Los griegos adoraban a Feme, la diosa encargada de divulgar los hechos de los hombres. Como no le importaba si lo que contaba era cierto o no, podrá ser la santa patrona de los programas de chimentos de la tele actual.

 

Aunque suene remanida, la idea de que “la fama es puro cuento” no sólo está ligada al concepto de evanescencia y fugacidad, sino al tema de la calidad de los hechos que promociona. Imposible pensar que tenga algo que ver con valoraciones éticas, profundidades filosóficas o certificaciones científicas. La fama, ese limbo inclasificable entre “lo bueno y lo malo”, es un parpadeo, un instante inapresable, una suerte de anguila enjabonada (como decía un viejo amigo tanguero) que se escapa hacia el infinito en el momento preciso en que parece ser atrapada. Desde Borges hasta el oriental Vitette Sellanes, autor del robo del siglo, pasando por la inefable Vicky Xipolitakis (íntegramente rehecha por fuera, que no por dentro), en el circuito áureo de la fama todo es posible. No es de extranar.

 

 

Su origen mitológico avala el fenómeno y sus avatares. En la mitología griega, Feme era la personificación de los rumores, los chismes y la notoriedad. Precisamente su equivalente romana sería la diosa Fama. Se encargaba de divulgar los hechos de los hombres sin importarle si eran ciertos o no, justos o negativos.

 

 

Por este motivo no era bien recibida en las tranquilidades del Cielo, y al no ser tampoco una criatura infernal, habitaba entre las nubes, provocando desórdenes y malentendidos entre los mortales.

 

 

En cierto sentido se la consideraba una mensajera de Zeus, dios de dioses. Era una criatura alada de inaudita rapidez para cumplir su misión. Tenía un ojo detrás de cada pluma –y una lengua por cada ojo–, y repetía sin cesar todo aquello que aprendía. Además, sus ojos nunca se cerraban (en el extremo opuesto de la chica a quien hizo famosa Gardel, el irrepetible), porque a Feme no le afectaba el poder del sueño.

 

 

A pesar de los problemas que causaba en todas las ciudades, era querida por gran parte de la población, porque era la que se encargaba de que los hechos de los héroes fueran conocidos, y de abrir al conocimiento público las grandes gestas y las desgracias de los pueblos, fomentando la comunicación. Por esto era invocada a menudo por aquellos que estaban orgullosos de sus actos, que apelaban a su fama para hacerse notar y distinguirse del resto. Atención: esto explicaría el rating televisivo de los chismosos de turno.

 

 

El culebrón de J. R. con una ex legítima, tironeos feroces por dinerillos, constantes viajes por el mundo con novia joven, .no es fascinante, casi una nueva versión de la Odisea de Ulises? .Eh? Cualquier semejanza con la realidad del siglo XXI será bienvenida. .Ha pensado el lector en las gestas heroicas de Gran Hermano, que se sostiene en la pantalla chica desde principios del ano 2000? .Y en las de Bailando por un sueño, que nos mantiene en vilo con personajes un tanto extravagantes, incluido su conductor, el más famoso rey del tattoo y de la tele? .Y en las de los demás realities que se desarrollan antes nuestros ojos, incluido el choque mortal de dos helicópteros en La Rioja, con participantes de un show de supervivencia de origen noruego-francés? En un instante: producción y muerte, paradoja inenarrable si no fuese real de toda realidad. Y en estas gestas está la fama, senores.

 

 

En la antigüedad, se aludía a Feme como una posible proveedora de inmortalidad al hacer recordar las hazañas de un hombre mucho tiempo después de muerto. Este deseo de permanecer eternamente en las mentes de las generaciones futuras inspiraba a los héroes a arriesgar su vida con tal de adquirir el ansiado reconocimiento. Conocido es el caso de Aquiles, que pudo elegir entre una vida larga y anónima o una corta y gloriosa, y eligió esta última. Sin embargo, tengo una mala noticia: la fama poco tiene que ver con la inmortalidad. Algunas veces coinciden, es cierto. Seguramente Bach, Caravaggio o Einstein, entre otros genios, lo han logrado. El futuro no se presenta demasiado optimista en este sentido, amenazado por el poder absoluto que tendrán las máquinas, los drones, robots, etc., el mundo que pintó a fines del siglo XX el filme Terminator. Según Stephen Hawking, estas máquinas superadoras del poder humano quizás borren todo lo conocido de un deletazo. Nueva pregunta: .pasará a la inmortalidad quizás la bella señorita S. Luna, producto de Gran Hermano, por el episodio de sus glúteos infectados luego de una mala praxis quirúrgica, para aumentarlos?

 

 

ERÓSTRATO SE DIO EL GUSTO

 

 

Cuenta la historia que Eróstrato fue unpastor de Éfeso convertido en incendiario.Un piromaníaco cuyo deseo de serfamoso parece haber coincidido con elconcepto de inmortalidad: la duración infinita de algo en la memoria de los hombres. Fue responsable de la destruccióndel templo de Artemisa (la diosagriega, Diana cazadora para los romanos)en la ciudad donde nació, consideradouna de las siete maravillas delmundo, el 21 de julio del año 356 a. C. Segúnregistra la historia, su único fin fuelograr fama a cualquier precio. Al descubrirsela intención del incendiario, se prohibió bajo pena de muerte el registro del nombre de este para las generaciones futuras. Esto, evidentemente, no bastó para borrar de la historia ni el nombre ni la acción. Lo realizado por Eróstrato y su intención de lograr la fama a cualquier precio han tenido eco en la modernidad.

 

 

En el ambiente académico de la psicología se denomina Complejo de Eróstrato al trastorno según el cual el individuo busca sobresalir, distinguirse, ser el centro de atención. El nombre de Eróstrato ha pasado a las lenguas modernas. De él se acunó el término “erostratismo”, que según el diccionario significa “manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre”. En nuestro país se nos viene a la memoria, de inmediato, el nombre del tristemente célebre Petiso Orejudo, cuyos asesinatos fueron atroces. Y otros actos, no trágicos, pero siempre en el borde de lo patético y lo ridículo como la temblorina perpetua de Nazarena, the best, que pasa del llanto incontenible de viuda al Caribe con novio nuevo de una.

 

 

Sin pausa y con prisa.

 

 

En 1896, en un relato sobre Eróstrato, Marcel Schwob escribía: “No alegó más causa a su acción que la pasión por la gloria y la alegría de oír su nombre”. Jean- Paul Sartre, por su parte, escribió un cuento corto titulado “Erostratus”, que forma parte de El muro (1939). En la historia, un hombre planea cometer crímenes violentos al azar para ser “alguien”. Al igual que la señora X, que postea su foto en Facebook contando que está tomando café con leche, o una selfie mostrando su receta de mondongo con el mondongo al aire. Y después está el tuiteo. Que te retuiteo y te recontra. En fin. Chismes, crímenes y divertimentos: señores, he aquí la fama. “La influencia del periodismo en la civilización del espectáculo se revela en ese periodismo que busca entretener informando, de modo que la prensa que conquista grandes públicos no es la seria y rigurosa, sino la que se ocupa del chisme, de la vida privada y de la catástrofe”. No lo digo yo. Lo dice Mario Vargas Llosa. Que tire la primera piedra quien nunca pecó. Telón y plausos, con risas.

 

 

Es que la gola se va/ y la fama es puro cuento/ y andando mal y sin vento/ todo, todo se acabo… (Mi vieja viola, de Humberto Correa).