La actriz más famosa –y bella– del mundo dedica gran parte de su tiempo a la labor humanitaria en los países más necesitados y no descarta dejar su carrera para volcarse a la política. Así lo explica en esta nota exclusiva.

A la pareja formada por Angelina Jolie y Brad Pitt se le permitió casarse en secreto el pasado agosto. Tras siete años de relación y luego de seis hijos, ya son marido y mujer. La pareja más poderosa del mundo ha firmado legalmente su felicidad. Para su tercera boda, Angelina Jolie eligió un vestido con velo y sin mangas de Versace al que había cosido dibujos de sus seis hijos. “Ellos son mis grandes críticos”, asegura Jolie, que no deja de sorprender, y confirmó durante la entrevista que le hicimos en el hotel Four Seasons de Los Ángeles que podría dedicarse este año a la política junto a la candidata Hillary Clinton.

“Brad sabe desde hace tiempo cuánto me apasiona mi trabajo humanitario, la dirección y la escritura, y ve venir que algún día dejaré la interpretación. Pero no me retiro aún. Pienso rodar una o dos películas más, las adecuadas, porque me gusta actuar. He estado delante de una cámara durante tanto tiempo de mi vida que considero oportuno dar un paso atrás”, afirma la mujer con más influencia de Hollywood. Sobre el mundo espiritual dice: “Vemos a nuestro alrededor la negatividad que ha provocado la religión cuando se utiliza como herramienta de agresión. Creo que si tratamos de encontrar valores comunes dentro de la fe, de cualquier fe, todos estaremos en un lugar mejor”.

De Angelina Jolie se sabe todo o casi todo. Incluso, sobre su genio y figura se han forjado verdades que parecen absolutas: como que es la mujer más sexy del planeta, que ha sido la actriz con mejor paga de Hollywood en varias ocasiones (según la revista Forbes) y que es una sensible heroína humanitaria que ha dedicado gran parte de su vida a ayudar a los niños en África y en Oriente Medio. “Debo confesar que, como mujer, el día que más fuerte me sentí fue cuando me convertí en madre. En mi primera experiencia no di a luz a mi hijo Maddox, a quien recogí en un aeropuerto. Él tenía seis meses cuando me lo entregaron y me refugié en una casa en África para enfrentarme al reto. No podía creer que era la madre de alguien, en ese instante entendí que cada decisión que yo tomara lo afectaría a él”.

Alta comisario de las Naciones Unidas para los refugiados, Jolie es una mujer que parece tenerlo todo: salud, éxito, belleza, una familia maravillosa, un Oscar, dinero y fama, pero su motivación son sus hijos y su marido. “Mi hijo mayor acaba de cumplir trece años y quiero estar segura de que se convierta en un gran hombre. Tengo seis hijos y para mí es muy importante educarlos de una manera adecuada. Mi marido y yo queremos dedicar mucho tiempo a nuestra familia y en los próximos años me voy a entregar en cuerpo y alma a su motivación y felicidad. Hace tiempo descubrí que los premios y el dinero no te hacen feliz. Definitivamente, ayuda saber que tenés trabajo, pero mi felicidad me la proporciona mi familia cuando estoy en casa. Ahora mismo estoy tratando de dar forma a mi trabajo humanitario. Estoy estudiando la posibilidad de trabajar en la política en caso de que pueda ser útil y capaz, algo que todavía no sé. Voy a seguir aprendiendo.”

–¿Disfruta viéndose en pantalla?

–No. He visto pocas de las películas en las que actúo. No he visto Wanted ni The Tourist (se ríe), otras las vi cuando se estrenaron y nunca las he vuelto a ver. Me gusta más la experiencia de ver cómo responde el público.

–¿Con cuáles de los personajes que ha interpretado se identifica más?

–Probablemente haya sido Maléfica. Yo, como ella, nací con un corazón ingenuo, confiado, capaz de querer mucho, y luego por las circunstancias de mi vida fui dejando de creer en los demás, me recluí, me quedé sola, frustrada y enfadada. Ella se da cuenta de lo que significa tener una familia y eso fue precisamente lo que me cambió. Vuelvo a ser ligera, amorosa, traviesa, siempre divertida.

–En una entrevista pasada me dijo que esperaba el momento en que sus hijos fueran adolescentes para pasar más tiempo con ellos.

–Sí, definitivamente. Me va a costar porque dirigir lleva más tiempo que actuar, pero tenés más flexibilidad. Me gusta mucho editar porque puedo tener a mis hijos alrededor, desayunar con ellos, prepararles la cena, llevarlos al dentista. Cuando sean adolescentes necesitarán que les haga menos cosas, pero estaré muy presente.

–¿Cuál cree que es el mejor consejo que puede darle a una madre con hijos preadolescentes?

–Alguien me dijo que lo mejor es no decir demasiado. Guiarlos tanto como puedas mientras crecen, antes de ser adolescentes, y luego, cuando ellos tratan de expresarse, escucharlos siempre.

–En sus viajes, cuando acude a campamentos de refugiados, usted ve lo peor del ser humano, las consecuencias de la barbarie. ¿Cómo hace para lidiar con eso?

–Es cierto, ves lo peor. Con toda la oscuridad que tenemos en el mundo hay que ayudarse unos a otros y dar un paso adelante, porque es la única forma de acabar con el odio y la violencia.

–¿Alguna vez se ha sentido culpable de tener una vida privilegiada?

–No, porque yo no siento pena por la gente. Uno da a los demás porque ha recibido más que el resto. Yo no construyo una escuela porque siento que tengo que hacerlo, lo hago porque me entusiasma pensar que les estoy dando un futuro mejor a las niñas de Afganistán. No puedo esperar para ver cómo cambian. Formo parte de ese grupo de personas dedicadas a dar fuerza a aquella gente en la que creo. Y así es como me gustaría que los demás vieran el mundo. No quiero hacer las cosas por pena o por caridad.

–¿Cree que su pasada actitud como una mujer evidentemente sexual la ha hecho interesarse por las mujeres que sufren abuso?

–No de una forma consciente. Crecí como una mujer que fue capaz de reconocer su sexualidad, en otros lugares hay una actitud mas tímida, y creo que es importante abrazarla y entender el poder que tiene dentro de nosotros. Entonces se convierte en algo bueno. Jamás he estado en la situación en la que se encuentran estas pobres mujeres y no puedo ni imaginarlo.

–¿Qué significa la religión para usted?

–Podemos ver a nuestro alrededor la negatividad que ha provocado la religión cuando se utiliza como herramienta de agresión. Si tratamos de encontrar valores comunes dentro de la fe, todos estaremos en un lugar mejor.