El creador del disparatado segmento de Duro de domar, en una particular entrevista que se aleja de los lugares comunes para acercarse al perfil de un artista que nunca se soñó como tal.

 

Sebastián Presta está pasando por su mejor momento. Y lejos de que eso sea un golpe de suerte, lo de este muchacho de 40 años es el fruto de un largo trabajo y de una búsqueda que fue más allá de lo profesional. Es el protagonista, productor y director de Préstico, el segmento de humor más polémico, transgresor, inteligente y divertido de la TV, que sale al aire todos los lunes en Duro de domar. 

 

 

Además, este año debuta en cine y tiene propuestas para hacer radio y teatro. Un proyecto a mediano plazo, confiesa, es escribir su unipersonal. Dice llevarse bien con su pelada, su sello, y confiesa que su imagen le importa, por eso se entrena dos veces por semana y se cuida en las comidas, pero, aclara, por el colesterol alto. También incursiona en el terreno de la metafísica y las terapias alternativas y hasta se atreve a revelar que, para él, el ser humano no es de este planeta. Invirtió todos sus ahorros en un terreno cerca de San Martín de los Andes. No tiene novia y, como parte de su crecimiento personal, dice que ya no se enamora tan fácilmente ni pretende hacer encajar a nadie en un modelo predeterminado.

 

 

–¿Cuándo surgió la necesidad de ser actor?

 

 

–Nunca. Cuando terminé el secundario empecé a trabajar en una fiambrería. Mi papá también tenía una despensa a la que iban todos; mi viejo era muy divertido con la gente. Con nosotros era muy callado pero con los clientes era genial, de hecho la gente iba a hablar con él, era como una especie de sanador con su humor y con su charla. No en casa. Yo en la fiambrería la pasaba bastante como el ojete, ahí empecé a estudiar batería, trabajaba para pagarme las clases, no veía el futuro. Después arranqué con Martín Salazar, de Los Macocos, y ahí empezó mi carrera artística, pero nunca decidí: “Me voy a dedicar a la actuación”. Nunca confié en mí. Recién este año me veo más plantado.

 

 

–¿Pero cómo llega el teatro a tu vida?

 

 

–En casa no se hablaba de música, no se hablaba de teatro, era cero artística mi familia. Y conocí a la familia Pérez Alarcón, que eran todos artistas, los padres de mi amigo Caqui, y la tía Chichi fue la que nos llevó a ver obras de teatro. Lo primero que recuerdo fue ver a Los Macocos, hacían teatro y música, y ahí se sembró el teatro en mí, con esa familia. Y fue genial, me llevaron a ver La tempestad en el San Martín, esa familia me acercó al teatro (…)