La vida construida en torno al sistema monetario lleva indefectiblemente a la mayor falacia contemporánea: sólo el dinero podrá protegernos.

 

 

La necesidad de obtener dinero para afrontar una vida en sociedad, conforma una de las prioridades en nuestra vida actual. Todo el sistema vigente se construye en derredor del sistema monetario, algo que nos obliga a tener que enfrentar una vida en la que ante los ojos de la sociedad, se “gana” si tenés acceso al dinero y se “pierde” si no se lo posee. “Sin dinero estás desprotegido” es una realidad manifiesta y esta regla comienza a aplicarse cuando se experimenta que sin acceso al poder adquisitivo, es muy difícil acceder a una vivienda, el más preciado tesoro para el hombre sedentario en el que su seguridad comienza por el techo propio. Sin oficio no hay beneficio. El principal problema es que el sistema que salió vencedor desde la implementación de la globalización, es el capitalismo. Un sistema social y económico que ha convertido a los ciudadanos del mundo en súbditos de un paradigma inverso en el que el ser humano se encuentra al servicio del sostenimiento de un poder que controla los destinos y estabilidad de los países. Este verdadero monopolio sistémico ha sido el caldo de cultivo para el crecimiento de la desigualdad, la corrupción moral, la corporatividad, formas de inmoralidad, el aumento desmedido de la riqueza en manos de pocos y la marginalidad de muchos. Para cambiar el presente estado de desigualdad del reparto de la riqueza es necesario remitirnos al propio ser humano como unidad básica del sistema.

 

 

El capitalismo ha convertido al oficio en una necesidad. En la vida de un ser humano el oficio debería ser el poder materializar y manifestar nuestros dones como hacedores de realidades. Es lo que vinimos a hacer en este mundo. Cada ser humano posee un don fundamental como reflejo a imagen y semejanza del creador, que radica en el poder materializar en esta Tierra, la capacidad de hacer posible aquello que soñamos. Todo oficio nace del sueño de poder lograr ser, aquello que de niños nos propusimos ser. Pero eso surge de nuestro propio desarrollo como personas y debe sustraerse del mandato tácito de la necesidad sistémica de “hacer dinero al precio que sea”, por sobre nuestra propia capacidad de materializar. Si el dinero no fuera el motivo principal de la existencia en sociedad, todos podríamos desarrollar el oficio de alma, aquel que nos permite la plenitud interior. El mundo material tiene su causa en lo inmaterial.

 

 

Todo lo creado alguna vez existió en la mente de un creador. El oficio fundamental del ser humano es el manifestar cosas desde su propia esencia creativa. Si el dinero volviese a lo que fue en un origen, una forma de intercambio, nadie podría hacerse poderoso por lo que posee, más allá de lo que es capaz de materializar mediante su oficio. Para lograr este cambio, una forma para conseguirlo sería “espiritualizar el dinero”, quitarle el valor que le han otorgado los que promueven el poder desde el sistema monetario.

 

 

CUANDO “GANAR” ES “PERDER”

 

 

Por la codicia que se ha implantado en este plano de tercera dimensión, se llega a someter al semejante y hasta se llega a matar para obtener el dinero que requiere satisfacer la codicia del poder. Es también por culpa de esta misma codicia que muchas personas, en varias naciones del planeta, viven por debajo de la línea de la pobreza. La corrupción en esencia, no es una cuestión de dinero ni de riqueza, sino de pobreza interior. Los que acceden al poder, ya sean gobernantes, empresarios o hábiles comerciantes, en muchos casos se enriquecen gracias al empobrecimiento de otros. Evolutivamente eso es perder la riqueza espiritual y ser un corrupto de alma lo que evidencia el nivel moral que muchos seres sostienen en su interior por propia elección. Hay una riqueza y una prosperidad interior que no depende de cuánto dinero ganás, sino de la forma en que la que lo obtenés; ya que las formas hablan de tu decencia y de tu evolución.

