LOS DELIRIOS MÍSTICOS NO SON COSA DEL CINE O LA LITERATURA, TAMBIÉN FORMAN PARTE DEL SISTEMA ESPIRITUAL DE MUCHAS PERSONAS. Y NI HABLAR DE LOS QUE SE CREEN YA ESCLARECIDOS Y EN CONDICIONES DE ESCLARECER A LOS DEMÁS.

  

Las creencias pueden conducir a los creyentes por un camino en el que el propio credo les perturbe la razón. Una falsa o exacerbada creencia puede alejarnos de los sistemas de conocimiento necesarios para entender la realidad,sea tangible o intangible, como es el caso de la espiritualidad. El miedo producido por las catástrofes naturales, las visiones apocalípticas del mundo y el avance de una industria armamentista que podría destruir todo en cuestión de minutos dio espacio al nacimiento de infinidad de cultos y creencias en los que se refugian todos aquellos que no poseen una fuerte convicción de esperanza futura. En los cultos, las sectas y los movimientos de dudosa procedencia se agrupan todos los temerosos de la realidad, conducidos hacia una espiritualidad más cercana a una patología que a un medio de salvación.

 

La californiana Mariana Caplan es una profesional de la salud que comparte su tiempo académico con la búsqueda espiritual. Es psicoterapeuta y autora de siete libros y numerosos artículos en los campos de la psicología y la espiritualidad. Lleva veinte años investigando los temas polémicos de la espiritualidad y la vinculación de la búsqueda espiritual con la psicología. Utilizando enfoques de la psicoterapia en el contexto de la práctica espiritual, ha logrado descifrar los numerosos aspectos comunes que presentan los enfoques seudoespirituales.

 

DELIRIO Y SISTEMAS DE CREENCIAS

Los delirios se presentan normalmente en un contexto en el cual se desvía el enfoque de lo que denominamos “realidad”. Aunque por lo general no se los vincula a ninguna enfermedad, se los asocia a ciertos problemas psíquicos desde los cuales se disparan muchos estados patológicos. En el camino espiritual el discernimiento es de vital importancia a la hora de evaluar todas las áreas que involucran la búsqueda de la verdad interior y exterior.

Hoy existe una gran cantidad de maestros espirituales que creen conducir el despertar de la conciencia de millones de personas. También hay libros sobre cultos y movimientos espirituales con enseñanzas que no condicen con una realidad objetiva de la espiritualidad, y eso torna vulnerables a las personas deseosas de encontrar su camino de búsqueda, que se abren a sistemas de creencias con ciertos virus espirituales que infectan por ser contaminantes conceptuales.

Así, las técnicas y prácticas se tornan confusas, desvirtuando los principios, haciéndolos complejos sin que el practicante se percate del virus que, como cualquier otro, dispara una epidemia. 

De la misma forma en que existen enfermedades de transmisión biológica, también hay enfermedades de transmisión espiritual, que se ofrecen como una herramienta para la toma de conciencia y que se propagan gracias a los mandatos condicionantes de cultos y grupos de creencias.

 

LOS VIRUS ESPIRITUALES MÁS COMUNES

1. El fast-food de la espiritualidad. Mezcla la espiritualidad con una cultura que celebra la velocidad, la multitarea y la gratificación instantánea. Promueve técnicas que prometen soluciones milagrosas, obtenidas en cursos rápidos que se expanden por el mundo como cadenas de franquicias. El alivio del sufrimiento puede ser rápido, pero nos vuelve a dejar insatisfechos enseguida. La transformación espiritual no se puede tener en una solución rápida.

2. Falsa espiritualidad. Es hablar, vestirse y actuar como lo haría una persona espiritual. Es adoptar modismos y formas de seudomaestros que inspiran conductas y comportamientos como si se tratase de diseñadores de tendencias. Se inspira en simbologías antiguas y sagradas y en costumbres de culturas lejanas que poco o nada ayudan a hallar la espiritualidad. Todo favorece la identificación con movimientos espirituales, pero no necesariamente representan el camino hacia ellos.

