La actriz de cine y teatro que brilló en tiras como Farsantes, hoy coprotagoniza una película con Julio Chávez. Y, aunque no haga alarde de esto, está de novia hace años con Rodrigo De la Serna. Fobias e inquietudes de una chica low profile.  

 

¿Toda esta gente vino por mí?”, pregunta cuando ve llegar a la productora, el peinador y toda la troupe que la asesorará al momento de hacer las fotos. Es una sorpresa sincera –aunque cómo saberlo con lo buena actriz que es, ¿no?– porque se encuentra en una situación que no le es habitual. Pilar Gamboa respira teatro independiente, donde todo es a pulmón y el iluminador hace las veces de boletero y los actores de vestuaristas. Lo pregunta la misma chica que arruinaba los planos en la tira Los Únicos porque no sabía dónde tenía que pararse en relación a la cámara, y que no acepta anteojos de canje simplemente porque la continuidad laboral le permite pagárselos.

 

 

–Tu última película, El incendio, ya se vio en el Bafici antes de su estreno comercial. ¿Te fuiste a ver?

 

 

–Sí, aunque en general no me gusta verme. Porque, claro, una cosa es cuando uno la filma y otra cosa es cuando uno la ve. Yo soy más de teatro, ¿viste? Entonces no sabía que la cámara la tenía acá (hace un gesto como de tenerla pegada a la cara). Yo no chequeaba la escena. Si Juan (Schnitman, el director) decía que estaba hecha, estaba hecha. Claro, cuando la vi por primera vez fue catastrófico (risas). En el Bafici, cuando la volví a ver, la pasé mejor. Igual no es una película para pasarla bien.

 

 

–Con tanto teatro y cine encima, ¿sentís que la actuación en tele es más chata?

 

 

–No, no diría que hay menos actuación. Me parece que el objetivo del actor en la tele es condensar todo lo que tiene para dar en poco tiempo, lo que no significa que no lo dé. Después hay mejores y peores actuaciones en todos lados. Pero es interesante la tele, es como ir al gimnasio, un ejercicio tremendo.

 

 

–¿Te sentís más expuesta en el teatro, o estás como en casa?

 

 

–No, no me siento más expuesta en el teatro, sobre todo porque yo no tengo la posibilidad de verme a mí misma. Lo que pasa ahí es puro presente (…)