De Elvis Presley a Axl Rose, desde que el rock existe los más grandes cantantes han tenido a su diestra a los mejores guitarristas. Para ellos, este merecido homenaje a través del hombre cuya pedalera espacial hizo que David Bowie sonara diferente a todos.

 

 

Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. No sé. Lo que sí sé es que detrás de todo rockstar, detrás de todo gran cantante de rock, o al costado cuando menos, hay un gran guitarrista.

 

 

Desde los comienzos de la aventura rocker de la última mitad del siglo pasado hasta nuestros días tan televisados, viralizados y lollapalizados, siempre detrás de una gran estrella hay un gran guitarrista. Obviamente, a veces ese gran guitarrista puede ser reemplazado por una eficiente oficina de marketing de algún sello editor de música, pero esa es otra ventana.

 

 

Volviendo al comienzo, desde que el rock existe, existen las grandes figuras, los que marcan el camino, los que alumbran el backstage, los que entienden todo, digamos. El primero fue Elvis Presley, que tuvo a su diestra al genial guitarrista Scooty Moore, dueno de un veloz rasgueo que hizo de la música de Elvis un compendio de todo lo que puede hacerse en una canción de rock ‘n’ roll.

 

 

Gene Vincent, el genial Gene Vincent, que fue el primero en vestirse de cuero, fue también el primer rengo del rock merced a un accidente de moto terrible. Dicen que era él quien iba atrás en la moto de Eddie Cochran cuando se pegó el palo mortal. Bueno, si a todo eso sumamos que Vincent tenía a Cliff Gallup como guitarrista entendemos cómo más temprano que tarde se convirtió en ídolo. Cliff Gallup era tan grande que el mismísimo Jeff Beck le hizo un disco tributándolo junto a los Latin Playboys.

 

 

Siempre fue así: los más grandes cantantes tienen un gran guitarrista. Billy Idol tenía en su gran momento a Steve Stevens, que después termino con Michael Jackson; igual que Slash, quien, después de allanarle el camino a Axl Rose, terminó con el munecote gris de gira. Sin Stevens ni Slash se nos dificultaría ubicar al bueno de Billy Idol o a Axl Rose en nuestro archivo personal. En fin.

 

 

Vaya esto a manera de preámbulo para por fin ocuparnos de nuestro sujeto de hoy: Mick Ronson, Ronno Ronson, el guitarrista que siempre está en la foto con Bowie cuando hablamos de los gloriosos tiempos del glam rock original. Mick Ronson fue el guitarrista de los Spiders from Mars, la legendaria banda que acompañara al duque blanco desde su segundo disco. Es decir, la banda que hizo a Bowie diferente a todos. Ronno fue el socio perfecto para la materialización de Space Oddity, The Man Who Sold the World, Hunky Dory, The Rise and Falls Of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, Aladdin Sane, Pin Ups y Diamond Dogs. Díganme si alguien que participó en todos esos discos no merece el cielo, cuando menos.

 

 

Ronno Ronson también fue el main man nada menos que en Transformer de Lou Reed, donde no sólo produjo el disco junto a Bowie sino que tocó la guitarra en la mayoría de los temas. Por ejemplo, Mick es el guitarrista de Lou Reed en “Walk on the Wild Side”, en “Vicious” y en “Perfect Day”. Y ahora díganme si un tipo que produjo Transformer de Lou Reed no merece un vip en el Cielo. 

 

Mick Ronson fue un trabajador incansable, ya desde su hogar mormón en Hull, una ciudad costera a 300 kilómetros de Londres fundada en el 1200, donde la pesca con sus derivados industriales era el camino para la mayoría de los jóvenes lugareños. Pero Mick era algo diferente al resto, Mick quería ser guitarrista de rock.

 

 

Así que después de probar formando un par de bandas con algunos chicos de la vecindad, logra cierto éxito local con The Crestas, pero viendo que Hull resultaba pequeña para sus ansias, a los 19 encara para Londres, y ahí sí. En Londres se acopla a The Rats, un grupo que pasa totalmente inadvertido en esos años psicodélicos pero donde conoce al baterista Mick Woodmansey. La batallan un par de años hasta que el ojo veloz de Tony Visconti les presta atención y son convocados para tocar en Tumbleweed Connection, el tercer disco de Elton John. Si bien sus participaciones terminan siendo descartadas en la edición final del disco, ya estaban en la partida.

