El periodista y conductor emblemático de Radio Metro encontró su manera de ayudar a los más necesitados y crear conciencia entre sus oyentes. Para colaborar, dice, sólo hay que dar el primer paso.

¿Cómo surgió la Misión solidaria?

–Un día fui a dejar una bolsa de ropa en una iglesia y me quedé con la sensación de que eso era poco. No era un tema de desconfianza, pero sentí que esa experiencia no me había dejado nada, que no sabía adónde iba la ropa. Tenía ganas de que fuera algo más personalizado, entonces lo compartí con los oyentes y surgió esta idea de llenar un camión con donaciones para el comedor infantil en Santa Fe, que se había inundado, y pensamos en ir a Plaza Armenia para que el camión partiera de ahí. Cuando llegué, me dio mucha angustia porque me encontré con un camión enorme, y como era la primera vez que hacía algo así no sabía si la gente iba a responder con donaciones, si se iban a copar. Me acuerdo que fui con una bolsita, vi el camión que ocupaba una cuadra entera y pensé: “Esto no se llena nunca”. Pero al final se llenó de gente, cargamos ese camión entero más una camioneta que conseguimos. Yo quiero que la gente sepa adónde van sus cosas, que puedan hablar con el destinatario, hacerlo mediante un escribano, darle la transparencia que eso requiere. Eso fue un movimiento increíble que se dio así, no fue tan planificado. Lo que sí planificamos es que se le diera mucha transparencia para que deje algo en concreto, saber que estás ayudando a una persona en particular y motivarte más. Porque si no, me parecía un poco vacío dejar una bolsa en la iglesia sin saber qué pasaba.

–También está tu responsabilidad como comunicador a la hora de dar un mensaje.

–Sí, pero desde ese lado solamente era como sacarme de encima algo que no tenía ningún contenido. Si bien estaba bien, no sabía qué pasaba con eso, adónde iba, quién lo recibía. A partir de lo que pasó con la primera Misión sentí que estuvo buenísimo lo que pudimos transmitir para motivar a la gente. Y al segundo o tercer año ya lo extendimos desde Perros de la calle a todos los programas de la radio. Sentí que al ser algo solidario yo no me lo quería apropiar desde el lado artístico, sino que cuantos más se sumaran, mejor.

–Todos los programas de la radio se sumaron, es increíble cómo creció la Misión.

–Sí, se fueron prendiendo y fueron subiendo la cantidad de comedores, y en las últimas cinco misiones fue tremenda la cantidad de donaciones que logramos.

–¿Por qué creés que tanta gente se entusiasmó con esta movida?

–Yo creo que el argentino es muy solidario, tiene ganas de ayudar y muchas veces no sabe dónde ni cómo. Y una de las cosas en las que más hincapié hice es en la transparencia, hablando previamente con los comedores, chequeando que les llegue todo, coordinando las donaciones a través de la Fundación Sí de Manu Lozano, manteniendo contacto con el director de cada comedor. Está toda nuestra credibilidad en juego, y cerramos todo con un escribano, que no hace falta que así sea, nadie lo exige, pero a mí me gusta de esa manera.

–También se ocupan de mantener la calidad de las donaciones.

–Sí, tanto que ya no solamente incentivamos a donar las cosas que uno no quiere usar más sino también las que más queremos, haciendo algo por gente que lo necesita más que nosotros.

–¿La Misión solidaria se transformó en un clásico?

–Así como los colegios tienen el concert o el día del deporte, en Metro nosotros tenemos este día en el que todos sabemos que vamos a estar ayudando, y así la gente va juntando cosas durante todo el año para ese momento.

–¿Qué conclusiones sacás de estos siete años de la Misión?

–La conclusión es darme cuenta de que mi trabajo es más que entretener. La credibilidad uno la puede poner para que sirva para algo además de vender publicidad, que es con lo que gano plata y está bueno. Me pareció importante tratar de hacer algo más con esa credibilidad, y creo que se genera algo cuando estás 24 horas hablando de solidaridad, recibiendo las donaciones, trabajando con los voluntarios y transmitiendo todo eso en vivo. Más allá de los camiones que se llenan, se genera un lindo mensaje. Si todos los días estás transmitiendo buenos valores a las miles de personas que te escuchan se suma un montón.

–¿Qué te pasa a vos internamente con este fenómeno?

–A mí me da mucha satisfacción, realmente es así. ¿Viste esa creencia que dice que ayudar a los demás aumenta la felicidad individual? Bueno, yo creo que es así y está buenísimo. Siento que, desde mi trabajo, aporto algo además de entretener. Hace poco me tocó dar una charla TED en la que hablé justamente sobre esto, porque así lo entiendo.

–¿Sentís la responsabilidad de ayudar?

