Mientras llegaba a la cima de la moda, fue forjando una cultura general que hoy lo califica como un hombre de mundo. Después de haberle dado varias vueltas al globo, jura que antes de cada viaje sigue sintiendo la misma adrenalina que el primer día y todavía no planea quedarse quieto. 

 

A simple vista, de ese muchachito que se inmiscuía con desparpajo en los backstage de sus propios desfiles con el micrófono de El rayo para mostrar el detrás de escena del mundo de la moda. El de la belleza exótica que llamaba la atención por su altura y sus ojos claros, y que supo abrirse camino gracias al emblemático programa de los 90, ahora impone respeto contestando preguntas de cultura general en Los 8 escalones, o como jurado de la primera edición del Buenos Aires International Fashion Film Festival (Baifff). Porque si de algo sabe es de moda, pero de cine y de todo lo demás, también. Y nada de eso ocurre porque una vez sorprendió a la teleaudiencia al ganar “El imbatible” de Susana Giménez, porque un golpe de suerte lo puede tener cualquiera. Iván fue una esponja durante mucho tiempo. Mientras algunos percibían una carrera exitosa en la frivolidad, él absorbía y se apropiaba de todo lo que ese mundo, y el que lo rodeaba, tenía para darle. Aunque nació en España y nos lo apropiamos en la Argentina, Iván es del mundo.

 

 

–Entre tantos viajes que hacés por trabajo, ¿qué cosas no son negociables cuando estás acá?

 

 

–El almuerzo en familia y una comida con mis amigos son necesarios porque si no ponés un poco de orden con esto de estar y no estar en Buenos Aires, se te descalabra todo. Se trata de que sean planes no negociables.

 

 

–Te tiene que haber pasado de amanecer en un lugar sin saber dónde estabas, ¿o no?

 

 

–No, no, siempre tengo los pies sobre la tierra. Siempre sé dónde estoy. Eso está bueno. En mi reloj pulsera, por ejemplo, tengo la hora de Buenos Aires. Esa no la cambio (…)