El mundo se pregunta a gritos sobre sus problemas existenciales y le llueven las respuestas. Algunas son sabias y enriquecedoras, pero otras son pastiches de oportunistas que mezclan las antiguas tradiciones de los chamanes, los astrólogos, los alquimistas y los gurúes orientales. Es necesario tener la mente abierta para descubrir quién es quién.

 

Uno de los aspectos más curiosos de la espiritualidad de la nueva era es la aparición de gurúes que, lejos de la humildad y el bajo perfil, ganan fama y dinero cultivando un protagonismo ególatra para mantenerse bien alto en la cartelera del “estrellato espiritual”. Esta especie es alimentada por una sociedad que, en su búsqueda por resolver sus necesidades interiores, consume compulsivamente todo best seller de autoayuda surgido de la pluma de los afamados líderes del conocimiento. Una de las razones por las que a veces, y muy justificadamente, se acusa a la espiritualidad de superflua y de solipsista es por estos iluminados del saber que se atribuyen autoridad para aconsejar, guiar o inspirar el desarrollo espiritual de una sociedad carente de sistemas de conocimiento que satisfagan su alma.

 

 

Bajo distintas disciplinas, los nuevos sacerdotes de la espiritualidad 4G modernizan las antiguas tradiciones de gurúes, chamanes, alquimistas, curanderos, astrólogos, etcétera, creando un verdadero mix alimentado por un gran discurso seudocientífico armado para atraer al descreído hacia las disciplinas new age que prometen soluciones rápidas, sustentadas con metódicos cursos de activación de la plenitud evolutiva.

 

 

Los guías de la espiritualidad 4G apuntan a capturar famosos como “llamadores de ángeles” que sirvan para atraer a cuanto nuevo discípulo esté dispuesto a sumarse a su rebano. Es así como adquieren un significativo espacio como sustento espiritual en la vida del resto, gracias a que los aconsejan y guían en un eterno peregrinar por teatros, medios gráficos y televisivos. Estos verdaderos “padres de la motivación y la felicidad humana” forjaron un camino hacia nuevos sistemas de creencias que les representan cuantiosos dividendos alcanzados gracias a las ventas de sus CD, DVD, cursos que prometen “cambiar tu vida” y una decena de libros publicados en diferentes idiomas que rápidamente se ubican entre los más vendidos del mundo.

 

 

En una atracción recíproca, los famosos de Hollywood también buscan a los líderes más cool, adentrándose en nuevas versiones de la espiritualidad para alejarse de las religiones que los sermonean por su fama y su dinero. Las flamantes corrientes de la nueva era no los juzgan por su fama ni los reganan por sus riquezas, por el contrario, los nuevos gurúes se asocian a las estrellas de Hollywood porque les suman publicidad y dinero a su negocio, que es el de lucrar con el vacío espiritual de las personas.

 

 

LOS BEATLES, EXPORTADORES DEL ORIENTALISMO

 

 

En la década de 1960 las doctrinas espirituales y las creencias provenientes de Oriente se volvieron moda. Los Beatles fueron grandes difusores de la tendencia, y la meditación trascendental, los mantras, las visitas a los lugares sagrados de la India y la moda colorida sedujeron rápidamente a las celebridades. Pasaron varias décadas y la revolución espiritual inaugurada por los cuatro de Liverpool continúa abriendo las puertas del cielo: las estrellas de la pantalla y de la música siguen adoptando a gurúes como managers de lo etérico.

 

 

Pero los roles de importación de tendencias se invirtieron y los maestros de las doctrinas orientales se occidentalizaron y adoptaron los usos del capitalismo. Entre los más trendy encontramos a Deepak Chopra, con recetas para el alma a precios prohibitivos, con presentaciones tarifadas en 25 mil dólares. Verdaderos astros, como Richard Gere, confeso budista, y Tom Cruise (orientado a la cienciología creada por Ron Hubbard) son ejemplos válidos de cómo los famosos sirven para afiliar adeptos a los distintos sistemas de ideas.

 

 

El hecho es que todo el mundo del crecimiento personal y de la expansión de la conciencia se basa en conceptos de autoayuda que, a pesar de tener fundamentos válidos, surgen cíclicamente con dinámicas propias del mundillo de la moda. Como si se tratase de tendencias impuestas por maestros del marketing mundial, aparecen métodos que luego desaparecen tras alcanzar millonarias ganancias.

 

 

POR UNA ESPIRITUALIDAD MÁS HUMILDE

 

 

Los famosos de la espiritualidad no hacen ninguna apelación a la necesidad de afianzar nuestras responsabilidades con la vida en un planeta en peligro ecológico. Es mucho más fácil oír proclamas a deidades que nadie sabe si existen que descubrir grupos espirituales guiados por maestros que salen en defensa del indigente que duerme tirado en unos cartones en la calle, de árboles o de animales en peligro de extinción. No se puede generalizar, pero es más fácil encontrarnos con grandiosas iniciativas espirituales enfocadas en objetivos trascendentales y cósmicos que las que apuntan a cosas sencillas, accesibles a nuestra realidad diaria y que se requieren si queremos seguir sustentando un planeta amigable a la vida de todas las especies.

 

 

Las nuevas estrellas del ego espiritual, antes que ensenar cómo escuchar los lamentos de la naturaleza, ensenan supuestas técnicas para aprender a oír con las antenas de la telepatía, a pretendidos comandantes estelares que prometen acudir con la lista de “elegidos” a ser evacuados cuando la catástrofe planetaria llegue.

 

 

Todo gracias a que soy el discípulo del gran líder que ejerce su rol de nexo entre “ellos” y “nosotros”. Así fue como muchos famosos de Hollywood compraron sus tickets al paraíso y conformaron sectas platillistas cuyas deidades cósmicas nunca se presentaron a reclamar el título de guardianes de la humanidad que la estupidez humana les había adjudicado.

 

 

Lamentablemente, la necesidad de creer ayuda a la creación mental de aquello que se desea sea verdad. La verdadera espiritualidad se basa en la humildad y la liberación, no requiere de muchos de los pretendidos maestros que, utilizando todos los recursos de dependencia existentes, han reunido a miles de personas que sirvieron a los intereses de quienes encontraron en el despertar espiritual un gran camino a la fama y el dinero.

 

 

 

La búsqueda verdadera ha de liberarse de todo dogma y alejarse de los atajos que condicionen su camino personal de evolución. La mistificación de verdades y la orientación de la espiritualidad a los planos de la fama, la trascendencia y el ego desvirtúan el verdadero significado del ser espiritual.