3. Motivaciones confusas. Aunque nuestro deseo de crecer es genuino, a menudo se mezcla con motivaciones menores (el deseo de ser amado, de pertenecer, de llenar nuestro vacío interior) y creemos que el camino espiritual va a eliminar nuestro sufrimiento y nos alejará de las necesidades materiales. Por más que busquemos alcanzar estados espirituales, la necesidad de satisfacer la naturaleza humana nos aleja de eso. 

4. Identificarnos con experiencias espirituales. En esta enfermedad, el ego se identifica con nuestra experiencia espiritual confundiéndonos con seres elegidos y merecedores de grados superiores de conciencia. Comenzamos a creer que estamos encarnando ideas y proyectos surgidos por mandato de seres superiores y entidades espirituales. El deseo de elevación espiritual nos lleva a confundir lo que es realmente espiritual con lo que no.

5. El ego espiritual. Se produce cuando la propia personalidad se arraiga profundamente con los conceptos adquiridos. El resultado es un ego fortalecido y a prueba de balas. Cuando el ego se espiritualiza, la enseñanza que supuestamente se ofrece para ayudar a los demás sólo agranda al maestro.Así, los líderes del ego espiritual requieren culto, ofrendas y estampitas con su nombre, conformándose un gran negocio de merchandising del líder.

6. La producción en masa de maestros espirituales y facilitadores autorizados. Hay una serie de corrientes espirituales de moda con métodos exclusivos para los iniciados. Hacen de la espiritualidad una elite, y los que creen haber llegado a cierto nivel de iluminación se consideran varios escalones por sobre el nivel del no iniciado. Los “elegidos” poseen títulos habilitantes que les permiten considerarse listos para iluminar el camino de los demás. En muchos casos, el problema no es lo que enseñan tales maestros sino cómo lo hacen.

7. Orgullo espiritual. El orgullo –como derivación del ego– surge cuando el profesional cree haber alcanzado un cierto nivel de sabiduría y utiliza ese logro para justificar el cierre del aprendizaje. El sentimiento de haber alcanzado la “iluminación”, la “superioridad espiritual”, es otro de los síntomas de esta enfermedad de transmisión espiritual. Se manifiesta con la sutil sensación de considerarse maestro y juzgar los logros de otros haciendo de la espiritualidad una conflagración competitiva. La verdadera espiritualidad no es orgullosa del logro, está en la humildad de ser un eterno discípulo. 

8. Mentalidad de grupo. Es el pensamiento de grupo o “enfermedad ashram”, un mal que ataca cuando el plano espiritual es un campo unificado. Este es un virus insidioso que contiene muchos elementos de la codependencia espiritual a un líder, secta o movimiento. Un grupo espiritual tiene acuerdos sutiles e inconscientes con respecto a mandatos, reglas, métodos, forma de hablar, de vestirse y de actuar. Los infectados con mentalidad de grupo tienden a crear fanatismo espiritual y rechazan otros caminos. Lo que no se ajuste a las reglas del grupo no es aceptado como el camino espiritual. 

9. Los elegidos. El concepto de pertenencia al grupo que espiritualmente alcanzó el nivel de masa crítica es un gran pifie espiritual. Es la creencia de que determinado grupo influye al mundo por sus logros. Se autoconsideran parte de la “nueva frecuencia” que cambiará la conciencia planetaria. La verdadera espiritualidad abarca a todos por igual, sólo compromete a trabajar en el despertar del resto.

10. El transmutado. Esta enfermedad es terminal. Es la creencia de que he llegado a la meta y de que ya me encuentro vibrando en la frecuencia del nuevo mundo. Nuestro progreso espiritual termina en el punto en el cual esta creencia se cristaliza en nuestra psique y crea el denominado delirio místico. Es en ese punto en el que la búsqueda del conocimiento pasa a la creencia extrema que nubla el logro, y la verdadera espiritualidad cesa. Nadie que se jacte de espiritual puede aceptar que ha logrado alcanzar un grado máximo en el camino de búsqueda.