 

 

Deprimido por el fracaso de The Rats y su fallido toque en el disco de Elton, Ronno se vuelve a Hull, pero no había terminado de desarmar la valija cuando otra vez suena el teléfono con Tony Visconti del otro lado, que le comenta de un pibe nuevo bastante extravagante llamado David Bowie que andaba necesitando una banda de apoyo.

 

 

Era 1970, el sueño hippie acababa de terminar y el mundo se debatía entre Creedence y Tom Jones. Se necesitaba glamour en la música, que se achataba considerablemente, sobre todo con el final de los Beatles y las muertes de Morrison, Brian Jones y Hendrix. La juventud empezaba a morir del embole, hasta que Mick Ronson y David Bowie se dieron la mano por primera vez en la primera semana de febrero. Se conocieron el 2 de febrero, y el 5 ya estaban tocando en la BBC como The Hype. Fue ahí mismo, en el programa de John Peel, donde Tony Visconti les dijo que estaba todo fenómeno pero así vestidos no pasaban de Londres.

 

 

Así que en una semana ya estaban en calzas, cubiertos de lentejuelas, con botas con plataformas, peinados de peluquería, teñidos y maquillados como puertas. Llaman a Woodmansey para que se ocupe de la batería y con Tony Visconti al bajo comienzan a girar el 22 de febrero. Se abocan a la grabación de Space Oddity y nacen oficialmente los Spiders from Mars. Visconti los deja para dedicarse a Marc Bolan, toma su lugar Trevor Boulder y para los tiempos de Ziggy Stardust hacen debutar a un regordete rubio que les había recomendado Visconti en los teclados llamado Rick Wakeman. Ahí vamos.

 

 

Llegamos a 1975, David decide pegar un volantazo en su carrera y dedicarse al soul, así que se instala en Nueva York, se hace amigo de Luther Vandross y hace Young Americans con Lennon en “Fame”. Mick decide probar suerte con sus viejos amigos Mott the Hoople, a quienes con Bowie les habían dado su primer éxito, “All the Young Dudes”, pero se estaban separando así que con su líder, Ian Hunter, decide también llevar sus chalecos brillantes a Nueva York.

 

 

No sé bien cómo fue, pero hagamos un negro de un par de meses y entonces aparece Ronno en medio de la genial gira Rolling Thunder de Bob Dylan, tocando su guitarra pedalera espacial en una banda que incluía a T-Bone Burnett y Joan Báez que iban en caravanas ofreciendo recitales en pueblos originarios.

 

 

La imagen es esta: el rubio Ronno de botas con plataformas tocando entre cowboys para audiencias cherokees y apaches, intentando filmar eso al re-pedo porque nadie se ocupó de la cámara, excepto Sam Sheppard, que había sido llamado para hacer el script y terminó más colocado que toda la banda junta. (Lean el genial libro escrito en esos días del inoxidable Sam Sheppard y verán que no exagero nada.)

 

 

Después de esa experiencia, Mick vuelve a Inglaterra para ocuparse de su esposa y sus hijos, y casi se diría que fue el reposo del guerrero, enfrascado en los suyos, en el culto de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, colaborando en discos de amigos y produciendo a chicos nuevos como Morrissey y John Mellencamp.

 

 

Cada tanto se juntaba con Bowie para ponerle unas guitarras. Hasta que en abril de 1992, después de tocar con Mott the Hoople en el tributo a Freddie Mercury (recientemente pasado al mundo de los invisibles), Mick Ronson Ronno también apaga la luz y entrega el equipo víctima de un cáncer pancreático fulminante. Dios, no puedo hablar de Ronno muerto. Un beso a todas, buenas noches.

 

 

 

Ronno Ronson es el guitarrista que siempre está en la foto con Bowie cuando hablamos de los gloriosos tiempos del glam rock original.