 estatuas barrocas que escoltan esta maravilla arquitectónica. Para disfrutar la belleza natural del puente sin contaminación turística, lo mejor es ir a las siete de la mañana y contemplar en silencio esa unión histórica entre la ciudad nueva y la vieja. Algo similar sucede con el tradicional Reloj Astronómico, otro de los grandes símbolos de la ciudad. Es tal la cantidad de gente que posa frente a la extraordinaria obra construida por el maestro Hanus en el siglo XV que se lo puede visitar por la tarde en modo recital multitudinario de una pop star, o contemplarlo en silencio en horarios extraños y solitarios. Más allá de estos detalles, lo cierto es que el Reloj Astronómico es una de esas cosas que uno debería ver antes de morir. Imperdible. 

 

El Castillo de Praga es el más grande del mundo y toma un día entero disfrutarlo en su totalidad. Cargado de imponentes salones, bibliotecas e iglesias, lo más interesante de este paseo es el callejón de la servidumbre, donde se encuentra la pequeña casita de la hermana de Kafka, que el escritor visitaba para inspirarse. Consejo: en temporada alta no es recomendable meterse en los pasillos de las armaduras, dado que uno puede quedarse literalmente estancado entre japoneses y estadounidenses aficionados a la fotografía.

 

Para finalizar, y porque no todo debe ser turismo cultural en Praga, va la mejor cervecería, me atrevo a decir, del mundo entero. Se trata del El Tigre de Oro, un local ubicado en plena Ciudad Vieja (Husova 17) en donde los turistas no son bienvenidos, cosa que lo hace sumamente atractivo. Allí, no bien entramos, un hombre recio y de secos modales nos zampó un enorme porrón en la mesa y casi nos obliga a tomarlo para luego pedir otro, y otro, y otro. Los bebedores locales fuman (sí, adentro del bar) y se divierten a carcajadas en su enigmático idioma, conformando una de las postales más llamativas y divertidas de todo el viaje.