Está en el sur de Chile y es uno de los destinos turísticos más espectaculares del fin del mundo. Hoteles de categoría, incrustados en un paisaje increíble, completan la perfección de la visita.

 

 

Podría ser Suiza. O el norte de Italia. O Escandinavia. Pero es la ciudad más glamorosa de la Patagonia chilena. A orillas del hermoso lago Llanquihue, y dando la cara a uno de los volcanes –quizá junto al Vesubio– más atractivos del mundo, esta pequeña y coqueta ciudad es la escogida de la alta burguesía chilena para pasar el fin de año y sus vacaciones en general. El festejo de Reveillon es particularmente bello. En el pequeño centro de la villa, en las terrazas de las mansiones veraniegas o los estupendos hoteles (la hotelería es un punto altísimo del lugar), la gente se reúne desde unas horas antes de la medianoche, festeja y espera el momento en que los casi treinta minutos de fuegos artificiales se reflejen en el espejo majestuoso del lago.

 

EL VOLCÁN

El conocido volcán en cuestión es el Osorno, con su silueta casi siempre coronada por el algodón de azúcar de alguna nube. En los días soleados, la visión del paisaje corta el aliento. Quienes puedan realizar el ascenso hasta su cima (el camino ya vale el viaje) se encontrarán con una experiencia única. Recomiendo calurosamente llegar a la cima para el almuerzo y comer en El Refugio del Cóndor, un restaurante con enormes ventanales que permiten comer las delicias del lugar observando las nieves eternas al calor de una chimenea de un diseño que parece escandinavo. Al regreso, el paseo por el Parque Nacional que alberga las cascadas Saltos del Petrohué completa una jornada única.

 

 

EL LUJO AUSTERO DEL SUR

Este cronista se alojó en uno de los hoteles que forma parte del patrimonio Bauhaus, conjunto arquitectónico original de la época, que tiene circuito propio. El Hotel Patagónico, además de ser una joya de la arquitectura (supo ser el antiguo casino de la ciudad), es un ejemplo de buen gusto en el diseño, con objetos únicos, iluminación exactamente pensada, un lounge y sushi-bar semicircular con (otra vez) una chimenea impactante en el centro, rodeada de un magnífico sillón diseñado por la argentina Laura O.

Tomar el pisco de la tarde allí, o en alguna de las terrazas que balconean sobre la piscina que da al lago, antes de la cena exquisita servida en cualquiera de los restaurantes de la villa, todos gourmet, es el broche de oro a cualquier buen día pasado en este sitio.