–Mi rol tampoco es ser Manu Lozano. Manu Lozano es él y yo soy yo, y cada uno puede ayudar desde su rol, no es que todos queramos alcanzar la escala máxima, sino que cada uno tiene que entender su rol en función de ayudar a los demás en este juego de tratar de que todo sea un poco más parejo y más equitativo.

–Entonces, más que responsabilidad, para vos ayudar es una necesidad.

–Mirá, yo soy un poco… suena medio pedorro que te lo diga, no me gusta caer en eso, pero la realidad es que a veces me es más fácil ocuparme del otro que de mí mismo. Si lo leo en un título me voy a sentir un pelotudo, pero bueno, a la pregunta que me hacés te tengo que contestar eso, a riesgo de quedar como un ególatra. No sé qué contestarte para no quedar como un demagogo, pero es así.

–¿Caer en la demagogia es muy fácil con estos temas?

–El tema de la solidaridad da para muchas interpretaciones, para mucha demagogia. Yo hice un programa que se llamaba Argentinos por su nombre que me marcó muchísimo. Porque un tema es hacer solidaridad y otro es ir a los comedores, a la Villa 1-11-14. Es muy distinto entrar en las casas, estar ahí. No es lo mismo hablar de Fuerte Apache que ir y ver el lugar y que la policía te revise antes de entrar. Es completamente distinto, aprendés a perderle el miedo, a darte cuenta de que somos todos iguales pero que muchos tienen más necesidades que vos, que vos sos un privilegiado. El hecho de ver lo que pasa en las villas te ayuda mucho. Nosotros tratamos de hacer la integración entre lo que pasa afuera y lo que pasa adentro, llevábamos a los famosos que bailan en lo de Tinelli a las villas, a los barrios, y hacíamos movidas ahí que me parece que estaban buenas para mostrar lo que sucede adentro. Porque esa es la verdadera Argentina, todo es Argentina, no solamente lo que pasa en Palermo.

–¿Cómo hacemos los que estamos ajenos al tema para no tenerles miedo a las villas y poder ayudar sin prejuicios?

–Tenés que entrar en ese mundo para aprender a separar lo que es la violencia… que también la hay, por supuesto, obvio que está el mal camino, los pibes que entran en el paco para escaparse de la realidad y una vez que entran en esa hacen cualquier cosa, pero eso está en la villa y afuera de la villa también, aunque el prejuicio sea que las cosas malas solamente pasan ahí. En la villa la mayoría de la gente es trabajadora, remadora, trata de salir adelante con muy pocos recursos. Por supuesto también está el que en esas condiciones se droga o roba, pero eso pasa en cualquier lado. La verdad es que hay mucho prejuicio y uno prefiere no enterarse, pero si entrás y pasás varios días en Ciudad Oculta, por ejemplo, te das cuenta de que hay un montón de gente que ayuda, hay personas increíbles, como el padre Pepe, que su vida es eso. Hay gente que organiza orquestas en las villas para que la gente se contacte con la música, gente que combate la droga, que organiza deportes. Es un mundo invisible desde afuera, lleno de prejuicios, pero te aseguro que si vos entrás y lo ves, le perdés el miedo y te das cuenta de que hay personas espectaculares. Y no es demagogia, lo que te digo son ejemplos concretos de cosas que pasan.

–¿Qué aprendiste de ese mundo?

–Yo aprendí que para ser feliz no hace falta algo material. Qué sé yo… hay gente que tiene seis hijos, no tiene nada y es bastante feliz. Sería más feliz, por supuesto, si le dieran un poco de bienestar.

–¿Cómo hacés para estar 24 horas seguidas en la Misión solidaria?

–Depende de cada momento. Uno lo hace con satisfacción, pero la verdad es que al otro día terminás roto.

–Te hemos visto llorar al final de una Misión.

–Es que te da mucha emoción, más el desgaste físico, más saber que hubo una tarea cumplida de un montón de gente. Yo soy la cara por haberlo empezado, pero la verdad es que está involucrada toda la radio, la Fundación Sí con un montón de voluntarios, todos los miles de oyentes que pasan por la radio. Y todos los productores, los organizadores… Es un equipo gigante y es un espectáculo hacerlo. La verdad es que es muy lindo.

–¿Cuál es el primer paso que puede dar alguien que nunca hizo solidaridad?

–El primer paso es dar un paso. Yo di un paso, que fue llevar una bolsa a una iglesia: no sabía adónde me iba a conducir eso, y después mirá cómo terminó. Así que lo primero es dar un paso y no quedarse con la excusa de que no se puede hacer nada. Se puede hacer, y mucho. Si vos das el primer paso y tenés ganas, al poco tiempo vas a estar caminando. Si te quedás en el vestuario… Y, nadie ganó un partido en el vestuario. Si vos llamás a la Fundación Sí o a cualquier otra, ves que hay un montón de comedores, hablás con el director, les llevás algo y cuando te das cuenta, hay un montón de cosas que podés hacer, simplemente tenés que empezar.