Es argentino residente en Texas, publicista y exitoso. Luego de una crisis personal que lo llevó a vivir en la calle por semanas, creó One Dollar Dreams, una plataforma que invita a ciudadanos de todo el mundo a donar dinero para cumplir el sueño de un indigente.

Dicen que Pachi Tamer tuvo que escapar de un día para otro de Buenos Aires porque desafió con su eterna verba rebelde a las autoridades de su Pergamino natal. Dicen que se fue sólo con lo puesto. Dicen que vivió en la calle, de la caridad europea, y que en ese avatar del destino supo ser albañil, vendedor y mozo. Dicen que emigró a los Estados Unidos y que cuando finalmente pudo conseguir trabajo de redactor publicitario, profesión que en realidad le es propia, llegó la catástrofe personal a su vida, precipitando una serie de acontecimientos que terminaron con Pachi despedido, fuera de su hogar y nuevamente en la ruina. Dicen que esto, lejos de desanimarlo, lo incentivó a recorrer ese país que lo acogía, con tan solo U$S 1.000 en el bolsillo, y que ahí se metió de lleno en el mundo de los sin hogar, siendo él uno más. Dicen que ahí nació One Dollar Dreams, su sueño personal que ayuda a cumplir los sueños a otras personas. Dicen que conviven en él un ángel que protege a los desamparados y un demonio que lucha contra sus propias contradicciones, principalmente las de vivir en el mayor país capitalista del mundo y tener ansias de Robin Hood posmoderno. Dicen muchas cosas, pero él se presenta como Pachi Tamer, un comunicador social. A secas.

–¿Por qué elegiste a los indigentes para cumplirles sus sueños y no, por ejemplo, a niños con enfermedades terminales?

–Porque me encontré a un homeless en la calle y así empezó el proyecto. Pero no es lo uno o lo otro, fue azar. Podría haber sido al revés. La intención de mi trabajo es siempre ayudar, sea a quien sea.

–¿En este camino te encontraste con gente que vive en la calle por decisión propia?

–Sí, hay gente que vive en la calle porque quiere salir de este sistema capitalista. Es gente muy inteligente que elige ese modo de vida por una convicción personal. Dejan los bienes materiales en pos de una creencia. De cualquier manera, una vez que estás en la calle, sea cual sea el motivo,es mucho más difícil volver a insertarse.

–Más allá de lo romántico del asunto, ¿qué enseñanza te dejaron las cientas de personas que ayudás?

–Lo más concreto que aprendí es a no prejuzgar. A no emitir un juicio sobre las personas sin conocerlas. Porque los prejuicios están en todos lados, incluso en la gente de la calle hacia los que tienen dinero.

–¿Qué prejuicios tienen ellos sobre la sociedad?

–Piensan que si alguien tiene dinero es porque no se lo merece o porque es una mala persona. Así como mucha gente piensa que los que están en la calle se drogan o no quieren trabajar.

–A través de One Dollar Dreams le pedís a la gente que ayude a cumplir los sueños de los más necesitados donando dinero. ¿Cómo es la respuesta? ¿Se entusiasman?

–Sí, muchísimo. Cada vez que aparecía un sueño nuevo, la cuenta de PayPal se activaba inmediatamente.

–¿Cuál fue tu acto de rebeldía mayor? ¿Cuándo abandonaste el sistema y te fuiste y cuándo decidiste volver?

–Ahora peleo desde adentro, esa es mi lucha. Es una búsqueda personal, como los budistas cuando eligen ir a un monte a meditar.

–¿Y cuál es tu sueño? Si le tuvieras que pedir a la gente un dólar, ¿para qué sería?

–Me gustaría tener una fundación para ayudar a la mayor cantidad de personas posible, y una agencia de publicidad.

–Suena muy amplio.

–Bueno, ayudar, ayudo igual, tan solo con mi teléfono. Pero me gustaría darle un marco legal y poder llegar a más gente. La propuesta diferencial de ODD es que vos podés ayudar a una sola persona, la que elijas, y seguir su progreso a través de las distintas plataformas. No es que no sabés qué pasó con tu dinero. Sea un dólar o mil, ves los resultados.

–¿Cómo conjugás tu costado solidario con el frívolo del modelaje, siendo que estás en la vía pública, frente a los indigentes, representando un modelo de hombre hipster? (N. de la R.: desde hace dos temporadas, Pachi es la cara de Bolivia, una de las marcas más trendy del mercado.)

–Para mí es fantástico. Me encantó la idea de movida por el hecho de que es una marca que usa como modelos a gente que tiene algo para decir. Cuando supe que Lanata o Juan Minujín eran referentes de imagen, entendí que podía identificarme yo también con Bolivia. Además, la propuesta creativa me pareció superinteresante. La campaña de verano está hecha en las vías del tren, y la de invierno, en Texas, lugar donde yo vivo.

–En este momento trabajás para la productora argentina MU, hacés la campaña de una marca argentina, viniste a dar varias charlas y, sin embargo, elegís no vivir acá. ¿Por qué?

–En los Estados Unidos vivo más tranquilo. A pesar de que me faltan muchos afectos, me falta mi país, tengo otras cosas que valoro.

–¿No es un poco contradictorio que, siendo tan desapegado, valores más lo que te proveen los Estados Unidos que tus afectos?

–Es el día a día lo que me estresa de la Argentina. Por ejemplo, hoy tomé tres taxis y los choferes van puteando, sacados. Hay una mala onda en la calle que quizás antes, cuando yo vivía acá, no percibía, pero ahora que vivo afuera me resulta muy chocante. La Argentina de hoy, especialmente la Capital, está muy brava, se siente mucha tensión.

–¿Cómo se llama la charla que viniste a dar?

–“Cómo hacerse rico sin gastar un centavo.” Con una carcajada a dúo, damos por terminada la nota, dejándome con la sensación de que algo más queda por hacer. Después de todo, los sueños no son tan fáciles de matar.