 

 

En muchos aspectos el capitalismo “descapitaliza” tu riqueza evolutiva y es en términos evolutivos cuando “ganar” dinero representa “perder” en tu logro espiritual. Sin llegar a ser un “corrupto espiritual”, muchas personas de bien, por la obligación sistémica de verse acorralados a ir en busca del sustento personal y el de su familia, deben traicionar sus propios ideales y hasta llegan a tener que abandonar el oficio que eligieron de alma. Son muchas las personas que se ven obligadas a buscar hacer dinero mediante trabajos que no les agradan ni les complacen y que nos los hacen crecer como personas y lo que es peor, no ayudan a hacer crecer al mundo para convertirlo en un planeta más evolucionado.

 

 

ESPIRITUALIZAR EL DINERO

 

 

La evolución te ha traído a esta Tierra para que evoluciones mediante el hacer evolucionar al planeta. Pero la principal trampa radica en que está impuesta la idea que la evolución dentro del sistema, es lo principal para lograr un buen vivir. Así bajo estas normas, traicionamos nuestra verdadera misión evolutiva. Cuanto menos nos traicionemos a nosotros mismos, menos traición le haremos a la evolución del planeta. Cuán corrupta o no puede ser nuestra relación con el dinero, depende de nuestra escala de prioridades frente a la evolución. La relación de las personas con el dinero no suele ser “espiritualmente” la correcta, porque desde pequeños se nos enseña que tener dinero representa el logro, además de ser la fuente de la felicidad y el bienestar. El dinero así, se hizo presente en cada etapa de nuestra vida y ahora dependemos tanto de él que somos sus esclavos. Esta relación con el dinero nos llevó por caminos evolutivos forzados por la obligación. Tal vez sea la hora de cambiar nuestra relación con él. Seguramente no podremos cambiar las reglas del juego, pero sí la forma en que participamos de este. El dinero tiene su importancia: es vital para muchos aspectos que hacen a nuestraevolución, pero resulta que no hemos dedicado tiempo para aprender cómo cambiar las reglas impuestas por nuestras propias reglas. El problema es que hemos divorciado la espiritualidad del dinero y debemos reconciliarlos aprendiendo a cambiar los valores en los objetivos que perseguimos para conseguirlo.

 

 

A menudo escuchamos términos, como “negocios rentables”, “profesiones rentables”, “intereses financieros”, etcétera. ¿Pero dónde queda la “rentabilidad espiritual”, la “rentabilidad evolutiva” y los “intereses personales”? ¿Dónde ha quedado la verdadera vocación, el oficio que nos da felicidad, la pasión laboral, la felicidad y riqueza interior? ¿Por qué hacemos todo por “ganar más” y no equilibrar ganancias entre lo material y lo espiritual? Trabajar sólo por dinero es pobreza y la mayoría de las personas trabajan en ocupaciones que no disfrutan y que no les hacen ganar felicidad.

 

 

 

La única prosperidad es la que se siente cuando uno desea pasar el tiempo trabajando tanto como pasarlo con su familia; pero no por obligación de hacerlo,sino por la satisfacción de sentirlo. Justificar el trabajo con el “necesito dinero” nos empobrece espiritualmente. La gran distancia que existe entre obligación y elección hace la diferencia. Donde está la pasión, tu oficio realizado con satisfacción, evolución personal y la del planeta, está tu fortuna. Nuestra relación con el dinero mejora cuando mejora la forma en que lo conseguimos. Aceptar ganar menos dinero en muchos casos es “mayor fortuna” y el dinero mejor invertido es el que invertimos en obtenerlo mediante el hacer lo que nos satisface. El dinero ayuda a darte seguridad y la felicidad la lográs de la forma en la que lo obtenés. Cuando logres espiritualizar el dinero, habrás dado el más importante paso para reconciliar desde la materia tu búsqueda espiritual.

 

 

Hay una riqueza y una prosperidad interior que no dependen de cuánto dinero ganes, sino de la forma en que lo obtengas; ya que las formas hablan de tu decencia y de tu evolución.