Se estrenó la tercera temporada de House of Cards, el exitazo que ayudó a Netflix a consolidarse como vehículo de contenido televisivo, y su protagonista volvió a estar en boca de todos. Ganador de dos Oscars y radicado en Londres como productor creativo de teatro, en esta entrevista exclusiva aclara que no juzga a sus personajes y reflexiona sobre la enigmática relación entre la pareja que atrapa a los televidentes: Frank y Claire Underwood.

Ahora que la política se ha convertido en un concurso de popularidad, donde los dirigentes son atractivos productos creados por el marketing del color correspondiente, surge la serie House of Cards para explicar que la ética y los sentimientos son obstáculos considerados inferiores entre los gobernantes o aspirantes a serlo. El desprecio, la subversión y la manipulación son ejes centrales que los personajes (políticos, periodistas, ejecutivos) aplican sin ningún pudor.

En la tercera temporada, el ambicioso matrimonio Underwood (interpretado por Kevin Spacey y Robin Wright) ha conseguido finalmente la presidencia de los Estados Unidos. La nueva entrega comienza seis meses después de la subida al trono oval de Underwood, y su gran enemiga será, precisamente, la primera dama, su esposa Claire, decidida a llevar a cabo sus planes aunque a su marido le cueste renunciar a la administración pública. La batalla entre ambos promete ser titánica y por mucho que el apetito de Frank sea insaciable, no sabremos hasta el final si será capaz de acabar con su adorada esposa.

–Frank lo ha conseguido todo. ¿Cumplió con su ambición?

–No. La historia de cualquier político real te dice que muchas veces no lograron lo que se proponían, ya sea en términos de su legado, de conseguir cambios drásticos e importantes en las leyes o en la sociedad. Por ejemplo, Lyndon Johnson siempre fue visto como alguien muy ambicioso, implacable, que desde sus inicios como congresista nunca perdió de vista su objetivo. Cuando se convirtió en presidente, de un modo trágico, de repente se quedó sin objetivos por cumplir, y se dedicó entonces a perseguir objetivos que quizás nunca había pensado que podía lograr. Se dio cuenta de que la presidencia le daba la oportunidad de hacer cosas que no podía hacer desde ningún otro cargo. Aprobó tres leyes sobre derechos civiles en una presidencia muy corta, después de haber votado repetidamente en contra como congresista. Así que no creo que la ambición de nadie pueda ser reducida al deseo de alcanzar el poder sólo por el poder.

–El título de la serie pone de manifiesto que la política es un juego. ¿Le gusta el juego?

–Creo que la carrera de actor es un juego, una gran apuesta en la que puedes ganar o perderlo todo. Soy un gran filósofo y creo que la vida es un juego (…)