Youtube se instala como el después de la televisión, y este español de 25 años es su héroe en habla hispana. En su paso por Buenos Aires hizo delirar a una multitud de jóvenes y despistó a otros tantos adultos que intentan comprender el fenómeno. 

Un chico de veintitantos se encierra en su cuarto  a jugar con sus gadgets. Prueba, se equivoca, comparte su boludeo cotidiano con amigos cotidianos. Se filma, se graba, hace estupideces. Un día se le ocurre ver cuánto aguanta sin reírse. Se llena la boca de agua y le pide a Mangel, un amigo, un partícipe necesario, que le ponga videos graciosos a ver si consigue no escupirla. No, no puede. Escupe todo. Se ríe. Se graba, se filma. Otro día entrena a un Pokemon en un juego de consola . Lo entrena hasta el hartazgo, se pasa semanas enteras convirtiéndolo en un invencible guerrero pokemon.

Después lo pone a competir, en modo automático, contra otros luchadores que son manejados por amigos. Titula el experimento: La batalla de Pokemon contra los humanos. A nadie le importa quién gana. Lo único importante en esta tarde de amigos cagados de risa es que todo: se filma, se graba. Rubén Doblas Gundersen tiene 25 años, nació en Málaga, la vida de sus padres lo llevó a crecer en Noruega y ahora vive en Madrid, donde hace nada: es decir, youtubea, del infinitivo youtubear, cuya conjugación del presente en modo indicativo es: yo youtubeo, tú youtubeas. Rubén es un chaval que se divierte y no para de reírse como si estuviera todo el tiempo diciéndonos, diciéndose: vale reírse de la nada misma; vale pasar bien el rato; vale, a los 20 años, vivir así. Eso luego se convierte en una pieza de video que Rubén Doblas Gundersen edita cuidadosamente y que luego Rubén Doblas Gundersen sube a su canal de YouTube. Rubén Doblas Gundersen es El Rubius, y su canal, cuando este texto fue encargado, tenía diez millones de suscriptores. A hora, mientras este texto es escrito, ya perforó el techo de los once. Mañana, pasado, cuando este texto sea publicado, no sabemos cuántos tendrá (…)